José Luis Machinea: "Nunca estuve convencido de la Convertibilidad"

A los 66 años, está alejado de los primeros planos de la política y se dedica a la consultoría y la docencia universitaria
A los 66 años, está alejado de los primeros planos de la política y se dedica a la consultoría y la docencia universitaria Fuente: LA NACION - Crédito: Matías Aimar
El ex ministro de Economía de la gestión de Fernando de la Rúa analiza el cepo al dólar y la inflación; "La política económica de hoy no surte efecto porque no hay un programa antiinflacionario", apunta
Adrián Sack
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13 de noviembre de 2013  • 04:45

El de José Luis Machinea es uno de los nombres emergentes de un tumultuoso momento de la historia económica argentina que, no por recordado, muchos tratan de olvidar. El ex ministro que había sido elegido para darle forma, en diciembre de 1999, al proyecto titánico de salir de la recesión heredada por el entonces flamante gobierno de la Alianza -sin abandonar la también heredada Ley de Convertibilidad- en la actualidad solo sale a flote en el imaginario colectivo gracias a una medida suya que quedó adherida a su apellido casi como una rémora de aquellos años aciagos. La "Tablita de Machinea", aquel esquema que disponía que la reducción de las desgravaciones impositivas en la medida en que aumentaba el nivel de ingreso del contribuyente, fue una de las decisiones más notorias y polémicas del entonces funcionario estrella del ex presidente Fernando de la Rúa.

Pero hoy, a los 66 años, ya alejado de los primeros planos de la política y enteramente dedicado a la consultoría y la docencia universitaria, el primer ministro de Economía argentino del siglo XXI busca restarle importancia a aquel invento que pasó a engrosar el inquietante folclore de la historia económica argentina.

Sobresale una inflación alta para los estándares de los últimos 20 años

Machinea se refirió varias veces al actual gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en la extensa entrevista que ofreció a LA NACION en su oficina del microcentro porteño.

Sin renegar en absoluto de su decisión de aceptar el ministerio de Economía en un país que ya se encontraba al borde del abismo ("aunque no me gustaría volver a ocupar ese lugar de nuevo", aclara) el ex titular de Hacienda tampoco escatima observaciones, diagnósticos ni consejos para la actual conducción económica.

-¿Cómo es su "fotografía" de la situación macroeconómica de la Argentina de hoy?

-En primer lugar, sobresale una inflación alta para los estándares de los últimos 20 años, que se combina con un gran déficit en infraestructura, y sobre todo en energía, transporte y comunicaciones, a tal punto que la competitividad se ve afectada. Pero lo más relevante de todo es la restricción externa, que está vinculada justamente a esa falta de competitividad y a la restricción del crédito.

-¿Por qué falta competitividad en la Argentina de hoy?

-Se debe, en parte, a que el Gobierno fue retrasando el tipo de cambio, hasta producir, en algunos casos extremos, incluso situaciones de quiebra en las economías regionales. Y, otro lado, el país también padece la falta de acceso al crédito. Yo no digo que se endeuden mucho o poco, pero otros países de América latina crecieron y se están endeudando. La Argentina, en cambio, eligió suavizar la restricción externa imponiendo, a la vez, restricciones muy fuertes en el mercado cambiario.

El país ayer y hoy

-¿En qué se parece y en qué se diferencia la salud de la economía argentina de hoy con aquella de la que usted fue ministro? ¿Hay algún aspecto en el que usted considera que estábamos mejor entonces que ahora?

-La gran diferencia está en el frente externo: la (tonelada de) soja valía 160 dólares en el año 2000, y ahora 500. Y, por otro lado, la tasa de interés en esa época estaba en el 6,5%, y hoy vale 0. Es decir que, desde el punto de vista de la liquidez internacional, como del precio de las commodities, la situación era bastante distinta. En el frente interno, en tanto, hoy contamos con la ventaja de tener un tipo de cambio flotante, aunque el Gobierno, en todo caso, no lo ha aprovechado bien. Nosotros, en cambio, teníamos el problema de la convertibilidad, es decir, de la falta de flexibilidad para hacer frente a los problemas del frente externo...

-¿Nada era mejor en ese entonces?

-Sí. El lado positivo estaba en que teníamos mucha menos inflación, y también que en esa época contábamos con un sistema financiero más desarrollado que el actual... en dólares, pero más desarrollado. Y, por supuesto, también estábamos mejor en materia de infraestructura: nuestros problemas pasaban por la discusión entre el Gobierno y las empresas por los contratos, dado que estaban indexados en dólares, y nosotros buscábamos suprimir esa indexación. Pero no estábamos, como ahora, peleando para poder salir de la crisis energética.

-¿Nuestra economía nacional es hoy más o menos dependiente del exterior que en la época en la que le tocó estar a cargo del Ministerio de Economía?

-Somos menos dependientes hoy. Nuestra dependencia se basa más, por estos días, en el precio internacional de las commodities, eso sí… pero en 2000 necesitábamos reunir 20.000 millones de dólares para financiar los vencimientos de la deuda y el déficit, y había que salir a buscarlos. Hoy dependemos menos de las tasas de interés, pero más de las commodities.

El ex ministro de Economía dice que nunca lo convenció la Convertibilidad
El ex ministro de Economía dice que nunca lo convenció la Convertibilidad Fuente: LA NACION - Crédito: Matías Aimar

El problema de la inflación

-¿Qué medidas debería tomar el Gobierno para solucionar los problemas actuales de la economía, comenzando por la inflación? ¿Por qué no surte efecto, en ese sentido, la actual política económica?

-La actual política económica no surte efecto porque no hay un programa antiinflacionario. Lo que tenemos son agregados nominales que crecen un 30-35% del gasto público, y los salarios también, sobre todo en el pasado reciente, tuvieron un fuerte incremento. En ese escenario económico no quedaba en claro cuál era el ancla que trataba de controlar la inflación. Hubo, sí, una política antiinflacionaria que, a costa del atraso de los precios relativos, buscó frenar la inflación: no ajustamos las tarifas, no ajustamos el tipo de cambio... pero igualmente terminamos con un 25% de inflación y, sobre todo, con una distorsión muy grande de los precios relativos. Es decir: hay que aplicar un programa antiinflacionario, pero para eso, ante todo, hay que reconocer cuál es la inflación real. Con una inflación del 25%, lo que hay que hacer es un programa que la combata en forma gradual, bajándola primero al 18%, luego al 12%, y después aún más, hasta que deje de afectar a la economía.

El dólar

-¿Considera al "cepo cambiario" como una herramienta válida para evitar la fuga de divisas? ¿Qué haría usted con esa medida en particular si hoy volviera a ser ministro de Economía?

-Nosotros llegamos a una restricción externa porque no hicimos lo que había que hacer antes. Ellos consiguieron que el crédito estuviera disponible y a tasas muy bajas, por lo que pudieron financiar parte de su déficit de cuenta corriente. Nosotros, en cambio, restringimos las importaciones y las operaciones cambiarias y eso no es fácil de sacar de un día para el otro, porque equivaldría a generar de golpe un déficit de 3 puntos del producto. Por eso, lo primero que hay que hacer es recuperar el acceso al crédito, y recuperar así la confianza. Después sí se puede sacar el cepo, porque si no, el dólar se dispararía…

Nosotros, en cambio, teníamos el problema de la convertibilidad, es decir, de la falta de flexibilidad para hacer frente a los problemas del frente externo

-¿El dólar está atrasado o adelantado hoy por hoy?

-Algunos colegas sostienen que habría que devaluar un 30 o un 40% el peso, pero a mí me parece una exageración, incluso ponerle un número a este atraso. Aunque parecería que está más cerca de un 20%...

-¿La cotización del dólar paralelo representa, para usted, la cotización "verdadera" de esa divisa?

-Para mí es una cotización exagerada. El mercado paralelo es muy pequeño, de modo que cuando las expectativas cambian, las alteraciones que sufre su valor son muy bruscas. Eso sí: es un termómetro, que evidencia que hay problemas de confianza en el sector cambiario, pero no por eso diría que el nivel del paralelo refleja el tipo de cambio real.

La crisis de 2001

Machinea, junto a Fernando de la Rúa, en los comienzos del gobierno de la Alianza
Machinea, junto a Fernando de la Rúa, en los comienzos del gobierno de la Alianza Fuente: Archivo

-La opinión dominante de los analistas económicos sostiene que la Convertibilidad –y, especialmente, la decisión del gobierno de la Alianza de mantener la paridad peso-dólar más allá del período menemista- fue, por lejos, la principal causa de la debacle de 2001. ¿Esto es correcto o es insuficiente para explicar lo que pasó entonces?

-A mí me gustaría preguntarle a todos los que opinaban eso, qué pensaban en 1999. No había ninguno que quisiera salir de la Convertibilidad. Suele decirse que el problema "fue de la Alianza", pero en realidad, ¿no fue del menemismo? ¿ quién dejó el problema? ¿quién impuso la Convertibilidad y, al mismo tiempo, aumentó el gasto público 100% en dólares? ¿Quién debió salir de la Convertibilidad y no salió a tiempo, para dejarle el paquete al gobierno que venía? ¿No fue de Menem ese problema? La responsabilidad fue, en todo caso, compartida, pero no fue un problema exclusivo de la Alianza. Y si no salimos, ni devaluamos, como Brasil en su momento lo hizo, fue porque teníamos todos los contratos dolarizados, y no en moneda local. Hubiese sido un lío en cualquier caso, un shock económico, político y social de proporciones, tal como luego sucedió en 2002.

-Dentro de la Alianza, ¿todos estaban de acuerdo con mantener la Convertibilidad? ¿Nadie vio venir lo que pasaría?

-Y... a Raúl Alfonsín no le gustaba mucho lo de seguir con el 1 a 1. Pero el resto estuvo de acuerdo

- -Sin embargo, hoy la Convertibilidad es mala palabra…

-Por eso insisto en que la heredamos. No es que a mí me parezca un sistema fantástico: es demasiado rígido para un país y un mundo que sufre muchos shocks gracias a que cambian los flujos de capitales. Nosotros debimos dejarlo porque la pregunta no era si había que implantarla o no, sino que si se debía salir o no de ella, lo que, como dije, no era nada fácil. Una cosa es que a uno le parezca que el sistema es malo, y otra, una vez que uno está metido ahí y tiene todos los contratos en dólares, es salir de ahí. Yo nunca estuve convencido de la convertibilidad… simplemente me tocó heredarla, y lidiar con ella.

-¿Cuáles fueron los aciertos de esta década kirchnerista en materia económica?

-Desde el lado positivo, el país tiene una deuda externa muy baja, y una deuda pública también bastante reducida hoy día: es un escenario de poco endeudamiento, tanto en el sector público como en el privado. Y eso es un activo, no para estar poco endeudado toda la vida, pero no por eso deja de serlo.

También, por supuesto, fue positiva la reestructuración de la deuda: después de la crisis, había que hacerla, y se hizo bien, en conjunto con otro gran logro, que fue el equilibrio fiscal conseguido en los primeros tiempos, más allá de que luego se fue perdiendo. En el haber del gobierno kirchnerista también se puede destacar los programas sociales, tanto los de emergencia como los estructurales, donde aparece el de Asignación Universal por Hijo.

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