
La clave es saber dónde se está parado en la vida, en la sociedad y en el mundo
Para un buen desarrollo profesional, tener una filosofía y una ética son aspectos fundamentales, así como el compromiso con necesidades que excedan las del propio ego
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Hay personas más autorizadas que otras para plantear o discutir determinados temas. Sobre esta afirmación no debería haber dudas. Sin embargo, las realidades de los medios de comunicación actuales permiten opinar con aparente rigor científico tanto sobre los zapatos de la reina Máxima de Holanda como de la composición química de las versiones de éxtasis, casi inmediatamente, luego del corte publicitario. Por ello podríamos evitar la frivolidad al mencionar una frase de Howard Gardner –un científico de Harvard que elaboró la importante teoría de las inteligencias múltiples– que sirvió como título a una nota de La Vanguardia de Cataluña: "Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional".
El reportaje va desgranando conceptos contundentes que vale la pena destacar, muy especialmente hoy, cuando la condición de "profesional" parecería ser excluyente, como en su momento empezó a ser el ciclo secundario completo. Se entiende que así haya sido, a partir de los requerimientos necesarios para desempeñar cualquier trabajo, cada vez con mayor sofisticación y necesidades de habilidades o conocimientos. La afirmación del título en cuestión remite casi inmediatamente a una inquietud acerca de los procederes visibles, con la incompatibilidad de lo profesional con la ética, ya que, según Gardner, "no alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia. Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética". Y luego amplía: "Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre ECE: excelentes, comprometidos y éticos".
Esto no siempre se cumpliría porque con frecuencia encontramos lo que Gardner llama una inercia social, es decir, llegar a la universidad que es la continuación de la secundaria y luego, a trabajar, "pero sin darlo todo nunca". El comportamiento que sigue tiene características similares, porque "en clase cumplen lo mínimo y sólo estudian por el título, y después en su trabajo cumplen lo justo por el sueldo, pero sin interesarse de verdad limitan su interés y dedicación. Y son mediocres en todo".
La puntualización del científico puede ser motivo de reflexiones varias, empezando por uno mismo y continuando por cómo se compone una organización, tanto pública como privada. La ética de los profesionales no suele tener prioridad en los procesos de selección, aunque admitamos que no es una virtud sencilla de detectar. Más bien se ve sobre la marcha. Pero los que sólo trabajan sin ser excelentes, comprometidos y éticos llegan a una crisis de la madurez "cuando se dan cuenta de que no hay una segunda juventud. Otra causa es la falta de estudios humanísticos: filosofía, literatura, historia del pensamiento".
He aquí otra aseveración frecuentemente ignorada que Gardner avala con sus investigaciones: "Puedes vivir sin filosofía, pero peor. En un experimento con ingenieros del MIT descubrimos que quienes no habían estudiado humanidades, cuando llegaban a los 40 y 50 eran más propensos a sufrir crisis y depresiones".
Hay quienes cuestionarán que la filosofía, la literatura o la historia del pensamiento sean temas que no aportan a los resultados, pero las observaciones de Gardner, para nada despreciables, deberían hacernos revisar nuestras concepciones sobre cómo se compone una organización. Después de todo, hasta el técnico más especializado necesita –tal vez sin darse cuenta– saber en qué lugar está parado en su vida, en la sociedad y en el mundo. Es un punto esencial de partida para encontrar el punto de llegada.
jorgemosqueira@gmail.com





