Bigotes largos. Cómo leer el contexto con más perspicacia y sensibilidad

La pandemia obligó a repensar la forma en que trabajamos
La pandemia obligó a repensar la forma en que trabajamos Crédito: Shutterstock
Andrea Churba
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29 de julio de 2020  • 12:14

En tiempos en que parece que todo lo sólido se desvanece en el aire, cuando el presente es inestable y el futuro es imprevisible, es más importante que nunca que podamos hacer buenas lecturas del contexto. Para ser más perspicaces en la observación y tomar las mejores decisiones posibles, no hay mejores maestros que los gatos.

Los gatos son curiosos, exploradores, ágiles, equilibristas. Pueden pasar entre los adornos sin tirar ninguno, recorrer la casa sin tropezar aun en la oscuridad y reaccionar rápidamente a un cambio en el ambiente incluso cuando están durmiendo. ¿Cómo lo hacen?

Al igual que sus antepasados salvajes, los gatos domésticos utilizan sus bigotes para navegar el territorio. Estos pelos largos y rígidos, llamados vibrisas, ubicados a cada lado de su hocico, encima de sus ojos, en su barbilla y en la parte posterior de sus patas, son sumamente sensibles, al punto de que pueden percibir movimientos y vibraciones en el aire que a los humanos nos pasan desapercibidos.

Central de informaciones

Al mover los bigotes, los gatos reciben la información del territorio y la envían al cerebro, donde se genera una imagen en tres dimensiones, muy detallada, de lo que está a su alrededor.

Usan estos poderosos detectores para orientarse, escaneando el entorno en busca de presas y peligros, y para medir distancias. Toda la información sensible que reciben los gatos a través de sus bigotes les permite eludir los eventuales obstáculos y evaluar si es seguro avanzar o saltar en una determinada circunstancia.

Los humanos podemos extraer lecciones útiles del comportamiento de los gatos para orientarnos mejor en la incertidumbre, reaccionar a tiempo, percibir las oportunidades y detectar con empatía el clima emocional de nuestro entorno.

¿Qué estamos viendo?

La amenaza vino de afuera, inesperada, traumática. Como animales que somos, el miedo nos puso los pelos de punta y desató en nosotros las naturales respuestas adaptativas al estrés.

De una pandemia no se puede huir, está en todos lados: la opción 1 quedó inmediatamente cancelada. El miedo paralizó a muchos, al menos al principio.

Nuestros bigotes helados sólo nos permitían detectar la contundencia de los datos duros: números que no cerraban, negocios y puestos de trabajo en peligro, imposibilidad de mantener los métodos habituales de trabajar y comunicarnos. Pero quedarnos quietos no es una opción para la supervivencia.

A pesar de la incertidumbre y las pérdidas, seguimos adelante, tanteando el territorio en el medio de la bruma. A medida que transcurrían los días empezamos a activar los bigotes y nos preguntamos si habría algún un camino posible. Sin perder la consciencia de las amenazas, comenzamos a detectar aromas de oportunidad.

Entretanto, caminando entre los obstáculos como los gatos, necesitamos estar alertas para actuar en forma oportuna. ¿Qué necesitamos hacer, ahora mismo, para adaptarnos mejor a las limitaciones del contexto? ¿Qué ya no sirve, y probablemente no vaya a servir después de la pandemia, y necesitamos dejar de hacer?

El futuro que podemos percibir hoy probablemente sea pura conjetura, pero es el único norte con el que contamos, y es vital que podamos mirar más allá del presente, aunque sea una hipótesis de no muy largo plazo.

¿En qué aspectos necesitamos cambiar, reajustarnos o transformarnos para ese mañana imaginado? ¿Estamos creando las condiciones? Y si percibimos en el aire una oportunidad, ¿nos animamos a saltar?

Bigotes empáticos

La amenaza para la vida y para la economía que trae la pandemia nos bombardea desde la realidad, los medios de comunicación y está en todas las conversaciones. Es, sin duda, un contexto de grandes riesgos y pérdidas dolorosas.

Pero no todos tenemos la misma respuesta emocional a lo que pasa. Algunos son corajudos, hasta temerarios, y siguen avanzando. Otros, en cambio, se dejan ganar por el miedo, el estrés y la ansiedad y se quedan quietos, dormidos o encerrados en pensamientos y conductas improductivas.

Como líderes, compañeros de trabajo, padres o miembros de una comunidad, extendamos nuestros bigotes para estar bien alertas a esa variedad de vibraciones, de modo que podamos despertar a los dormidos, acompañarnos entre todos con empatía y "contagiarnos" unos a otros las emociones que nos ayuden a seguir navegando juntos en esta odisea pandémica.

Si somos capaces de percibir caminos y oportunidades, aunque no tengamos una certeza absoluta de que resulte tal como lo imaginamos, ¿cómo podemos liderar la mirada de los otros en esa dirección? Es difícil caminar solos, necesitamos convencerlos de que nos acompañen.

Mejor aún es convertirnos en "activadores de bigotes" y estimular a otras personas a desarrollar su agudeza para leer el contexto, de modo que puedan encontrar caminos para sí mismos y para los que viajamos con ellos.

Bigotes en modo ON

Cuanto más sensible y aguda sea nuestra lectura de lo que pasa, tenemos más probabilidades de ser empáticos, tomar mejores decisiones y encontrar oportunidades y recursos donde parece que no los hay.

Mantengamos nuestros bigotes encendidos para reaccionar con buen timing cada vez que cambien las condiciones del contexto (¡y ojalá que nunca nos vuelva a tocar un cambio tan extraordinario como el que estamos viviendo!)

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