Martín Berardi: "Creemos que habrá pragmatismo y que 2020 va a ser un año de transición para el país"

Antes de la reunión de Alacero en Buenos Aires, el presidente de Ternium Argentina aseguró que hay que crear condiciones de competitividad para crecer, exportar y generar más empleo
Francisco Jueguen
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9 de noviembre de 2019  

La figura de Martín Berardi, presidente de Ternium Argentina y de la Cámara del Acero, adquirirá un rol protagónico en los próximos días. No solo porque será el anfitrión en esta ciudad del Congreso Alacero, que reunirá a empresarios del sector, analistas y economistas del país, Brasil y México. Además, el ejecutivo será uno de los actores que convertirán ese encuentro en una vidriera para que el "círculo rojo" opine, en pleno de cambio de gobierno, sobre lo que la Argentina necesita para estabilizar su economía y volver a crecer.

"Creemos que habrá pragmatismo y que 2020 va a ser un año de transición", afirma Berardi. "Para lograr el superávit fiscal hay que crecer, pero para crecer hay que generar las condiciones", explica sobre la necesidad de cambios laborales y tributarios el ejecutivo que confía en que Vaca Muerta, el campo y la industria que agrega valor ya son el futuro.

Sobre la industria del acero y el comercio mundial, estimó que es necesaria una "apertura inteligente", con Europa, Estados Unidos y México, pero no con el sudeste asiático. "Es imposible competir con China", advierte el hombre de Techint sobre las tensiones abiertas a nivel global.

-¿Qué significará que Alacero se realice en la Argentina?

-Siempre es un honor que la industria de América Latina venga a la Argentina. Como presidente de la Cámara del Acero vamos a recibir [entre el lunes y el miércoles] a colegas que producen 70 millones de toneladas en un momento particular.

-¿Por qué?

-Hay una guerra comercial. En diez años, China va a ser tan grande como EE.UU. y eso está generando tensiones y cambios geopolíticos. EE.UU. reacciona ante una concentración de manufacturas en China. Donald Trump quiere cambiar eso y las negociaciones son complejas, lo que desató medidas como cuotas o impuestos. Esto está cambiando el comercio en todo el mundo. De la globalización controlada por la OMC estamos pasando a pactos bilaterales y a más regionalización.

-¿Qué rol tiene el multilateralismo en estas tensiones?

-La OMC prácticamente no está jugando como un regulador del comercio internacional. Fue un jugador importante. Pero la irrupción de China, que no estaba adentro de la OMC ni de la OCDE, con otras reglas, sin ser una economía de mercado, con fuertes subsidios y participación estatal en la producción de manufacturas, cambió el flujo del comercio. Fue muy atractivo por los bajos precios, pero generó muchas tensiones. Se perdieron muchos empleos. El comercio de América Latina, en nuestra cadena de valor, acero y metalmecánica, tiene un fuerte desbalance, lo que amenaza la posibilidad de agregar valor. Este es el llamado de atención. América Latina creció más que el resto del mundo en el boom de las commodities, pero cuando salimos de allí vimos una carga impositiva muy alta, y no hay lugar para agregar valor. Exportamos porotos de soja, y no tanto aceite o harina. Hay una fuerte primarización en la región.

-¿Cómo cree que la Argentina responderá a estos desafíos?

-La integración inteligente de la Argentina y de América Latina es con el Atlántico. Celebramos el acuerdo con Europa. Es positivo. Hay sectores que se quejan, pero hay años para adaptarse a la nueva realidad. Vamos a elegir qué producir y qué importar. Estamos en un mundo globalizado e interrelacionado. Necesitamos profundizar acuerdos con México y EE.UU. El sudeste asiático hoy juega a otra cosa.

-Siempre se habla de inserción inteligente, ¿qué es eso?

-Para vender materias primas no se necesitan grandes acuerdos comerciales. Pero sí necesitás reglas comerciales para vender productos manufacturados. Antes había reglas de juego con la OMC. La irrupción de China cambió esas reglas.

-¿Se puede competir con China?

-Hoy es imposible. China es otro deporte. Es una estrategia país.

-¿Cómo cree que encarará esta situación el nuevo gobierno?

-No lo sabemos. Hay que ver cuál es el nuevo gabinete. El mensaje es claro: no tenemos que cerrarnos. El mundo es globalizado, pero hay que negociar inteligentemente.

-Ustedes tienen presencia en México y Brasil, ¿son competitivos aquí como en esos países?

-Hay dos factores a tomar en cuenta, la carga impositiva y costo laboral. En 2017 hicimos una comparación tributaria. Nos dio que en la Argentina pagamos US$90 millones más que en Brasil y México. El foco eran Ingresos Brutos, Cheque y tasas municipales. De Seguridad e Higiene llegamos a pagar US$20 millones por año. Así crecés menos en la Argentina y tenés menos para invertir. La reforma impositiva a aplicar en cuatro años fue un gran avance del Gobierno. Estamos a mitad de camino. Es muy importante mantenerla.

-¿Cree que ese camino se profundizará o habrá una curva?

-Macri creyó que iba a haber inversiones y no las hubo porque hubo volatilidad, atraso del tipo de cambio, tasa de interés alta, pero -además- porque había una carga impositiva muy elevada que te daba una tasa de retorno muy baja. Y los sectores que invirtieron fueron los que tuvieron políticas sectoriales, como Vaca Muerta. Allí hubo un paliativo a esa carga fiscal. Se apostó al país.

-Pero la carga tributaria elevada en el país tiene como contracara el alto gasto público...

Lo que le dijimos al actual gobierno fue que mientras hacían la reforma fiscal podíamos poner un incentivo que permitiera hacer inversiones hoy. No nos pusimos de acuerdo. Con relación a la mano de obra, cuando atrasamos el tipo de cambio, el costo de mano de obra se va para arriba comparado con nuestros socios comerciales y nos cuesta agregar valor en la Argentina. Hoy estamos en niveles similares a Brasil y México. Es un vaso lleno. No es necesaria una gran devaluación en este momento. Hay una competitividad razonable con tus socios comerciales. La reforma impositiva está en el camino correcto. Este gobierno hizo un gran esfuerzo para llegar casi al equilibrio fiscal. No estás tan lejos para negociar la deuda. Aunque vas a tener que hacer un esfuerzo adicional, estás cerca. Siempre bajar algo de gasto es saludable, pero lo más importante es que cuando generás actividad, recaudás impuestos. Si paralizás la economía por una alta carga impositiva, la recaudación baja. Para lograr el superávit fiscal hay que crecer, pero para crecer hay que generar las condiciones. Crecemos exportando más e invirtiendo más, y eso genera empleo. El empleo genera el aumento de consumo. Entonces, para generar empleo hay que crear condiciones de inversión. Hay que sacar retenciones a las exportaciones y devolver los reintegros.

-¿Cómo imagina el acuerdo económico y social?

-Hoy es solamente un título. Creemos que va a haber pragmatismo y que 2020 va a ser un año de transición. Si hacemos las cosas bien, si logramos una negociación razonable con los acreedores, la Argentina es una tierra de oportunidades.

-¿Qué cree de la pesificación de las tarifas que se anticipa?

-En un mundo globalizado todas las cosas transables tienen precios internacionales. Si no pagás el petróleo lo que vale el petróleo, la petroleras van a sacarlo a otro lado. Si no querés pagar por el trigo lo que vale, el trigo se cosecha en otro lado. Lo que podemos manejar con inteligencia es la agregación de valor, el trabajo de nuestra gente y la carga impositiva. El precio del combustible se puede regular con los impuestos.

-¿Puede haber nuevas inversiones con cepo cambiario?

-Es un cepo de crisis. Es una puerta giratoria. No sale nadie, no entra nadie. Hoy es un torniquete necesario porque hay que parar la hemorragia. Pero con este torniquete no corrés.

-¿Brasil y la Argentina irán a dos velocidades con las reformas?

-Brasil está encarando temas de fondo que harán que la Argentina se mire al espejo sin queremos integrarnos.

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