La triste historia del poeta al que lo arruinó el exilio, la nostalgia y el alcohol
1 minuto de lectura'

Antes de cumplir 15 años, Pedro Garfias ya escribía poemas. Lo hacía con un sello que lo acompañaría hasta su muerte, con una distinción que lo encumbraría como uno de los más grandes poetas de su España natal y, muchos años después, con una angustia que le desgarraría el alma y lo llevaría a la ruina profesional, económica y física.
Pedro Garfias Zurita había nacido el 27 de mayo de 1901, en Salamanca, España. Era hijo de un padre onubense, es decir, nacido en Huelva (Antonio Garfias), y de una madre sevillana (Dolores Zurita); por eso, él siempre se consideró más andaluz que salmantino.
Cursó sus primeros estudios en Osuna, donde se mudó con su familia en 1910, y luego hizo la preparatoria en Sevilla. Después, completó en Córdoba su bachillerato para preparar su ingreso en Derecho, una carrera que jamás terminaría.
Su verdadera pasión era la literatura. Así que dejó las leyes para sumergirse en el mundo literario, se radicó en Madrid y al poco tiempo fundó, junto con otros poetas reconocidos, el ultraísmo, considerado el movimiento poético vanguardista en lengua española más importante del siglo XX.
Más allá del horizonte
Según relata su biógrafo, Ángel Sánchez Pascual, lo constitutivo para él fue la etapa vanguardista que inició en Madrid, a partir de 1918, puesto que ya hacía un tiempo que había dejado de lado el estilo modernista que había empleado en sus primeros tiempos como poeta.

Garfias transformó su domicilio, situado en una humilde pensión, en redacción de la revista que él mismo fundó. Esta revista, llamada Horizonte, se convirtió durante su breve existencia en una de las publicaciones poéticas más importantes de la época, con trabajos de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca, entre otros.
Junto con otros ultraístas se reunía en tertulias literarias en torno al Café Comercial (se puede visitar aún hoy, en el metro Bilbao) y también en el Café Colonial (estaba en lo que hoy es la estación de metro Sol, pero ya no existe más). En estas tertulias, Garfias conoció a Jorge Luis Borges, que había viajado a España y se había interesado por este movimiento. De hecho, hay una placa en el centro de Madrid que dice: "En esta pensión vivió y escribió Borges sus poemas ultraístas".
Garfias publicó su primer libro, El ala del sur, en 1926, en el que se recoge poesía escrita entre 1918 y 1923 (poesía de la que, según cuenta su biógrafo, no se sentía ya tan orgulloso). En tanto, era muy activo en la esfera política, primero alineado al filoanarquismo, pero luego volcado totalmente hacia un movimiento que experimentaba un fervoroso auge: el comunismo.
Sánchez Pascual refiere que después de 1926, Garfias no volvió a escribir poesía hasta 1936, justo el año en que estalló la guerra civil española. "Con razón él decía que la guerra le había devuelto la poesía", comenta su biógrafo en su obra Hacia la recuperación de Pedro Garfias.
En efecto, entre 1936 y 1939, publicó nada menos que en 12 revistas: Romancero de la guerra civil, Hora de España, Romancero general de la guerra de España, Frente Sur y Nuestro ejército, entre otras.
La guerra lo encontró a él del bando de los republicanos. No solo tomó las armas para defender su causa, sino que su poesía se reveló como un instrumento de gran poder paliativo para sus partidarios. Es en ese momento cuando sus versos empiezan a sonar más verdaderos y más limpios: publica Héroes del sur, Consignas del frente y de la retaguardia y Consignas para comisarios, que le valen el premio Nacional de Literatura, otorgado por la España republicana, en 1938.
En el destierro
En marzo de 1939, ya perfilada la derrota de los republicanos, debió marchar al exilio, como tantos miles de sus compatriotas. Pasó a un campo de concentración francés y luego, en abril de 1939, a Inglaterra. Fue en este último país donde compuso Primavera en Eaton Hastings, que es considerado el mejor poema del destierro español.
Ya radicado en México, Pedro Garfias, aquel niño precoz, era reconocido como uno de los mejores poetas de su tiempo, se había ganado un lugar en la historia con poemas míticos y era valorado por ser un gran impulsor del dadaísmo, el ultraísmo y el creacionismo. Estaba en su mejor momento. Tocando el Cielo con las manos. Pero... siempre hay un "pincelazo" que lo arruina todo.
Pedro nunca superó su destierro, nunca dejó de sufrir por su querida España y no pasó mucho tiempo para que agudizara su alcoholismo, una adicción que había empezado a padecer apenas terminada la Guerra Civil. Pese a que fue recibido con honores en México y tuvo una intensa actividad literaria, algo en su interior se apagaba, mientras se dejaba arrastrar hacia la depresión.
Empezó a frecuentar más las tabernas que las universidades o los círculos intelectuales, poco a poco, ya nadie leía sus poemas, su deterioro físico fue acompañado por el económico. Pronto se lo vio por las calles pidiendo limosnas a cambio de poemas que escribía en las servilletas de las tabernas donde se emborrachaba con tequila.

Sánchez Pascual escribió que muchos de los que se hicieron con poemas de Garfias, los adquirieron a cambio de la invitación de algún tequila. "Tanta fue la penuria que él paso en sus últimos años que con frecuencia se hicieron listas con aportaciones por parte de los amigos para sufragar sus gastos", cuenta su biógrafo.
Su deterioro físico fue acompañado por el económico. Pronto se lo vio por las calles pidiendo limosnas a cambio de poemas que escribía en las servilletas de las tabernas donde se emborrachaba con tequila.
Cuesta creer, analiza Sánchez Pascual en su obra, que un poeta que fundó y dirigió una revista importante, que un poeta que ganó el Premio Nacional, que un poeta que escribió el mejor poema del destierro español, haya terminado como terminó. "Fue un hombre que, como consecuencia de la guerra y del exilio, vivió sus últimos años de la forma más esperpéntica que pueda imaginarse".
Cansado, enfermo y lleno de nostalgia, Garfias murió olvidado en Monterrey el 9 de agosto de 1967. Se terminó así la vida del hombre que fue definido así por un poeta amigo: "Un vencido de la vida, un vencido de la familia, un vencido del ideario político, un vencido en el amor y vencido definitivamente en el propio aspecto físico".
* Si querés ver la columna en vivo, sintonizá los viernes a las 23 Lo que el día se llevó (lunes a viernes), por LN+: 715 y 1715 de DirecTV, Cablevisión 19 Digital y analógico/ 618 HD y Flow, Telecentro 705 Digital, TDA 25.3, Telered 18 digital y servicio básico y Antina 6 digital.
1Jubilaciones de Anses: quiénes cobran este viernes 20 de febrero
2Impsa: la primera empresa privatizada en la era Milei busca reactivar sus negocios en Venezuela
3De cuánto es el monto del exPotenciar Trabajo en marzo de 2026
- 4
Dos gigantes mineros refuerzan su apuesta por la Argentina y ratifican inversiones millonarias en litio y cobre





