
Los turistas siguen conectados
MAR DEL PLATA.- Varios de los anuncios veraniegos, ambientados en las playas, muestran personas que dan las espaldas al mar. El de Telefónica, uno de los más importantes, está dominado por la figura de un guardavidas que en vez de apuntar con los binoculares en el sentido correcto es atraído por lo que sucede en tierra firme.
El encabezado "Este verano nadie se va a querer perder los eventos de Telefónica" justifica el giro en redondo, pero en verdad ninguno de los que frecuentan los principales balnearios en enero necesita que se lo expliquen. Queda en claro que la diversión ya no está en el agua sino en las tentadoras opciones que ofrecen las empresas, sin necesidad de mojarse, en la era de las promociones y los patrocinios.
Los eventos de Telefónica abarcan desde conciertos y torneos de beach polo hasta el auspicio de la reciente Copa del Mundo de rugby y de una clínica de golf con la participación de los consagrados Romero y Cabrera. El calendario veraniego de la empresa, uno de los más amplios, incluye también atracciones en Miramar, Pinamar, Cariló y Punta del Este. El congelado Walter, protagonista virtual de la publicidad de Telefónica, revivió a tiempo para bautizar un festival de rock al estilo de los años 80.
Las compañías telefónicas y las que brindan servicios interactivos están entre las más activas del verano. Los carteles de Telecom llegan con su desafío hasta el borde mismo de los balnearios con la oferta de la flamante Tarjeta Global Verano, dotada con fuertes descuentos, y paradores como el que America Online abrió en Playa Grande tientan a todos aquellos que desean seguir conectados, gratuitamente, con su correo electrónico o prefieren la navegación más segura de Internet.
Ofensiva telefónica
Este verano, definitivamente, es más fácil hablar por teléfono o usar el correo electrónico que bañarse, esa antigüedad. En las playas hay más cabinas telefónicas por metro cuadrado que en las grandes ciudades del país, y los primeros turistas en llegar a sus departamentos en Mar del Plata no recibieron, como era previsible, la oferta de servicios de un balneario o el anticipo del menú de un restaurante del puerto, sino una llamada de Telecom que los invitaba a pasarse de proveedor telefónico.
Con todo, las telefónicas no fueron las únicas en tomar por asalto los grandes centros veraniegos de la costa atlántica. Camiones que transportan grandes carteles publicitarios circulan por las avenidas, algunos de ellos provistos de video wall. El Nintendo Truck, del Automóvil Club Argentino, está equipado con consolas para que los chicos puedan seguir entreteniéndose con Pokémon, Donky Konk y otros juegos, como si no hubiesen salido de Buenos Aires.
Otras firmas apuestan a los espectáculos culturales; es el caso de Bagó, Compaq y Movicom, patrocinadoras de la megaexposición de Quinquela Martín que está abierta al público en el teatro Auditorium de Mar del Plata, y que en enero fue visitada por 100 mil personas.
Pero probablemente las únicas que pueden disputarle el liderazgo del verano a las telefónicas son las automotrices. En Playa Grande compiten, por la atención de los turistas, Fiat y Peugeot, pero cerca de allí, en la loma del Café Piazza, Seat desparrama lo mejor de su catálogo. En otros puntos de Mar del Plata estacionaron sus modelos Mercedes- Benz y Citro‘n.
Algunas de sus colegas eligieron balnearios más lejanos. Los vehículos de Mitsubishi, por ejemplo, se divierten en los médanos de Pinamar, donde ofrecen travesías y cursos de conducción auspiciados por La Nación . Ford concentró sus esfuerzos en Punta del Este. Pero la inversión más fuerte, probablemente, fue la que demandó el "Mundo Renault", en Punta Mogotes, presentado como "el evento promocional más importante de los últimos años".
Eugenio Velayos, de la Red Renault, y Juan Carlos Socca, de Smith Group, firma especializada que desarrolló el entretenimiento, informaron que entre 1500 y 2000 personas se acercaron diariamente para disfrutar las atracciones de un parque temático formado por tres grandes "domos". En uno de ellos, los visitantes pueden conducir un auto de línea lanzado al límite de velocidad por medio de un casco de realidad virtual; en otro de los "domos", la novedad consiste en una "prueba de sensaciones" a bordo de una Scenic Z que recorre distintos lugares del país.
En la tercera unidad se proyectan varios videos simultáneos con sonido focalizado. Otra atracción es un simulador que permite realizar un exigente "test drive" de un modelo de la marca, sin moverse de su lugar.
Con respecto a otros años, se nota la ausencia de sampling o entrega de muestras gratis. Pero en compensación, cunden los fuegos artificiales (de Nextel, de Telefónica) y las banderas de las marcas. El riesgo de tanto despliegue visual es la saturación. Parado en lo alto de las majestuosas escalinatas de Playa Grande, y señalando la marea de insignias, sombrillas, carpas, cercos y toldos con los nombres de conocidos productos y servicios, Jorge Rivara, un experto porteño en marketing y comunicación comenta con humor: "Hay tantas marcas, que resulta más fácil, por descarte, averiguar cuáles faltan".






