Lo que en verdad sostiene a la IA
Cuando los modelos y productos se copian cada vez más rápido, la verdadera ventaja competitiva pasa por la cultura, el talento y la forma en que una organización distribuye el poder y construye identidad
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El término moat (foso, como el de los castillos medievales) fue popularizado como metáfora de ventaja competitiva por Warren Buffett, que lo usó para describir empresas con protecciones estructurales que los competidores no pueden cruzar fácilmente. En el “año de los agentes” de IA podríamos suponer que quien tome la delantera en ese ecosistema, estaría generando ese “foso” que la separe del resto. Pero esta semana, Jaya Gupta, una de las voces más interesantes del ecosistema tecnológico de Silicon Valley, tiró por tierra esa idea.
Gupta es socia de Foundation Capital y fue quien acuñó el concepto de “context graph” para describir cómo los agentes de inteligencia artificial capturan el razonamiento detrás de las decisiones. Pero su reflexión más reciente apunta a algo que está por encima que cualquier arquitectura tecnológica: el verdadero diferencial competitivo de la era de la IA no es el modelo, ni la interfaz, ni siquiera la velocidad de producto. Es la organización que los sostiene. “Cuando los modelos mejoran rápido, las interfaces convergen y la velocidad de producto se vuelve barata, las partes visibles de construir una empresa son cada vez más fáciles de imitar”, escribe Gupta. “Lo difícil de copiar es la institución que existe debajo”.
En otras palabras: el nuevo moat, ya no reside en la innovación tecnológica. Vive en la forma en que una compañía atrae personas excepcionales, organiza su ambición, concentra el juicio colectivo y distribuye la autoridad. Vive en la cultura, en el ownership, en la velocidad de decisión.
Lo que sostiene Gupta es que si el producto puede copiarse y las categorías tecnológicas se renombran cada pocos meses, lo que prevalece es la pregunta de qué tipo de institución estamos construyendo. Y esa pregunta deja al descubierto la brecha entre lo que se promete y declama y lo que realmente se estructura. Porque las promesas que no tienen correlato en la estructura son promesas vacías. Si una empresa dice que valora la proximidad con el cliente pero ese trabajo tiene bajo estatus interno, la promesa es falsa. Si dice que promueve el ownership pero centraliza todas las decisiones, la promesa es falsa. Las personas talentosas lo detectan antes de que puedan articularlo con palabras y, si pueden, se llevan su talento a otro lado. Las mejores empresas del mundo, dice Gupta, no compiten solo por mercado o compensación: compiten por identidad. Le ofrecen a las personas ambiciosas algo que pocas organizaciones pueden dar: la posibilidad de convertirse en alguien que de otra manera no podrían ser. Son, en ese sentido, inventos organizacionales tanto como tecnológicos. La IA no va a hacer más fácil construir esa clase de institución. Va a hacer más evidente quién ya la tiene y quién no y también quién está dispuesto a hacer el trabajo de intentarlo.
Sonido recomendado para leer esta columna: People Are Strange", The Doors.
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