
La guerra golpeó las cuentas públicas: el Estado debió destinar más recursos para contener el aumento de las tarifas que pagan las familias
El país se benefició con mayores precios del petróleo en su balanza comercial, pero el encarecimiento del gas importado presionó sobre el frente fiscal
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La guerra en Medio Oriente dejó una marca doble en las cuentas argentinas durante el primer semestre del año. Por un lado, la suba de los precios internacionales del petróleo potenció los ingresos por exportaciones y amplió el superávit comercial energético. Por el otro, encareció el gas natural licuado (GNL) que el país todavía necesita importar para atravesar el invierno, un costo que terminó trasladándose al Estado a través de mayores subsidios a la energía.
En el primer semestre del año se devengaron US$2147 millones en subsidios energéticos, un incremento del 80% respecto del mismo período de 2025 (US$952 millones más).
“El aumento en el nivel de subsidios estuvo estrechamente asociado al aumento en el costo del mercado eléctrico, incremento que fue trasladado solo parcialmente a la demanda”, analizó la consultora Economía & Energía (E&E) en su informe mensual. Más del 70% de ese incremento correspondió a mayores transferencias del Tesoro a Cammesa, la empresa pública encargada del despacho de energía eléctrica, que totalizaron US$1567 millones, un 78% más que un año atrás.

El encarecimiento tuvo origen en el frente externo. La cotización internacional del GNL trepó a US$16 por millón de BTU (medida inglesa que se utiliza en el sector), un alza del 30% interanual. A nivel local, el precio del gas importado saltó de US$14 a US$24 por millón de BTU —un 67% más—, como resultado de ese contexto internacional y de los incentivos vigentes a la gestión propia de combustibles, según los cálculos de E&E.
Ese salto repercutió de lleno también en la generación eléctrica. El costo de los combustibles utilizados para generar electricidad aumentó 26% interanual, unos US$12 por MWh más que en 2025. La razón tiene una causa concreta: un 60% de la generación se abastece con gas (térmica), y ese insumo se encareció por el cambio en la matriz de abastecimiento, con mayor participación de GNL y combustibles alternativos frente al gas natural local.
El resultado fue un costo de abastecimiento promedio de US$90 por MWh, tanto para la demanda residencial como para la no residencial, unos US$15 por MWh más que un año atrás. El Estado absorbió buena parte de esa diferencia. En el segmento residencial, el costo de la energía promedió US$89 por MWh mientras el precio pagado por los usuarios fue de US$51, lo que implicó un subsidio de US$38 por MWh. En el segmento comercial, el costo llegó a US$91 y el precio estacional cayó a US$68, con un subsidio de US$23 por MWh, calculó E&E.
Golpe a la industria
La industria también sintió el impacto en el mercado spot, donde los precios no cuentan con cobertura de subsidios: el valor promedio pagado por la demanda industrial pasó de US$74 a US$94 por MWh, y el pico invernal casi se duplicó, de US$97 a US$189 por MWh.
La buena noticia es que el saldo comercial energético terminó siendo positivo y explicó buena parte de la mejora en las cuentas externas. En el primer semestre, el superávit comercial energético alcanzó los US$5950 millones, frente a los US$3743 millones del mismo período de 2025, impulsado por un salto del 42,5% interanual en las exportaciones, que llegaron a US$7619 millones.

El crudo lideró ese desempeño, con exportaciones por US$4693 millones (+48% interanual), apalancado tanto por mayores volúmenes como por precios más altos. El gas natural, en cambio, retrocedió 5% interanual en valor, hasta US$342 millones, por una caída de precios que no llegó a compensar el repunte de los volúmenes exportados.
La Argentina redujo de manera significativa su dependencia del gas importado gracias al aumento de la producción de Vaca Muerta, pero todavía no logró eliminarla. El país sigue necesitando barcos de GNL durante el invierno, cuando la demanda residencial se dispara por las bajas temperaturas y la infraestructura de gasoductos no alcanza a cubrir esos picos estacionales.
Ese cuadro debería empezar a cambiar el año próximo. El Gasoducto Perito Moreno —antes llamado Néstor Kirchner— ya generó ahorros acumulados por US$2327 millones desde su puesta en marcha en 2023 hasta abril de este año, al sustituir importaciones de combustibles líquidos y GNL. Su ampliación, a cargo de TGS, permitirá sumar el año próximo 14 millones de metros cúbicos diarios de capacidad de evacuación desde la cuenca neuquina, lo que reducirá la utilización de combustibles líquidos en la generación y las compras de GNL durante el invierno. De todos modos, ese alivio llegará recién en 2027. Este año, las cuentas públicas sintieron de lleno el efecto de la suba internacional del GNL.


