
La pérdida de competitividad deja cada vez más exportadores fuera de juego
Financiamiento caro, demoras en la devolución del IVA a las ventas al exterior, engorrosos trámites aduaneros e inflexibilidad laboral son algunos componentes del "costo argentino" que castiga a unas 10.000 Pyme
1 minuto de lectura'
Según el último ranking publicado por el World Economic Forum, el índice de competitividad local tuvo una marcada caída. En 1996 y 1997, la Argentina ocupó el lugar número 37; en 1998 subió una posición, para ubicarse en el 36, y este año cayó al puesto 42.
El diagnóstico de los empresarios locales coincidió en señalar que el acceso al financiamiento sigue siendo muy caro, la demora en la devolución del IVA a las exportaciones complica la disponibilidad de efectivo de las empresas; los trámites aduaneros son engorrosos y se traducen en pérdidas de tiempo y dinero, y la dilatada reforma del régimen laboral impide contrataciones flexibles para hacer frente a contratos de exportación. Las Pyme son las más perjudicadas por todos estos motivos, ya que son más de 10.000 empresas en todo el país.
En la encrucijada
Hoy, a pasos del 2000, las empresas exportadoras están en una encrucijada: o continúan un ajuste que en muchos casos está llegando al límite de lo posible o desaparecen. Tras la devaluación del real en Brasil, en enero último, el camino que se desliza cuesta abajo ya fue transitado por empresas que no pudieron hacer frente a los créditos caros y al tipo de cambio desfavorable. Las empresas que se mantuvieron a flote están en un punto de inflexión y los empresarios aseguran que sólo el apoyo de políticas adecuadas podrá cambiar la tendencia.
Para los funcionarios que se despiden del gobierno, llegó la hora de la autocrítica. "De las asignaturas que quedan pendientes, la más importante es el tema de la financiación, sobre todo para las Pyme. Ningún banco de los que invirtieron en la Argentina tiene a las pequeñas y medianas empresas como target, el sistema rechaza a las Pyme", resumió Marcelo Avogadro, subsecretario de Relaciones Comerciales Internacionales y director ejecutivo de la Fundación Export-Ar.
Avogadro asegura que se hicieron varios intentos, tales como los fondos de garantías, las facturas conformadas y los warrants, pero "todo eso no funcionó para las Pyme; la política no fue exitosa". Y ahora le toca el turno al gobierno de Fernando de la Rúa, que ya empezó a recibir reclamos y debe establecer sus prioridades (ver recuadro en esta misma página).
Mientras tanto, las Pyme siguen remando contra la corriente para acceder al financiamiento. La Fundación Capital realiza un relevamiento de las tasas de interés para las empresas de primera línea. En lo que va del año, las tasas se sitúan en el 12,5% para los préstamos en pesos y en el 9,4% para los créditos en dólares. Para las pequeñas y medianas empresas, esos números son apenas la base sobre la cual se cargan varios puntos extras. "Las tasas que pasan las Pyme en descuento de documentos o cuenta corriente son de más de 10 puntos por encima de estas cifras", indicó Fabio Rodríguez, economista de la fundación.
Las escasas líneas de crédito para la exportación tienen reglas estrictas, por ejemplo, el destino de las ventas. "A los bancos no les interesan los proyectos de las Pyme para exportar, nosotros presentamos una carpeta a un banco y cuando vieron que era para venderle a Rusia no nos hicieron caso, y eso que pedíamos apenas 100.000 dólares. Si hubiera sido para Brasil nos habrían palmeado la espalda, pero mire cómo les fue a los que exportaban a Brasil", dijo Eduardo Goldfart, presidente de Exa, una Pyme productora de yerba y té de Misiones. "Somos un país caro y cuando una empresa trata de darle valor agregado a un producto, los costos no se lo permiten", añadió.
La mención de Brasil despertó la reacción de los empresarios. Si bien señalan que la devaluación del real afectó sus negocios, todos destacaron que el gobierno de ese país aplica políticas efectivas para defender a sus empresas. La salida para las empresas argentinas que se mantienen a flote tras la crisis pasaron por buscar otros horizontes.
"A través de Fiat, nuestra empresa exportaba cajas de cambios a Brasil, pero eso se cortó en enero, entonces empezamos a buscar otros mercados y ahora el destino principal de nuestras exportaciones es España", dijo a La Nacion Emiliano Pederzoli, de Pre-sinter, una Pyme industrial bonaerense que fabrica insumos para automotrices y fábricas de electrodomésticos. La empresa tiene 28 empleados y factura un millón de dólares.
"Hicimos la diferencia con calidad que pagamos nosotros mismos, como la certificación de las normas ISO 9002 y el desarrollo tecnológico, pero lo que hicimos fue un gran esfuerzo por nuestra cuenta, casi contra la corriente -aseguró Pederzoli-. Si hoy no tenemos un apoyo más fuerte a través del Estado, no podremos continuar."
En Santa Fe, las empresas lácteas enfrentan los problemas sectoriales para mantener las exportaciones hacia Brasil y señalan que el 2000 será clave para definir el futuro del sector. "El Mercosur seguirá siendo el principal mercado para nuestro país y tenemos que estar preparados para marzo y abril del 2000, para ver si se modifica la tendencia de la crisis actual que tenemos", señaló Luis Jullier, presidente de Milkaut, empresa que se asoció con el fondo de inversiones Patagonia, del que recibirá US$ 44 millones para mejorar su performance exportadora. La empresa tiene seis plantas industriales y una porción del 7,5% del mercado.
Por su parte, Alfredo Willner, director de la empresa homónima que comercializa sus productos con las marcas Ilolay y De Lorenzi, explicó que la estrategia de su compañía pasará por seguir invirtiendo y lanzando nuevos productos: "En los últimos cinco años invertimos 27 millones de dólares para expandir la capacidad de procesamiento de nuestros tambos y ahora tenemos un muy bajo nivel de precios, que va en caída junto con la demanda, en los niveles actuales, y se exporta al costo, o menos".
Como apuesta a superar la crisis, Willner planea invertir 13 millones de dólares en los próximos dos años y espera que "el próximo gobierno encuentre una solución a la permanente discusión con Brasil", que afecta particularmente a su sector.
Elvio Baldinelli, vicepresidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), destacó otro problema que ataca especialmente a las Pyme: la demora en la devolución del IVA a las exportaciones.
"Hay dos tipos de demoras, el tiempo que se toma la DGI para aprobar las devoluciones, que en el caso de las empresas chicas llega hasta los seis meses, y la falta de fondos porque muchas veces, a pesar de estar aprobados los reintegros, no hay plata en la Tesorería para pagarlos", indicó Baldinelli.
Para el directivo de la CERA, una medida que ayudaría al sector exportador sería un mecanismo de admisión temporaria similar al que utilizaron otros países: "La Aduana dejaría ingresar insumos sin cobrarles derechos de importación ni IVA con la condición de que se usen para exportar. Todos los países emplean este recurso y nosotros nos quedaremos pobres si no aprendemos a usarlo".
"No podemos bajar más los costos de producción y, aunque ahora empezamos a abrirnos a nuevos mercados y estamos montando una fábrica en San Pablo, todo es muy difícil", aseguró Pablo Puertas, ejecutivo de Taranto, empresa fabricante de juntas y retenes para la industria automotriz, que factura unos 25 millones de dólares anuales.
"En Chile estamos entrando casi al costo y para entrar en otros países como los de la Unión Europea tenemos que competir con empresas que tienen créditos del 3% anual", graficó.
Más problemas Los frigoríficos atraviesan por una situación complicada y las quiebras se suceden. "En general, toda la carga impositiva es altísima para quienes cumplen. El costo del Servicio de Calidad y Sanidad Agroalimentario (Senasa) en general es elevado para todo el sector agropecuario, pero la mayor parte recae en la industria de la carne", aseguró Miguel Gorelik, ejecutivo de Quickfood, uno de los cinco frigoríficos más grandes del país.
Y opinó que, aunque el sector tiene márgenes operativos "bastante bajos", todavía faltan políticas que alienten las exportaciones.
Los años difíciles para las textiles continúan. Alpargatas, que está en plena reestructuración financiera, discontinuó su producción y este año exporta el 20% de sus productos, mientras que en el año último sus ventas al exterior llegaban al 50 por ciento. "Tenemos desventajas de todo tipo, nuestros competidores del nordeste brasileño tienen recursos humanos un 35% más baratos y mientras las empresas de Brasil se hacen más eficientes, nosotros perdemos competitividad", dijo Guillermo Gotelli, vicepresidente y CEO de la textil.
"La empresa tiene 50 años y, que recuerde, éste es el peor momento para nuestro sector. Nosotros exportamos el 20% de nuestra producción a Brasil y lo hacemos con muchas dificultades, porque la Argentina mantiene el uno a uno y ellos tienen un tipo de cambio de dos a uno, a lo que se suma un sistema de pago más flexible", señaló Jorge Vartparonian, director de Tipoití, una Pyme fabricante de hilados de algodón que factura unos 50 millones de dólares anuales y ocupa a 850 empleados.
Los empresarios Pyme también consideran que falta la coordinación macroeconómica que podría poner en marcha el bloque. Cuando se lo consultó sobre la necesidad de "relanzar el Mercosur" que expresó el gobierno saliente y los referentes económicos de Fernando de la Rúa, Alejandro Sampayo, presidente de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) dijo: "No sé de qué hablan cuando dicen eso, lo que hay que hacer hoy es hablar de los problemas concretos de integración, porque no hemos avanzado nada".
El comentario que hicieron todos los empresarios, sin excepción, fue el reclamo de medidas al próximo gobierno. "Queremos seguir exportando y necesitamos liquidez para mantener la producción, pagar sueldos y financiar tecnología, pero como no tenemos ningún poder de lobby, sólo nos queda esperar", dijo un industrial bonaerense.






