La desigualdad se aceleró en el país en los años 90
La Argentina sufrió la mayor suba de inequidad de la región
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"Algunos países relativamente equitativos, incluidos la Argentina, Uruguay y Venezuela, han experimentado aumentos de la desigualdad; la Argentina, dramáticamente", advirtió un informe presentado esta semana por el Banco Mundial que se titula "Inequidad en América latina y el Caribe: ¿quebrando la historia?" El documento evalúa la evolución entre principios de los noventa y los primeros años de la presente década.
En el caso argentino se comparó el período que va de 1992 a 2001, antes de la devaluación que, por su efecto inflacionario, agrandó la brecha entre pobres y ricos. En los tiempos de la convertibilidad, que coincidieron con las reformas económicas neoliberales, la desigualdad subió el 17,44 por ciento.
La mala distribución del ingreso y el consumo se mide según el índice Gini, según el cual el 0 equivale a una sociedad donde reina la igualdad total y el 100 supone que una sola persona acapara toda la riqueza. La Argentina registraba en 1992 un indicador de 44,7 puntos, lo que la ubicaba en el tercer lugar de América latina, sólo detrás de Uruguay y Venezuela, como nación equitativa.
Cuatro años después, el Gini argentino se incrementó a 48,2 puntos. En 1998, a 49,5. En 2001 alcanzó 52,2, lo que dejó al país en el sexto puesto, superado por Costa Rica, Perú y Jamaica. El documento aclara que en los ochenta también se había producido un profundo incremento de los desniveles.
El índice Gini subió 7,7 puntos en la Argentina en la década pasada. La cifra supera los aumentos en los demás países de la región: Bolivia (1,6), Chile (1,4), El Salvador (1,3), Perú (2), Uruguay (1,7) o Venezuela (3,8). En promedio, América latina bajó 0,4 punto, se hizo menos desigual.
La Argentina retrocedió en un subcontinente considerado el más desigual del mundo y que encabeza Brasil, pese a que logró una "modesta pero significativa mejora" en los noventa, según el Banco Mundial. México también logró reducir levemente su inequidad. De todos modos, no siempre un país más desigual es sinónimo de mayor desarrollo y la prueba está en que Bolivia resulta más equitativo que Chile.
"Vemos algunas evidencias de que Brasil camina a ser un país menos desigual", reconoció ayer en Río de Janeiro el vicepresidente del Banco Mundial para la región, David de Ferranti, en la presentación del informe durante un seminario sobre desarrollo social. "No va muy rápido, pero es una tendencia hacia una mayor equidad", agregó.
El índice de desigualdad latinoamericana supera en 10 puntos al de Asia, en 17,5 a los 30 países desarrollados que integran la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y en 20,4 a las ex comunistas naciones de Europa del Este.
"A la gente y los gobiernos en el Banco Mundial no les gusta la desigualdad de consumo y oportunidades per se", indica el informe, más allá de que la entidad impulsó las políticas económicas de los 90 que llevaron, según algunos economistas, a un mayor desnivel entre pobres y ricos. "Una mayor inequidad general significa una mayor pobreza. Una mayor inequidad suele implicar una menor tasa de reducción de la pobreza", señala el Banco Mundial.
La entidad considera que la mala distribución de la riqueza también contrae el ritmo de crecimiento de las economías. Este fenómeno y el de la escasez de recursos lleva a que los países "encuentren difícil o incluso imposible salir de la pobreza absoluta". También existen evidencias, según el Banco Mundial, de que la desigualdad está asociada al conflicto y la violencia, a la vez que reduce la habilidad de la economía para responder con efectividad a los shocks.
A pocos días de que el presidente Néstor Kirchner y su par brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, firmaran el Consenso de Buenos Aires, en favor de una política económica que combata la inequidad, De Ferranti presentó en Brasil un documento que recomienda una serie de acciones para doblegarla: una mayor apertura de las instituciones políticas y sociales, unas políticas e instituciones económicas guiadas por el criterio más igualitario y un creciente acceso de la población a los servicios públicos, especialmente la educación, la salud y la infraestructura. Unas "reformas truncadas en la región" significan "un Estado del bienestar elitista", según el Banco Mundial.
Uruguay está en el otro extremo de Brasil en términos de desigualdad latinoamericana. Sin embargo, De Ferranti apostó por la recuperación del socio mayor del Mercosur: "Tenemos confianza en las políticas del gobierno de Lula, que están basadas en dos pilares: uno económico y otro social".
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