La crisis, vista con ojos extranjeros

Cuatro periodistas dicen que la responsabilidad por la situación actual no atañe exclusivamente al gobierno de De la Rúa
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26 de diciembre de 2001  

La gravedad de la situación argentina tiene en vigilia a los corresponsales de los principales medios del mundo en la Argentina. Las imágenes de los saqueos, la movilización espontánea de la clase media, los desmanes de grupos organizados, la represión policial y las reacciones del gobierno y la oposición dieron la vuelta al globo. La crisis estalló en mil pedazos, y en apenas tres días cobró 27 vidas, cientos de heridos, importantes destrozos materiales y la confirmación de un final anunciado: la renuncia del presidente de la Nación.

El vértigo de los acontecimientos se sucede de tal forma que nadie se anima a pronosticar qué puede pasar en apenas horas. Tampoco los corresponsales de los principales medios del mundo, apostados en Buenos Aires. Todos reconocieron su preocupación y desconcierto por el curso que tomaron los hechos.

Clifford Krauss, de The New York Times, de los Estados Unidos, señaló que, a pesar de la gravedad de los acontecimientos, es positivo que en la Argentina no se plantee ya la posibilidad de una ruptura democrática. "No se va a retroceder hacia la salida del golpe militar", dijo.

Marina Guimaraes, del Grupo O Estado de S‹o Paulo, no dudó en lamentar la renuncia de Fernando de la Rúa. "La gente que pedía que se fuera me parece que se olvida de que De la Rúa no es el único culpable de lo que pasa en este país. Aquí hay toda una clase política en falta, mezquina, que gobierna para sus propios intereses."

Josef Oehrlein, corresponsal para América latina del diario Frankfurter Allgemeigne Zeitung, de Alemania, sostiene que se llegó a esta situación porque los políticos, y no sólo el gobierno de la Alianza, hicieron demasiado tiempo la política del avestruz. "Los peronistas sin duda forman parte del problema, pero como tienen mayoría en ambas cámaras, también tienen la llave de la solución."

Su colega Christoph Kuhn, corresponsal del Tages-Anzeiger, de Zurich, señala su preocupación por lo que advierte como un rasgo de infantilismo de la sociedad argentina. "Me da la impresión de que aquí la gente cree que con la salida de Cavallo y de De la Rúa ahora las cosas mejorarán mágicamente, y eso es una creencia de niños, no es razonable -advierte-. Se los echó, muy bien, pero, ¿qué viene de ahora en más?"

Esta es una síntesis de su visión de la crisis.

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Clifford Krauss

(The New York Times)

"La solución sólo está en manos argentinas."

Clifford Krauss tiene 48 años y lleva cuatro trabajando en Buenos Aires como corresponsal del diario The New York Times para el Cono Sur. A principios del año próximo dejará el país para pasar a cumplir funciones en Canadá.

"Nadie puede predecir qué viene de ahora en más, pero yo creo que la democracia en la Argentina no corre peligro. Aunque se vivirán horas difíciles, no hay retorno hacia los conflictos y amenazas institucionales de la década del 70", opina.

Más allá de esta dramática coyuntura, Krauss cree que la crisis argentina tiene raíces profundas y de vieja data, emparentadas con cuestiones históricas y culturales, como la evasión fiscal y la corrupción de sus dirigencias. Y compara al país con Chile, donde se han seguido políticas económicas similares durante los últimos diez o quince años.

"Sin embargo, vemos diferencias profundas entre ambos, porque Chile está creciendo y casi no tiene déficit fiscal. Podría devaluar sin que se produzca una hecatombe y, a pesar de la recesión global y de su economía abierta, sigue adelante sin estar cada día al borde del abismo. Allí se puede ver una clase política más seria y una clase empresarial más creativa, dispuesta a aprovechar las oportunidades que ofrece la economía global", dice el periodista de The New York Times, y señala lo que -según su opinión- es la clave de esta historia: la falta de responsabilidad de los argentinos para hacerse cargo de sus problemas.

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Marina Guimaraes

(Grupo O Estado de São Paulo)

"Aquí los políticos parecen de otro planeta."

"Estoy asustada: me impresionó mucho el curso que tomaron los acontecimientos, la violencia desatada y los argentinos tirados en el suelo resistiendo las patadas de los caballos de la policía y volviendo una y otra vez a la Plaza de Mayo", afirma Marina Guimaraes, de 37 años, corresponsal del grupo informativo O Estado de São Paulo, de Brasil. Reconoce, sí, que le resulta difícil distinguir entre los disturbios cuánto hay de protesta espontánea y cuánto de movilización política.

"Nunca vi a los argentinos tan heridos en su orgullo -dice-. Observo una sociedad totalmente deprimida, que no sabe muy bien hacia dónde caminar, que vivió durante décadas muy por encima de los demás pueblos latinoamericanos -de allí su arrogancia característica- y que hoy ve su superioridad maltrecha y se pregunta desconsolada cómo es que llegó hasta donde está."

A la hora de buscar culpables, la periodista brasileña -que conoce bien el país porque ya antes, entre 1996 y 1999, fue corresponsal de un canal de televisión y del Jornal do Brasil- no se anda con vueltas: "La Argentina tiene un problema económico, sin duda, pero su mayor problema son los políticos, que parecen de otro planeta".

Su opinión es que aquí se hace una vieja política, muy volcada hacia intereses egoístas y de espaldas al bien común y a una visión de largo plazo. "El anterior gobierno dejó una herencia pesada, pero el que acaba de caer, a su vez, tampoco pudo demostrar muy bien a qué vino", dice.

Guimaraes cree que la suma de errores económicos, políticos y sociales que vive el país fue una olla de presión que terminó por explotar. "Lo curioso es que ya hace un año los analistas políticos alertaban sobre el riesgo de caos social. ¿Por qué se dejaron llegar las cosas hasta acá?", se pregunta.

De Cavallo y de De la Rúa afirma que fueron los chivos expiatorios de un sistema político que no supo, no quiso o no pudo arreglar los problemas de la gente. Y que con las medidas económicas de las últimas semanas el enojo terminó de anidar, definitivamente, en la clase media.

A su juicio, la situación argentina no afectaría, sin embargo, la economía de su país. "El real empezó a revaluarse y Brasil ha logrado, en las últimas semanas, despegarse de la crisis argentina."

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Josef Oehrlein

(Frankfurter Allgemeigne Zeitung, de Alemania)

"Al final terminan siendo estériles los acuerdos alcanzados. "

Josef Oehrlein, de 52 años, corresponsal para América latina del diario Frankfurter Allgemeigne Zeitung, de Alemania (400 mil ejemplares diarios), dice que la renuncia de De la Rúa le pareció la actitud más honesta posible para un hombre que ya no podía darles una respuesta a los argentinos.

Su gran incógnita es por qué el gobierno no actuó antes, por qué dejó llegar las cosas hasta un final sin retorno.

"Tal vez por negligencia, tal vez porque no quería saber la verdad, tal vez porque lo único que podía hacer era tapar la realidad o hacer como el avestruz", especula. Para Oehrlein, esta falta de sensibilidad es extensiva a la clase política argentina en su conjunto.

"Me sorprende la incapacidad de los políticos locales para asumir la crudeza de la situación por la que atraviesa el país, su evidente falta de visión para comprender que todos están en el mismo barco y que, en el punto en que está el país, o se salvan todos o se hunden todos."

También dice que le parece curiosa la vocación de la dirigencia local por empantanarse en idas y venidas que terminan haciendo finalmente estériles los tardíos acuerdos alcanzados.

"En lo que se refiere a la gente, siempre me sorprendió que a pesar de todo lo que se vivió últimamente se mantuviera contenida, tranquila. Por eso tampoco me extrañó que finalmente estallara."

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Christoph Kuhn

(Tages-Anzeiger, de Zurich)

"Me sorprende que siempre le echen la culpa a los demás."

Christoph Kuhn, corresponsal de diario Tages-Anzeiger, de Zurich (Suiza, 280 mil ejemplares diarios), tiene 64 años y lleva 4 como corresponsal en Buenos Aires.

Dice que está viviendo estos acontecimientos dolorosos para el país con mucha tristeza. "Por un lado, veo a una clase política miope, que ha ignorado sistemáticamente las señales de un pueblo con hambre. Pero también me hace mucho mal ver que los pobres les roban a los pobres: es desolador."

Kuhn observa a los argentinos tristes y sin esperanzas, a veces agresivos, cínicos, desconfiados, y asegura que -en cierta medida- los entiende, "porque si uno mira para atrás ve que todo lo que les prometieron los gobernantes, finalmente no se cumplió".

Sin embargo, esta desconfianza le parece sumamente peligrosa para la solidez del sistema democrático. "Eso puede abrirle la puerta a un populista que hoy no se ve en el horizonte argentino, pero que si irrumpe en algún momento, se puede quedar con todo."

En cambio su preocupación del momento es quién viene después de De la Rúa y de Cavallo.

"Me parece infantil creer que porque ellos se fueron las cosas van a cambiar. ¿Acaso los Ruckauf, los Duhalde o los Rodríguez Saá son mejores? No lo creo", manifiesta.

Otro aspecto negativo es que la sociedad argentina, a su entender, siempre tiende a creer que "son otros los culpables de sus desgracias: los norteamericanos, Bush, el FMI", enumera.

"Lo malo de esto es que se pone el error en el otro, se perpetúa la conducta equivocada y nunca se cambia ni se modifica nada."

Miradas críticas

Josef Oehrlein

"Me sorprende la incapacidad de los políticos locales para asumir la crudeza de la situación que vive el país."

Marina Guimaraes

"La gente que pedía que se fuera De la Rúa se olvida de que no es el único culpable de lo que pasa en la Argentina."

Clifford Krauss

"Nadie puede predecir qué viene de ahora en más, pero yo creo que la democracia en el país no corre peligro."

Christoph Kuhn

"Lo que veo es una clase política miope que ha ignorado sistemáticamente las señales de un pueblo con hambre."

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