Las razones por las que no llegan inversiones de Estados Unidos a la Argentina

Fuente: Archivo
Jorge Rosales
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12 de julio de 2019  • 19:59

WASHINGTON.- Hay un término que se utiliza cada vez con más frecuencia entre todos los empresarios y políticos norteamericanos cuando se habla de inversiones en la Argentina. Coherencia. "Habrá lluvia de inversiones el día que seamos un país coherente", describió descarnadamente un destacado diplomático argentino, que recibe a diario consultas sobre las condiciones políticas y económicas del país, a la luz de las elecciones presidenciales y de la crisis.

Las empresas norteamericanas que operan en la Argentina están midiendo las condiciones para invertir, con un ojo puesto en las encuestas y también en las probabilidades de que el país encare las reformas estructurales que garanticen la viabilidad de las inversiones.

Según Juan Cruz, exdirector para América latina del Consejo Nacional de Seguridad, en estos años no se aprovecharon las relaciones personales entre los presidentes Mauricio Macri y Donald Trump para que ambos países sacaran más provecho en materia de negocios.

Las inversiones extranjeras directas en la Argentina crecieron a un ritmo elevado en los últimos tres años, pero sólo representan el 8% del total regional. "Por qué no hay más inversiones en la Argentina", se preguntó Alejandro Díaz, director de la Cámara de Comercio norteamericana (AmCham). "Porque hay problemas de institucionalidad y cambio de reglas de juego", se respondió en un encuentro en esta ciudad organizado por esa entidad.

Las compañías norteamericanas, que en la Argentina aportan el 19% de las importaciones y el 23% de las exportaciones, sostienen que las razones que explican el freno a las decisiones de invertir en sectores productivos o de ampliar las ya existentes tiene raíces económicas, pero también políticas. "Inestabilidad política y falta de consensos de mediano y largo plazo para adoptar medidas estructurales; economía volátil y vulnerable a shocks externos; desequilibrios fiscales recurrentes, tanto de cuenta corriente como de balanza comercial y una inflación estructural que no cede", enumeran.

A esos, le suman la desconfianza en el peso y la falta de cultura por el ahorro de los argentinos, que explica, entre otras cuestiones, un mercado de capitales insignificante en el país.

A la hora de describir las oportunidades de inversión que imaginan, más allá de Vaca Muerta, la estrella que atrae a todas las miradas, los empresarios ubican al tope de las preferencias al sector de los servicios y a la producción de alimentos. Hoy el sector de los servicios representa el 8,3% de las exportaciones del país y el 6,5% del empleo registrado. Según los inversores norteamericanos, la Argentina tiene ventajas comparativas en América latina por su talento innovador, que podría generar unos 415.000 puestos de trabajo hacia el 2030 y generar exportaciones por 15.000 millones de dólares.

El sector agroindustrial con alta tecnología aplicada es el que mejor está preparado para afrontar el aumento de la demanda global de alimentos, sostienen los inversores. El año pasado registró exportaciones por 30.000 millones de dólares. En los bancos creen que un crecimiento sostenido en los países emergentes le darán a la Argentina una gran oportunidad para desarrollar y expandir ese sector.

¿Qué falta para que se destraben esas inversiones, que incluyen también el sector de energías no convencionales y el turismo? Las compañías repiten aquello de la coherencia, pero también que se lleven adelante las transformaciones estructurales con foco en un sistema previsional sostenible, un sistema educativo alineado con las demandas laborales y una reforma de la legislación del trabajo.

Allí también ubican a la demorada reforma tributaria para ir hacia un sistema equitativo y de menor presión impositiva, que, según los empresarios es una de las más altas de América latina.

En este contexto, la posibilidad de un acuerdo de libre comercio entre la Argentina con Estados Unidos, que incluiría a Brasil, se ve como una alternativa de largo plazo. "Nos encantaría, pero es un trabajo arduo que llevará unos tres o cuatro años", reconoció una fuente diplomática. Por el momento, este tema no ha evolucionado más allá de la intención política de llevarlo adelante.

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