
Las puntadas del sastre, con estilo argentino
Bertolino aprendió el oficio de su padre y exporta ropa informal
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El empresario textil Juan José Bertolino empieza a desandar el camino de su padre, un sastre porteño que, a mediados del 1900, no bien aprendió su oficio, buscó la tranquilidad de la ciudad cordobesa de Villa María para practicar su arte de vestir con clase a los varones de entonces.
En 2002, la experiencia de haber trabajado desde los 17 años en la sastrería familiar impulsó a Bertolino a fundar una marca de ropa para hombres, Pato Pampa, que se consigue en tiendas de todo el país y que desde ahora se exhibe en un showroom en Palermo Soho, en Capital Federal.
Empezó con 5000 camisas, que vendía en la capital cordobesa y en el interior de esa provincia; en la última temporada comercializó unas 60.000 prendas y facturó más de 3 millones de pesos. El emprendedor cree que lo mejor está por venir: ahora que se luce en una de las vidrieras del mundo, espera multiplicar varias veces su producción y ya diseña una estrategia de exportación de sus camisas, pantalones, camperas y sacos.
"Mi padre eligió la tranquilidad del interior para instalar una sastrería a medida", relata. "Desde allá nos desarrollamos hacia todo el país. Llegó la hora de la Capital, el mejor lugar de proyección hacia el mundo", dice, con marcada tonada cordobesa, este empresario de 47 años, y repite: "Más allá de los negocios que pueda cerrar en Buenos Aires, no abandonaría por nada mi casa de Córdoba".
El local de Pato Pampa recién inaugurado en la esquina de Jorge Luis Borges y Costa Rica está repleto de gente. Bertolino, escoltado por su mujer y sus tres hijos adolescentes, se dispone a relatar su historia. Espía la modesta sastrería de su padre y, sin apagar nunca la sonrisa, reconoce que le fue bien, que creció mucho. Pero no parece sorprendido: "Desde joven decía que iba a terminar teniendo una marca de ropa propia. Toda la familia ayudó mucho para esto".
Mientras trabajaba, supo tender contactos. Con la devaluación de 2002, que suprimió la importación textil, llegó su momento. "Supe que tenía que ponerme a producir", dice.
Pidió dinero a un amigo, que se transformó en socio capitalista, y empezó con las pruebas de lo que hoy es Pato Pampa. No fueron tiempos fáciles: por un lado, había que encontrar el nombre; por otro, desarrollar las prendas y encontrar las fábricas donde producir. En el verano de 2003, Bertolino contactó y puso en marcha un taller textil recuperado por 36 obreras del conurbano. "Era una fábrica abandonada, unas máquinas paradas metidas en un galpón", recuerda. "Ni una camisa tenían para hacer las obreras. Hoy trabajan a full ".
El empresario repasa aquel verano de trabajo en el caluroso galpón. Hicieron 39 tipos de cuellos como prueba hasta que llegaron al que querían: 5000 camisas salieron con el logo estampado de Pato Pampa a probar suerte en el otoño-invierno de 2003. Un viajante bastaba para recorrer la provincia de Córdoba y la de Buenos Aires. "Nos fue muy bien. No quedó nada", dice. Eso lo animó más.
Producción duplicada
Vinieron los sweaters, que empezaron a fabricar en un taller en Mercedes, en Buenos Aires, y los jeans, que hasta hoy producen en Pergamino.
En la segunda temporada la empresa duplicó su producción: 10.000 prendas poblaron los estantes, ya no sólo de Córdoba y Buenos Aires, sino de la mayoría de las provincias.
Los cinco viajantes contratados no podían creer que la ropa se vendiera como pan caliente. Así fue como los catálogos se engrosaron hasta ofrecer 300 variedades de camisas (la especialidad de la casa), jeans, sweaters, sacos y camperas de lana, tela y cuero.
"Hicimos unas 60.000 prendas en la última temporada", calcula Bertolino, que además generó un sistema de franquicias que incluye siete locales y que calcula sumar cuatro este verano en la costa atlántica. Con todo, Pato Pampa creó 33 puestos de trabajo directos y unos 200 indirectos.
Este crecimiento, superior a lo esperado, los impulsó a adelantar un año la apertura en Buenos Aires. "Ahora, con mayor visibilidad, vamos a crecer mucho más, y no sólo en el país", desliza Bertolino.
La exportación ya es un tema de su agenda. "Estamos en conversaciones hace más de un año con un empresario español, porque la idea es armar un showroom en Murcia, que funcione como franquicia", adelanta.
Pero aclara que no quiere apresurarse. "Estamos abocados a redondear la imagen. No nos vamos a apurar", dice. "Queremos cuidar la marca", agrega, y parece que hablara de un hijo más.






