Libros para colorear: un éxito editorial que no respeta las edades

De la mano de los mandalas y los personajes de películas, la moda de las publicaciones para ilustrar pensadas para los adultos llegó al mercado local, con tiradas que no bajan de 5000 ejemplares
Sofía Terrile
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23 de noviembre de 2016  

A mediados de este año, un titular inusitado copó los medios anglosajones: había escasez de lápices de colores. No se trataba de aceite ni de pañales, pero el efecto desesperante fue el mismo. La causa del problema también resultaba insólita: en un fanatismo sin precedente, los adultos de Europa y América del Norte se habían subido a una ola de libros para colorear que, sólo en Estados Unidos, logró que en 2015 se vendieran 12 millones de copias, un 1200% más que el año anterior, según la consultora Nielsen. La moda no tardó en llegar a la Argentina, con variantes desde motivos botánicos hasta personajes de películas famosas, y tiradas que no bajan de 5000 unidades.

¿Cómo fue el nacimiento de este frenesí? Al menos en la Argentina, las editoriales locales rastrean el origen alrededor de 2010, cuando se masificaron los mandalas -representaciones simbólicas del hinduismo y el budismo- para pintar. Vik Arrieta, cofundadora de la tienda de ilustración y diseño Monoblock, explica que los libros para colorear también se enmarcan en la aparición de los "libros de actividades para adultos", similares a los manuales para chicos: llenos de instrucciones, pero con giros para un público más entrado en edad, que los utilizan para darle impulso a la creatividad. Un ejemplo es Destroza este diario, de Keri Smith, una obra que invita a ser intervenida en cada página.

Monoblock tiene un desarrollo propio sobre imágenes típicas de Buenos Aires, que además se pueden recortar y transformar en postales, y otro junto a la ilustradora Powerpaola. Las temáticas que abarca la categoría "libros para colorear para adultos" son infinitas: incluso hay ediciones para los nostálgicos del punk de los 70. Daniel Flores creó Pintó el punk! con 20 tapas de discos de los Ramones y The Clash, entre otros. "Lo compran padres para regalárselo a sus hijos, melómanos y algunos que desean quedárselo como objeto de colección. Tuvo más éxito en ferias y librerías alternativas que en lugares tradicionales", detalla.

Los precios de este tipo de libros oscilan entre los 80 y los 500 pesos, y los diseños que presentan son más complejos que los de los libros para colorear para niños. Los autores y representantes de editoriales coinciden en que el hecho de que se resaltara la condición de "desestresantes" y "relajantes" de estos productos fue la clave para que las ventas se dispararan. En el caso de la editorial Planeta llevaron ese valor a otro nivel y hace unas semanas editaron Mandalas de ¡Viva la diferencia!, con frases de la psicóloga y escritora chilena Pilar Sordo. "Es un lindo maridaje: unimos dos cosas que a la gente le hacen bien", dice Adriana Fernández, gerente editorial de la compañía.

El valor de "una manualidad fácil" que convierte "a todos en artistas" fue otro pilar del éxito. Muchos ejemplares tienen un troquelado que permite cortar las obras terminadas y exponerlas o regalarlas. Luz Henríquez, directora editorial de El Ateneo, subraya que para su línea Arterapia realizaron una alianza con una empresa de lápices de color. Además de la facilidad para "marketinearlo", se trata de un producto que amplía los horizontes de las editoriales. Henríquez añade que pudieron colocar su línea para colorear en casas de regalos y librerías artísticas, y que "funcionó bien en muchos canales". Asimismo, las obras más famosas fueron fuente de merchandising. V&R Editoras, la firma que se encargó de que las ilustraciones de Johanna Basford llegaran a la Argentina, también lanzó postales y cuadernos de notas de El jardín secreto. A la autora escocesa le fue bien en el país: lleva 150.000 ejemplares impresos en un año.

Los representantes del sector no dudan en indicar que el público que los consume es mayormente femenino. María Inés Redoni, CEO de V&R Editoras, explica: "Tiene una gama amplísima de edades, porque si bien hay un especial foco en personas de 30 años para arriba, también tuvo éxito en la gente mayor. Cuando empezamos con los mandalas, su mejor lugar de venta eran los geriátricos, porque representan un método fácil de recreación".

Hace unas semanas, algunos medios estadounidenses reportaron que varios seguidores de Hillary Clinton recurrieron a ellos para evitar la angustia tras la fallida elección. "Los padres están retirando los dibujos de sus hijos de la heladera para reemplazarlos por los suyos", aseguró la autora de El jardín secreto. Las últimas noticias que llegaron de los libros para colorear destinados al público adulto tampoco dan pistas de que la locura esté terminada.

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Mundo de colores

Son los miles de ejemplares que lleva vendida la escocesa Johanna Basford en el mercado argentino con su libro de postales El jardín secreto

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