Los uruguayos también creen que la crisis es política

Culpan a los dirigentes argentinos y a los de su país
Culpan a los dirigentes argentinos y a los de su país
Alejandro Rebossio
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23 de junio de 2002  

MONTEVIDEO.- Uruguay está en crisis y encuentra algunos de sus motivos en lo que sucede en la otra orilla del Río de la Plata. Sus ingresos por turismo se redujeron a la mitad por la menor llegada de vecinos. Sus exportaciones a la Argentina, su principal destino junto con Brasil, cayeron a un cuarto de lo que eran. La inmensa mayoría de los depósitos que se fugaron pertenecían a argentinos, que mudaron sus ahorros a Estados Unidos por el previsible contagio del efecto tango.

La devaluación del peso argentino, al igual que la del real, llevaron a que el gobierno de Jorge Batlle decidiera el jueves pasado dejar flotar su moneda, lo que ya está provocando las primeras remarcaciones de precios.

La mayoría de los uruguayos, sin embargo, no les echa la culpa a los argentinos. "No siento bronca contra ellos, demasiado es lo que están sufriendo", reconoce Ruth Dacunha, de 31 años, cajera de un almacén montevideano. Los ciudadanos culpan a los políticos de uno y otro lado del Plata, incluido el colorado Batlle, cuya popularidad cayó al 20%. El ex presidente Carlos Menem es el más fustigado. Mario Dieb, artesano de 46 años, no comprende cómo los argentinos soportan tanto y se queja de que su presidente haya prometido que los uruguayos no iban a pasar por lo mismo: "Ya hay devaluación y en la televisión argentina hablan de que puede haber corralito en Uruguay".

Los programas de Jorge Lanata y Daniel Hadad tienen más audiencia que los periodísticos locales.

La gente en la calle y los diarios advierten que ahora también influye la nueva crisis brasileña, tal vez más que la argentina. No obstante, algunos prefieren la autocrítica.

"Hablar de contagio es sacarse la responsabilidad de encima", dice Rubens, odontólogo de 56 años.

Ni la devaluación del peso uruguayo alteró la prudencia de los orientales, sólo asombrados por la ola de frío. Las casas de cambio de Montevideo permanecían el sábado sin colas, trabajando a ritmo normal y con las pizarras igual que anteayer. El dólar seguía cotizando a 21 pesos uruguayos, por encima de los 17 del miércoles pero por debajo de los 25 del jueves, cuando el ministro de Economía, Alberto Bension, anunció la libre flotación de la moneda.

"No pasó nada", describe Marcelo Rachetti, de 32 años, empleado en una casa de cambio. Marcelo admite que sólo compran dólares las grandes empresas y los que pueden ahorrar algo de su sueldo. Los importadores lo llaman para conocer la cotización de la divisa y trasladarla a sus productos.

Sol sin arbolitos

En la soleada capital tampoco se veían arbolitos, pues el mercado de divisas es libre. Tampoco pululaban ahorristas sacando dinero de los bancos. En la Ciudad Vieja, nadie formaba fila en el cajero automático de la sucursal del Banco de Montevideo, propiedad del Velox (dueño del 50% de los supermercados Disco), pese a que el Banco Central uruguayo lo intervino anteayer y reabrirá mañana bajo gestión estatal.

Desde que comenzó el año ya se intervinieron cuatro entidades financieras, dos de las cuales fueron suspendidas (Banco Galicia y la off shore Compañía General de Negocios).

Una sucursal del estatal Banco República en el shopping Montevideo permanecía ayer abierta, pero casi sin público.

"El dólar ha estado quieto. No hay efectivo en la calle", declaró un cajero. "La gente está a la expectativa. Prefiere esperar para ver qué pasa antes que comprar dólares o sacar sus ahorros", agregó. Sin embargo, admitió que los uruguayos aceleraron el jueves el retiro de sus depósitos para llevarlos a las cajas de seguridad de los bancos y a sus hogares.

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