
Los delitos de guante blanco
Según estudios, los sectores más perjudicados son el financiero, el de las manufacturas, gas y petróleo, la construcción y la salud
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Con la globalización de los negocios, las economías del mundo se encuentran cada vez más interconectadas. Es común que compañías extranjeras adquieran o establezcan sociedades con empresas locales, provocando una mezcla de culturas que en muchos casos es caldo de cultivo para que se cometan los delitos de "guante blanco".
Hay tres grandes ramas para clasificar la naturaleza del fraude en las organizaciones: la apropiación indebida, la corrupción y los informes fraudulentos.
En opinión de Pedro Fabiano, presidente del Capítulo Argentino de la Asociación de Examinadores Certifi cados de Fraude, con sede en EE. UU., la apropiación indebida representa la forma más común de fraude ocupacional. Las transacciones en efectivo y en cuenta corriente son las más frecuentes y constituyen más del 80% de los casos conocidos.
En el segundo de los casos mencionados, el experto dice que existen cuatro tipos de corrupción: soborno, obsequios ilegales, conflicto de intereses y extorsión económica. Estos hechos representan alrededor del 10% de los fraudes. Respecto de la tercera categoría, los informes fraudulentos, Fabiano explica que éstos básicamente se limitan a los estados contables y representan el 5% de los casos.
"En toda comunidad, y la empresa es una comunidad -explica Walter Larriva, gerente de Riesgo de Arthur Andersen-, se da la regla del "10-80-10", que indica que dentro de una organización hay un 10% de personas honestas, otro 10% de personas que son definitivamente honestas y un 80% de personas "normales"". O como bien los define Fabiano: "Ese 80% son tan honestos como la situación se los permita".
También existe una relación directa entre el delito y el nivel educativo de los empleados. En este punto, el trabajo elaborado por la Asociación de Examinadores Certi- ficados de Fraude destaca que el 58% de los delitos analizados fue cometido por empleados no jerárquicos, el 30% por gerentes y el 12% por ejecutivos de muy alto nivel.
Sin embargo, los guarismos se invierten cuando se analizan las pérdidas. Mientras que los fraudes producidos por el personal no jerárquico fueron, en promedio, de US$ 60.000, los delitos de los gerentes rondaron los US$ 250.000 y los cometidos por los ejecutivos se situaron en US$ 1 millón.
Al referirse a los sectores más perjudicados por estas maniobras delictivas, Fabiano señala en primer lugar el sector financiero, seguido por el de manufacturas, gas y petróleo, construcción y salud, mientras que la educación es el segmento que experimenta las pérdidas más bajas en este tipo de delito.
Los casos
Javier Casas Rua, responsable de Servicios Financieros de Price WaterhouseCoopers, contó a La Nación ejemplos de maniobras delictivas que se encuadran dentro del tipo de fraudes.
Al parecer, hay varios casos de fraudes que se producen utilizando cuentas inactivas de clientes de cuentas corrientes o cajas de ahorro.
"Un caso recientemente ocurrido en el país -explica Casas Rua- consistió en utilizar cuentas de sociedades con poco movimiento y con límites de crédito acordados para girar en descubierto que no estaban siendo utilizados por los clientes. Se efectuaban débitos internos a dichas cuentas tomando los fondos y registrando la salida por la caja de la sucursal. Paralelamente -continúa-, no se enviaban los extractos de cuenta a los clientes para evitar el control de sus saldos y los fondos extraídos eran desviados a una supuesta "mesa de dinero" comandada por el propio personal del banco".
Los fondos se prestaban fuera de la institución y luego de un tiempo volvían a ingresarse por caja como créditos internos en las cuentas de dichos clientes. El beneficio por el uso de los fondos quedaba en manos de quienes perpetraban el delito. ¿Cómo se llegó a descubrir esta maniobra fraudulenta? Mediante un procedimiento rutinario de la auditoría de solicitar a los clientes que confirmen sus saldos a determinada fecha.
Otro caso típico de fraude por desvío de fondos en el sistema financiero argentino y que se ha repetido constantemente en varios de los bancos que quebraron o fueron intervenidos por el Banco Central, es el otorgamiento de préstamos a personas físicas que nunca recibieron los fondos o personas jurídicas constituidas como "sellos de goma". En los últimos años se han descubierto casos significativos de fraudes en créditos de consumo de mucho volumen de operaciones y reducido monto individual.
El ejemplo está relacionado con préstamos originados por un intermediario entre el banco y los clientes. En este caso una casa de venta de artículos del hogar que operaba en distintas zonas del interior del país, relacionada con distintas mutuales de personal de reparticiones públicas.
"El intermediario -señala el responsable de Servicios Financieros de Price- originaba las solicitudes de crédito en contacto con el cliente y entregaba la documentación supuestamente firmada por éste al banco. La institución financiera entregaba los fondos al intermediario, quien debía entregarlo al cliente. La cobranza también era recibida en las cuentas del intermediario y luego rendida al banco. Ocurrió -agrega- que los fondos eran desviados por el intermediario hacia otros clientes suyos o utilizado para otros fines, mientras que en los registros del banco los préstamos cargados en el sistema de información figuraban a nombre de clientes reales del banco pero que nunca recibieron los fondos." Peritos calígrafos descubrieron que los documentos y solicitudes eran firmados por la misma persona, supuestamente personal del banco en connivencia con el intermediario. Se trató de un fraude que involucró a más más de 6000 operaciones por más de US$ 10 millones.
¿Cómo se conoció? También aquí ciertos clientes confirmaron no tener esos saldos pendientes de pago. Sus préstamos tenían saldos menores a los registrados por el banco.
Comercio exterior
En la reciente crisis financiera del "tequila", y también en casos de bancos liquidados en la década del 80, hubo maniobras fraudulentas utilizando los sistemas de compensación de los países miembros de Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi). Casos reales ocurridos en el país fueron detectados por el Banco Central de la República Argentina, al descubrir que debían compensar cifras millonarias de operaciones de comercio exterior que nunca se realizaron.
Según explica el experto de Price, se armaban legajos con documentación falsa de exportaciones de supuestos clientes del banco argentino hacia países como Uruguay, donde el importador era una empresa fantasma armada para tales fines.
Estas maniobras fueron en perjuicio del gobierno argentino. En definitiva, de la sociedad, que los pagó mediante la inflación y el déficit.
Actualmente los controles sobre estas operatorias se han incrementado significativamente.






