La industria musical crece pese a la piratería

Las ventas aumentaron 9,6% en 2007 por las descargas a celulares; el comercio ilegal movió $ 1180 millones; el legal, 392 millones
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23 de enero de 2008  

La industria musical argentina parece un oasis en el Sahara. A diferencia de sus pares de la región, aún no fue fagocitada por la piratería y consiguió un balance positivo en 2007, año en el que todos los mercados desarrollados registraron bajas en las ventas. Pero no todo es color de rosa: las compras de música están desacelerándose y la venta ilegal ya copa el 60% del negocio real y el 99% del digital, lo que genera pérdidas por más de $ 1000 millones. La gran esperanza, según los especialistas, son los nuevos modelos de negocios, como la compra por suscripción.

El año pasado, las ventas de música crecieron el 9,6%, impulsadas por las compras por celulares e Internet, según el último informe de la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif). Las descargas digitales subieron el 294% y ampliaron su participación en el negocio del 0,6 al 4,1% entre 2005 y 2007.

Las ventas de CD, DVD, casetes y singles subieron el 6,3%, a $ 376 millones por la venta de 18 millones de unidades. El grueso del consumo se concentró en los CD (91,4%). En el formato digital, el elegido fue el teléfono celular (99 por ciento).

"Para nosotros no deja de ser un alivio ver que siguieron creciendo las compras de discos porque en los mercados desarrollados caen y en los latinoamericanos ni existen, ya que todo es pirateado", grafica Javier Delupí, director ejecutivo de Capif.

El enemigo en las sombras

El alza de las ventas se remonta a principios de 2003, pero el crecimiento es cada vez menor, según los datos de Capif. En esta pelea, la industria tiene un único enemigo: la piratería, que el año pasado provocó pérdidas por $ 1184 millones. "Nosotros -dice Delupí- logramos contener a la piratería en esos porcentajes a fuerza de operativos y campañas de información. Vemos mercados como el peruano, donde todo es pirateado y somos conscientes del peligro."

"En el país -advierte- ya tenemos la primera provincia tomada por la piratería: Santiago del Estero. Allá no hay ni una disquería formal y las estaciones de servicio venden discos ilegales. No podemos permitir que este caso se repita y vamos a seguir con las inspecciones este año."

Delupí reconoce que resulta más simple combatir la piratería real que la virtual. Los registros de Capif muestran que el 99% de las descargas a Internet es ilegal y no hay indicios de que la tendencia pueda revertirse. "La gente está acostumbrada a no pagar y a medida que crezcan los accesos de banda ancha, crecerán las descargas", admite. El caso de los celulares es diferente porque los operadores procesan música legal y el usuario tiene que pagar por la conexión a la Red. Este segmento de negocio "seguirá creciendo por la irrupción de las redes de tercera generación y la consolidación de los nuevos hábitos de consumo".

"Es evidente -dice Delupí- que los celulares se transformaron en una gran esperanza para los artistas y las discográficas. En Perú, donde los niveles de piratería llegan al 95 por ciento, las empresas empezaron a facturar con el lanzamiento conjunto de celulares, nuevos artistas y canciones."

¿Hay otros caminos para escapar de la desaceleración de ventas? La industria cree que sí y hace referencia a nuevos modelos de negocios, como la música por suscripción. Esta última mostró una vasta aceptación en los mercados desarrollados, donde se ofrece, por ejemplo, una conexión a Internet con 100 canales de música elegidos por el usuario.

"En la Argentina, las telefónicas ya empezaron a hablar con potenciales socios que conocen el negocio, así que quizás el mercado se abra en poco tiempo", anticipa Delupí.

Aliados naturales

Para el director de Capif, otro camino hacia la rentabilidad es el abono para acceder a una base de canciones en Internet. Según este modelo, "la persona paga todos los meses por un listado de temas que se acomoda a su gusto y cuando deja de pagar, deja de tener acceso".

Por último, aparece el negocio de los recitales. "Vemos que las discográficas se acercan a los artistas para darles servicios en el armado de espectáculos -detalla Delupí-. La alianza les sirve a los dos."

En este contexto, las disquerías no llevan precisamente las de ganar, aunque hay una luz al final del túnel. Los comercios del interior del país están desapareciendo, pero a la vez se abren supermercados y librerías que incorporan la venta de discos.

Además, destaca Delupí, "la disquería tradicional de Buenos Aires mantiene su espacio". "El melómano sigue yendo a los locales en busca de los últimos lanzamientos y alguna voz experta que lo asesore."

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