Latinoamérica combate la comida chatarra

Amy Guthrie
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30 de diciembre de 2013  

CIUDAD DE MÉXICO—Desde un impuesto en México a las bebidas azucaradas hasta leyes que prohíben juguetes en las Cajitas Felices en Chile y Perú, América Latina se está convirtiendo en un laboratorio para políticas públicas diseñadas para alejar a los consumidores de la comida procesada.

Desde 2012, Perú, Uruguay y Costa Rica han prohibido la comida chatarra en las escuelas públicas. Ecuador promulgó hace poco un sistema de etiquetas con información nutricional inspirado por los semáforos, en el cual niveles altos de sal, azúcar y grasa serán señalados con un círculo rojo y contenidos más bajos tendrán círculos amarillos o verdes. Además, se les prohibirá a los productores industriales de alimentos emplear imágenes de personajes animales y de caricaturas o celebridades para promover productos con alto contenido de sal, azúcar o grasa.

En octubre, el Congreso de México aprobó un impuesto especial de 8% a los alimentos envasados como las papitas, además de un gravamen fijo de un peso (unos US$0,08) por litro a las bebidas azucaradas. El gravamen a las gaseosas es considerado por muchos como el intento más importante hasta la fecha por reducir el consumo de bebidas azucaradas en un país grande, tomando en cuenta que México es el segundo mayor mercado de Coca-Cola Co. por volumen de ventas. En Colombia, el ministro de Salud y Protección Social, Alejandro Gaviria, ya sugirió la implementación de un impuesto a las gaseosas en su país.

Se han propuesto regulaciones similares en países más desarrollados, aunque a menudo han sido rechazadas. No obstante, en América Latina, donde muchos gobiernos se inclinan hacia la izquierda —y no siempre tienen las mejores relaciones con las empresas—, los incentivos para comer de forma más saludable podrían arraigarse y luego expandirse a otras regiones.

Barry Popkin, profesor de la Universidad de Carolina del Norte y autor del libro The World is Fat (algo así como "El mundo está gordo"), señala que el impuesto a las bebidas en México podría seguir el mismo curso que las políticas para disuadir el uso del tabaco, que han ganado terreno en muchos países. "Tendremos pruebas dentro de un par de años. Es entonces cuando se empieza a ver el efecto dominó".

La obesidad se ha convertido en un gran problema en América Latina, y la tendencia coincide con que la región se está convirtiendo en una importante fuente de crecimiento para las empresas multinacionales de alimentos y bebidas, cuyas ventas disminuyen en sus principales mercados. En 2012, el volumen de ventas de alimentos de PepsiCo Inc. en Latinoamérica aumentó 13%, mientras que cayó 1% en América del Norte. América Latina generó más del 12% de las ventas globales de US$65.500 millones de la compañía este año.

Las multinacionales argumentan en reuniones privadas con funcionarios que los snacks son un alimento básico para los pobres. Las empresas también resaltan su papel de inversionistas, empleadores y contribuidores al crecimiento económico. No obstante, evitan poner trabas judiciales a leyes ligadas a la comida chatarra por miedo a ser consideradas malas ciudadanas corporativas.

La presión de las empresas ha frenado iniciativas en algunos países. En Chile, los legisladores prohibieron juguetes en restaurantes de comida rápida como parte de una amplia ley para regular la comida chatarra. Sin embargo, cuando el Ministerio de Salud emitió las normas en julio de 2013, permitió a las compañías regalar juguetes y calcomanías siempre y cuando tuvieran una marca registrada.

Guido Girardi, senador y médico que redactó la ley para combatir la comida chatarra, prevé que Chile se vuelva más estricto con los alimentos procesados una vez que Michelle Bachelet, quien es socialista y pediatra, regrese a la presidencia en marzo. Además, espera ganar su apoyo para un impuesto a las bebidas azucaradas.

Woods Staton, presidente ejecutivo de Arcos Dorados Holdings, el mayor operador de restaurantes de McDonald’s en América Latina y el Caribe, dice que su cadena ofrece comidas balanceadas, con sal, grasa y azúcar agregados dentro de los límites dietéticos.

Los investigadores ven una correlación entre los países con serios problemas de salud y el alto consumo de snacks, gaseosas y otros alimentos industrializados.

Los mexicanos destinan 45% de sus gastos familiares en alimentos a la comida envasada, según Euromonitor International, mientras que los chilenos gastan 63%. En ambos países, cerca de siete de cada 10 adultos, y casi un tercio de los niños, sufren de sobrepeso.

Nota completa wsjamericas.com

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