Los monopolios, un vicio de todas las épocas
Sin competencia, no hay incentivos para la eficiencia y los consumidores pagan de más, según Penrose y Galbraith
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Es difícil encontrar a alguien que defienda a los monopolios, como se denomina a los casos en los cuales un bien es provisto por un solo oferente, o por varios que, como se ponen de acuerdo, actúan como si fueran uno solo. Pero, estrictamente, ¿cuál es el problema y qué puede hacer el Estado al respecto?
Para averiguar esto entrevisté a la norteamericana Edith Tilton Penrose (1914-1996), quien, junto con su esposo, resultó víctima del macarthismo, y migró a Australia, donde en 1959 publicó La teoría del crecimiento de la empresa ; y al canadiense John Kenneth Galbraith (1908-2006), profesor en Harvard, "zar" de los precios durante la Segunda Guerra Mundial, embajador de los Estados Unidos ante la India, autor de La sociedad opulenta y de El nuevo Estado industrial . Para algunos fue el economista más grande de la historia; para todos fue el más alto, porque medía más de 2 metros.
-Existe una teoría neoclásica del funcionamiento de las empresas, pero no es la única.
Penrose: -Efectivamente. Para mí cada empresa es única, por cómo utiliza los recursos, fija objetivos y trabaja en equipo. Por eso puse el acento en la dinámica del crecimiento de las firmas. También cabe citar los aportes de Herbert Alexander Simon, Harvey Leibenstein y Richard Michael Cyert. La "corriente principal" del análisis económico nos está tomando más en serio.
-¿Cuál es el problema con los monopolios?
Galbraith: -Los monopolistas no hacen "lo que quieren"; por ejemplo, no pueden vender productos para los cuales no hay demanda, pero pueden producir y vender menor cantidad que la que fabricarían y venderían los competidores y, por consiguiente, cobrar mayor precio. Complementando el análisis neoclásico, en la conferencia presidencial que en 1972 pronuncié en la Asociación Americana de Economía sostuve que si queremos entender el funcionamiento práctico de las grandes corporaciones, no podemos ignorar el fenómeno del poder.
-Explíquese.
Galbraith: -La reacción de los monopolistas a la creación de un impuesto no pasa sólo por un ajuste de precios y cantidades, sino que incluye el lobby destinado a revertir la medida y hasta a hacer echar al funcionario "que no entiende".
-¿Por qué hay monopolios?
Penrose: -Por razones naturales (una sola línea de subte por calle), economías de escala o determinación estatal o de las mafias. El rey, o el gobierno, puede determinar que en un país una sola empresa venda tabaco o reaseguros; una organización mafiosa determina qué mendigo pide en cuál esquina. Para que se pueda ejercer el poder monopólico, los demandantes no tienen que tener a su alcance fáciles sustitutos del bien en cuestión.
-¿Son los monopolios un fenómeno transitorio o permanente?
Galbraith: -Tienen que trabajar para durar. El cambio tecnológico puede jugarle malas pasadas a quien se cree monopolista (la telefonía celular a la telefonía fija), como sabe el empresario emprendedor o shumpeteriano. Mantener un monopolio de origen estatal o mafioso también cuesta, porque permanentemente hay que cultivar el favor del funcionario de turno o del jefe de la mafia, y esto nunca es gratis.
-William Jack Baumol piensa que los monopolios pueden ser un signo de eficiencia.
Penrose: -Cuando los costos de entrada son pequeños. Si cualquiera, fácilmente, se puede instalar en una ciudad para fabricar y vender el producto "x" y observamos que hay un solo productor de ese bien, puede ser que sea tan superior al resto que nadie se anima compitiendo a "desafiarlo". Por eso, la teoría de Baumol se denomina de los mercados desafiados.
-¿Cómo se combate a los monopolios?
Galbraith: -Dentro del sector privado, a través de lo que denominé el "poder compensador", por ejemplo, el ejercido por los sindicatos. Además, fortaleciendo al poder político que actúa pensando en la población y aplicando el análisis económico. En el caso de una mercadería, por ejemplo, posibilitando que la oferta extranjera limite la explotación monopólica por parte del productor local.
-A ambos, muchas gracias.






