Murieron 6000 vacunos por la sequía
La falta de lluvia amenaza la siembra de maíz; en trigo sólo se cultivó un 25 por ciento de la superficie No hay tierras para el pastoreo y también se agotaron las reservas de forraje que tenían los productores En lo que va del año apenas llovió 216 milímetros
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EDUARDO CASTEX, La Pampa.- "Ojalá que llueva..., ojalá que llueva...", decía una y otra vez la empleada del hotel Cristal, en la entrada de esta población ubicada a 85 kilómetros al norte de Santa Rosa, la capital provincial, a cada uno de los pasajeros mientras les servía el desayuno.
Paradójicamente, los dueños del establecimiento mostraban a este enviado un recorte del diario local de hace dos años en el que se los ve con botas de goma y el vestíbulo inundado.
Y los deseos de la mujer en parte se cumplieron. Ayer por la mañana cayó un chaparrón, pero duró lo que un suspiro. Enseguida paró y salió el sol. En el campo, las gotas desaparecieron en el polvo. Son insuficientes para cortar una sequía de la que nadie recuerda algo similar.
Parece que el clima se ensañó con el departamento Conhello. La inundación de 2001, de la que todavía quedan algunos vestigios, había arruinado el 80 por ciento de la cosecha y de las pasturas.
Ahora, esta brutal sequía mató unos 6000 vacunos, dejó sembrar sólo el 25% de la superficie destinada al trigo -unas 100.000 hectáreas donde el cereal no se desarrolló bien por el déficit hídrico y al que se le echó la hacienda para pastorear-, impide recuperar las pasturas e implantar nuevas y amenaza seriamente con frustrar la campaña gruesa (girasol, maíz y soja), cuyos laboreos deberían haber empezado para que el 15 del actual se iniciara la siembra. De la cosecha gruesa anterior se perdió un 70%. Y para la próxima está todo muy atrasado, dicen los productores.
"Hace un año que no hay lluvias suficientes. El promedio histórico en esta zona es de 600 milímetros anuales, aunque el año pasado cayeron 742 y en 2001, 1500. En lo que va del año sólo llovió 216", dijo a LA NACION Raúl Casetta, presidente de la Asociación Agropecuaria de Eduardo Castex, entidad que representa a unos 800 productores. Según el dirigente en la zona de influencia, que abarca unas 510.000 hectáreas (de las cuales 200.000 son de monte de caldén), la actividad agropecuaria quedó afectada en su totalidad. Explicó que la ganadería, con unas 300.000 cabezas de vacunos para cría, recría e invernada, se quedó sin pasturas, porque las praderas no crecieron y las reservas se agotaron.
Desierto en la pampa
Los campos están desiertos, amarillentos y grisáceos en los bajos por el salitre que dejó la inundación; apenas se observan tenues verdes en algunas pasturas. "El auge de la agricultura, impulsado por el aumento en las cotizaciones de los granos, desplazó hacia esta zona muchas cabezas de ganado, lo que saturó la carga por hectárea y eso también incidió en el déficit que hoy hay de alimento", abundó Casetta.
Es común ver por las rutas y por los polvorientos caminos vecinales de tierra camiones que llegan desde la pampa húmeda con rollos para quienes aún tienen resto en el bolsillo para comprar reservas. La escasez impulsó impiadosamente los precios hacia arriba. Comentan aquí que hace seis meses un rollo de alfalfa costaba unos 70 pesos. Hoy, ese valor oscila entre 110 y 150 pesos, según la distancia desde donde se lo traiga.
"Ya en verano y otoño la hacienda comenzó a consumir las reservas que teníamos para el invierno. Los rollos no se pueden comprar porque están caros, por eso les damos maíz, pero igual estamos trabajando a pérdida porque los costos son muy elevados", dijo con resignación el productor y ex comisionista de hacienda Osvaldo Ortiz, de 63 años, con 1850 hectáreas "desérticas" en Rucanello, a 60 kilómetros de Castex, y que no recuerda sequía semejante.
Es desgarrador ver animales muertos de todos los tamaños. Un hedor completa el triste cuadro que sufren los productores. En pocos días más el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) quemará los restos de esta mortandad que empezó hace un mes, afirman.
A Ortiz se le murieron 40 de los 1000 vacunos de terceros que tiene en capitalización.
¿Por qué no sacaron la hacienda hacia otras zonas para evitar las pérdidas económicas y la desgarradora imagen de ver la muerte lenta de los animales echados en el suelo?
"Confiábamos en que iba a llover y esperamos y esperamos...", respondió Favio Ortiz, de 35 años, hijo del anterior, que alquila un campo vecino de 3820 hectáreas. A él se le murieron 80 vacunos "por porfiarle a la seca". Al igual que su padre trabaja con hacienda de terceros, la que en épocas mejores engorda y vende a porcentaje.
Por su parte, Hugo Daniel Cometto, de 40 años, tiene un campo de 733 hectáreas en Conhello, a unos 30 kilómetros de Castex, donde perdió, entre vacas madres y terneros, unas cien cabezas.
"El 2 de enero tuvimos la última lluvia beneficiosa. Fueron unos 50 milímetros que me engañaron, porque me puse a sembrar sorgo, maíz y mijo, para hacer fardos, y después nunca más llovió. El mijo creció cinco centímetros y se secó", indicó con sus manos curtidas por el trabajo que realiza desde los 15 años en unos potreros pálidos de aridez.
"Les debo plata a mucha gente y al banco", se lamentó este productor, que explicó que debió recurrir a ello para comprar siete camionadas de maíz y reservas, porque ya se les agotaron los 250 rollos que tenía. Su empleado, Oscar Busqué, reflexiona que "es triste ver cómo se mueren de hambre", mientras observa un ternerito echado y débil.
Animales sin defensas
En cuanto al estado sanitario de la hacienda, el veterinario Alejandro Malaisi, jefe técnico de la Fundación Conhello para la Sanidad Animal (Funcosa), señaló que los rodeos están muy delgados -y eso se comprueba a simple vista- y la falta de una alimentación adecuada les quita proteínas y vitaminas, con lo cual quedan sin defensas y susceptibles a enfermedades "por más que les hagamos tratamientos con inyectables". Además, las vacas pierden el celo, lo que retrasa los ciclos reproductivos.
La paradoja inundación-sequía tiene entre sus exponentes al pequeño pueblo de Monte Nieva que, con sus 600 habitantes, está situado a 13 kilómetros de Castex. "Hace dos años la laguna desbordó y nos quedamos sin pueblo porque fue evacuado, sin campos y sin animales", recordó Irma de Soncini, presidenta de la delegación local de la Federación Agraria Argentina (FAA), que representa a unos 30 chacareros, y que ahora, por la sequía, no pueden sembrar granos ni preparar pasturas para su ganado.
En tono suplicante, la dirigente reclamó ayuda en fardos y en otros alimentos para los animales de los pequeños productores de la zona.
Mientras tanto los días se suceden igual. Aparecen nubarrones, pero luego sale el sol y el viento levanta polvaredas que tapan el horizonte. "No perdemos las esperanzas", dijo el productor Cometto, y advirtió que "tiene que llover seguido de a 40 milímetros cada dos días y por lo menos durante tres meses como para que la seca se termine".
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