
La bancarización forzada y las restricciones del corralito hicieron de 2002, el año del plástico
Hay más de 14 millones de tarjetas de débito que se utilizan para realizar compras por un promedio mensual de $ 330 millones
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Durante cinco años fueron desconocidas para la mayoría de los argentinos, sólo unos pocos las tenían y muchos menos las usaban. Pero por obra y gracia del corralito financiero que se cerró en diciembre de 2001 las tarjetas de débito se hicieron un lugar en los hábitos de consumo y en las billeteras.
Así, los nuevos plásticos que comenzaron a utilizarse a desgano se transformaron en un negocio que hoy mueve, en promedio, 330 millones de pesos mensuales, y que está controlado por Visa Electrón y Maestro, las tarjetas de débito de Visa Argentina y Argencard que más facturan, respectivamente. Ambas empresas emiten además las tarjetas de crédito más usadas, Visa y Mastercard.
En diciembre, las ventas se plegaron al veranito económico y el tibio repunte en la confianza de los consumidores se tradujo en mayores ventas utilizando tarjetas.
Según fuentes del mercado, se realizaron ventas por 1544 millones de pesos, 502 millones se gastaron empleando tarjetas de débito y 1040 millones utilizando tarjetas de crédito.
Así, una de cada tres transacciones que no implicaron movimiento de efectivo contante y sonante se realizaron con tarjetas de débito. En un balance de 2002, se emitieron 14 millones de tarjetas de débito y 12 millones de sus similares de crédito.
Según estima Luis Schvimer, CEO de Visa Argentina, el volumen total de transacciones con tarjetas de crédito del año rondó los 10.000 millones de pesos, cifra con la que estuvieron de acuerdo otros participantes del mercado. Para el ejecutivo, "el corralito fue el disparador del crecimiento del débito".
Antes de la instalación de las restricciones para el uso de efectivo, las empresas emisoras de tarjetas de débito reconocen que habían invertido en la promoción de este sistema sin grandes resultados. Tras la instalación de las restricciones para operar con efectivo, los argentinos comenzaron a utilizar las tarjetas de débito, y estos plásticos se transformaron en hábito cuando llegó la devolución del IVA de hasta el 5% por las compras realizadas con este tipo de tarjetas.
"Tras la resistencia generalizada de diciembre de 2001, en enero y febrero de 2002 la gente ya decía que iba a seguir usando las tarjetas aunque se abriera el corralito porque adquirió el hábito, entendió las ventajas del producto y las seguirá aprovechando", explicó Sara Muzzio, gerente de establecimientos de Argencard.
La generalización del débito se convirtió en un negocio que beneficia a todas las partes. "Para el banco es comisión pura, para el comercio representa la posibilidad de pago inmediato y para el consumidor llega la recompensa a fin de mes con la devolución del IVA", enumera Pablo Curat, economista y analista del mercado bancario.
Qué se compra
Del análisis de las crecientes pilas de cupones de débito -que acumulaban ventas por 260 millones de pesos en enero de 2002 y que en diciembre treparon a más 502 millones-, se descubre el perfil de los nuevos hábitos.
Así, el 40% se gasta en comestibles, porcentaje que se mantendrá y podría aumentar debido a las promociones que llevan adelante los supermercados y las grandes cadenas.
El segundo lugar lo comparten la indumentaria y el combustible, con un 15% cada uno. La importante participación de la ropa en las compras se explica por la necesidad de equiparse ante el cambio de estación y por la compra de regalos navideños.
Además, tras el fuerte impacto de la devaluación en los precios de las etiquetas importadas, se produjo la aparición de marcas locales que lograron bajar sus precios y animar a los consumidores a comprar.
En el caso de los combustibles, la importante participación del rubro en las compras con tarjetas de débito se debe a que han reemplazado a las de crédito en las compras de nafta ya que la mayoría de las estaciones de servicio decidio cancelar esa modalidad de pago.
A eso se suman las promociones que distintos bancos y empresas de servicios para automotores ofrecen a sus clientes para que utilicen sus tarjetas de débito para cargar combustible.
La compra de artículos del hogar representa el 12% de los débitos con tarjeta. Aquí, las promociones que ofrecen los bancos junto con las cadenas de venta de electrodomésticos para ofrecer descuentos adicionales al 5% de IVA han resultado efectivas.
Y también fueron un medio efectivo para equilibrar cuentas entre bancos y empresas. "Varios bancos grandes se están cobrando deudas importantes con los comercios ofreciendo estos mecanismos así que tienen doble beneficio, además de recuperar su plata, están ganando clientes que tienen alto poder adquisitivo porque son los que en este momento invierten en electrodomésticos", indicó el vocero de un banco nacional.
Hoy el ticket promedio de una transacción de débito es de 55 pesos, mientras que en diciembre de 2001 era de 65 pesos. "Hay que tener en cuenta que en ese momento lo utilizaba poca gente y era sólo para las grandes compras del mes en supermercados e hipermercados, casi los únicos que hacían alguna oferta para este tipo de clientes", indicó Muzzio.
La apertura del corralito que se produjo a principios del mes pasado fue la prueba de fuego que esperaban los emisores de tarjetas de débito para saber si sus estimaciones eran correctas.
El 1° de diciembre de 2002, un año y un día después de que Domingo Cavallo anunció las severas restricciones a la libre disponibilidad de los depósitos, el corralito quedo atrás.
Para alivio de todos, a pesar de que la compra-venta de bienes y servicios tuvo la opción de efectuarse en efectivo siempre que la operación sea menor a los 1000 pesos, la gente siguió utilizando los plásticos. De hecho, en diciembre aumentaron un 20% las ventas con débito respecto de noviembre y hubo un leve repunte de las operaciones con tarjetas de crédito.
Tras comenzar el año con ventas mensuales de 200 millones de pesos, los débitos treparon a más de 502 millones en diciembre y el total anual alcanzó los $ 3942 millones.
La lenta vuelta del crédito
La devaluación hizo desaparecer el crédito de los comercios y tras el anuncio del abandono de la convertibilidad, en pocas horas aparecieron carteles en la mayoría de los comercios con la inscripción "tarjetas suspendidas".
Durante el transcurso del año, estos plásticos, que sólo ocupaban lugar en las billeteras, a partir de la segunda mitad de 2002, han vuelto a ver la luz. Con algunas restricciones, en septiembre comenzaron a reaparecer las modalidades de pago en cuotas para las tarjetas de crédito y en diciembre los niveles de gasto se acercaron un poco a los del año anterior.
Las ventas con tarjetas de crédito cayeron en picada entre enero y junio, período en el que pasaron de 1080 a 700 millones de pesos mensuales. La recuperación comenzó en julio (720 millones de pesos) y el ascenso continuó hasta diciembre (1040 millones de pesos).
A fines de año, el ticket promedio de una compra con tarjeta es de 72 pesos, mientras que a fines de 2001 era de 53 pesos. El aumento se debe principalmente a los efectos de la inflación, que superó el 40 por ciento el año último.
Las compras actuales con tarjetas de crédito se reparten en los siguientes rubros: un 30% para la compra de comestibles, un 15% en indumentaria, un 25% en los débitos automáticos de servicios, un 7% en turismo y el 23% en otros bienes y servicios.
De estos números resulta significativa la aparición del rubro de turismo, que se explica por la vuelta dela oferta de paquetes turísticos que se venden en cuotas y que recibió un aumento de demanda entre noviembre y diciembre.
Sobre la evolución del sector, los principales jugadores dicen que es poco probable que aumente significativamente el número de tarjetas de crédito durante este año.
En Argencard son moderadamente optimistas sobre la emisión de MasterCard para 2003. "Vemos un año con alguna mejora, pero creemos que el sistema quedará estable, sobre todo teniendo en cuenta que hay elecciones y no sabemos a ciencia cierta qué pasará con los precios", indicó Sara Muzzio.
"En principio los bancos serán muy prudentes porque sus carteras se han depurado durante todo el año de crisis. Para ellos, el 30% de los clientes les dejan entre el 70 u 80 por ciento de la rentabilidad y ahora se concentrarán en fidelizar a esos clientes. Además, los mecanismos legales disponibles para recuperar saldos por vía ejecutiva no son muy buenos en la Argentina, así que lógicamente se mantendrá la cantidad de tarjetas vigentes", indicó Curat.
Con él coinciden en Visa Argentina. "Lo que suceda en el año dependerá de las políticas de cada banco y la vuelta a emitir tarjetas dependerá de la situación económica y de la suerte que corra el sistema financiero", dice Luis Schvimer, CEO de la compañía.
Es un escenario económico con muy pocas certezas, las tasas de interés que cobran los bancos seguirán siendo altas y restringirán el acceso y el uso de las tarjetas de crédito. "Recordemos que en el mejor momento de la convertibilidad, las tasas estaban entre el 30 y el 40% anual, hoy trepan al doble y es poco probable que bajen", indicó el analista Pablo Curat.
Mayor confianza
Mientras aumenta el ritmo de la utilización del dinero plástico, con pulso de crecimiento para el débito y como recuperación en el crédito, también aumenta la confianza en estos medios de pago.
Según una encuesta desarrollada por la Universidad de Palermo entre 401 porteños indica que el 70% tiene tarjeta de débito y de crédito.
Y de ellos, el 63,1% confía plenamente en la seguridad de la tarjeta de crédito, mientras que para los usuarios de débito el porcentaje baja al 52,9 por ciento.
El mayor temor de la gente es al fraude, aunque según las empresas emisoras de tarjetas, es un problema superado. Sin embargo, según Visa Argentina, el fraude dejó de ser un problema gracias a los controles de las empresas, aunque sí les preocupa la mora en los pagos de tarjeta de crédito, que ronda el 40%, un porcentaje mayor que en 2001, cuando era del 17 por ciento.
Perspectivas 2003
Sara Muzzio: "Vemos un año con alguna mejora para el sector de tarjetas, pero creemos que finalmente el sistema quedará estable, sobre todo teniendo en cuenta que hay elecciones y no sabemos a ciencia cierta qué sucederá con la evolución de los precios."





