
Más de un siglo en expansión
La cervecería Quilmes fue creada en 1887 por un inmigrante alemán
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Otto Peter Bemberg concretó su primera inversión en tierras cercanas al Río de la Plata a mediados del siglo XIX. Poco después de llegar de su Alemania natal, el inmigrante se dedicó a la importación de tejidos y a la exportación de lanas y cueros.
En 1887, comenzó a construirse en la localidad de Quilmes un establecimiento de fabricación de cerveza, cuna de lo que se transformaría en una compañía líder -y también centenaria- del mercado de las bebidas. La sociedad propietaria nació con el nombre de la Brasserie Argentine por iniciativa de Otto, su hijo, y otros inversores. La primera tirada de la espumosa bebida de malta llegó en 1890, cuando la planta fabril recibió energía eléctrica.
No tardaron mucho en llegar los planes de expansión. En la segunda década del siglo XX la joven compañía adquirió la cervecería Palermo, de Buenos Aires. Después fueron fundadas las cervecerías Norte y Andes, en Tucumán y en Mendoza.
Hacia la década del 20 se comenzó a producir malta de cebada en la Argentina, por iniciativa de la Casa Bemberg. En pocos años el país se convirtió en exportador y en 1923 la compañía se ofreció como garante para que el Estado pudiera emitir deuda en el exterior.
Las inversiones se sucedieron con los años, aunque con una interrupción: en la década del 50 la empresa fue expropiada por el gobierno de Juan Domingo Perón. Según contó hace unos años un directivo de la firma, esa circunstancia terminó por incentivar el consumo de cerveza, ya que el producto prácticamente se le regalaba a la gente.
En los 80, cuando el consumo per cápita registraba valores muy reducidos, nació el eslogan "el sabor del encuentro", que identificó a la cerveza Quilmes como una excusa válida para la reunión con amigos, el abrazo familiar o la oportunidad de conocer a otras personas. La estrategia funcionó y las diferentes acciones comerciales de la compañía tuvieron mucho que ver con el crecimiento de la venta del producto que, tradicionalmente, había sido muy bajo en la Argentina en relación con otros países como Brasil y Venezuela.
En 1989 se construyó una planta en la provincia de Corrientes, fabricante de la cerveza Río Paraná. Y en 1992 se inauguró un establecimiento en la ciudad bonaerense de Zárate: ese establecimiento tuvo inicialmente una capacidad de producción anual de 2,2 millones de hectolitros que se duplicó en 1994. Por ese entonces, cuando ya existían fuertes operaciones en el exterior, se integró la firma Quinsa, Quilmes Industrial SA, con la participación accionaria mayoritaria de la familia Bemberg. Una porción de la sociedad se les dejó a inversores de las bolsas de Luxemburgo -donde la compañía tiene su sede- y de Nueva York. Hasta hace unos años fue accionista de Quinsa la cervecería holandesa Heineken.
Con la adquisición, en 1997, de Bieckert, Quinsa pasó a ser propietaria de siete plantas industriales en el país.
A esa operación le siguió, en 1999, la compra de Buenos Aires Embotelladora SA (Baesa), la principal embotelladora y distribuidora de Pepsi Cola, y toda su línea de bebidas gaseosas en la Argentina y Uruguay.
El conjunto de marcas hoy comercializadas incluye a las cervezas Quilmes Cristal, Palermo, Liberty, Quilmes Bock, Quilmes Light, Iguana, Bieckert, Imperial, Stella Artois y Brahma. La empresa también incursionó en el mercado del agua mineral con una planta embotelladora en Tunuyán, de donde proviene el producto que lleva la marca Eco de los Andes. Además, distribuye las aguas Glaciar y Nestlé y las bebidas Gatorade y Tropicana.
En mayo de 2002, el grupo brasileño AmBev, dueño de la cerveza Brahma, adquirió el 37% de la sociedad que había nacido por la fuerza emprendedora de Otto. Esa operación dejó el control de Quinsa en manos de los descendientes del alemán. Pero la noticia conocida ayer abre un capítulo muy diferente en la historia.



