Los surtidores no le creen al Indec

Diego Cabot
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26 de noviembre de 2013  

Cada vez que se despacha un litro de nafta en un surtidor de la Argentina no sólo se compra combustible, sino que se desmiente al Indec y al mercado cambiario. Los índices inflacionarios del organismo quedan vapuleados cuando se mira el aumento que registró la nafta desde 2008 , cuando Néstor Kirchner propició el ingreso de la familia Eskenazi en YPF . Desde entonces, cada año la suba fue del doble de lo que publican las estadísticas oficiales.

Quien a partir de hoy se acerque a un surtidor también correrá el velo de ficción del mercado cambiario. El litro de nafta está, centavos más o menos, en el rango de los valores del dólar blue, lejos del dólar oficial que los ciudadanos comunes ven sólo en las pizarras, salvo algunos viajeros afortunados.

En los 10 años que lleva el kirchnerismo manejando con una intervención de hecho los precios en los surtidores existen dos etapas. La primera, de 2003 a 2008, cuando el especialista en mercados regulados Grupo Petersen compró sin dinero el 15% de las acciones de YPF. En febrero de 2008, cuando se selló la operación, el precio del litro del combustible más usado por los particulares tenía un precio de 1,949 pesos en las estaciones de la petrolera ahora estatal. Los cinco años que siguieron a la salida del 1 a 1, cuando el precio era de aproximadamente un peso/dólar, el aumento fue de casi 100 por ciento.

Pero todo cambió con la gestión de Eskenazi. Desde entonces, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, decidió mirar para otro lado. El precio del combustible pasó de aquellos 1,949 a estos 8,34 pesos por litro, lo que significa un aumento de 328% en cinco años.

En los primeros 10 meses de gestión privada, el precio de la nafta promedio en las estaciones de YPF era de 2,653 pesos por litro. Esos primeros tiempos de management con aceitados lazos con el kirchnerismo, la petrolera recompuso los precios de la nafta súper 26%. En ese mismo período la inflación, según el índice elaborado por Buenos Aires City y el Congreso de la Nación, llegó a 26,7%. Fue el inicio de un ciclo en que la nafta copió o superó los índices de inflación real. En 2009, la inflación fue de 16,5% y la nafta aumentó 22%; en 2011, la relación fue 27 contra 22,5%, y el año pasado los movimientos fueron calcados: ambos subieron 23 por ciento.

Hay una cosa más. Por cada litro de combustible que se vende, el Estado se lleva 28% con la tasa de combustibles (ITC), otro 12% por IVA (se paga por el valor neto de impuestos), 3% por Ingresos Brutos y otro 2% va al Fondo Hídrico. Es decir, cuando aumenta la nafta el Gobierno genera un efecto más: ajusta por inflación un precio que genera una recaudación que en épocas de vacas flacas es muy importante.

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