El management le robó el alma al flow
El estado mental que hoy prometen coaches, aplicaciones y gurús del rendimiento nació como una investigación sobre la felicidad; recuperar esa diferencia permite entender por qué el flow se parece más al disfrute que a la eficiencia
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En algún momento de la última década, el flow fue secuestrado. El estado que el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi pasó treinta años estudiando, esa condición de absorción total donde el tiempo se distorsiona, la autoconsciencia desaparece y la acción y la percepción se funden, se convirtió en un hack de productividad. Los tech bro de Silicon Valley empezaron a microdosificarse para alcanzarlo y los coaches ejecutivos comenzaron a vender cursos para “activarlo” a demanda. La palabra que colonizó el concepto fue performance. Pero en esta apropiación productivista se perdió la esencia ligada a la experiencia. De esto habla Scott Barry Kaufman, psicólogo investigador de la creatividad y uno de los pensadores más influyentes en psicología positiva contemporánea. El autor de Transcend, una relectura de Maslow para el siglo XXI, recupera la esencia del flow en el último episodio de su Psychology Podcast.
El libro fundacional de Csikszentmihalyi se llama Flow: The Psychology of Optimal Experience. No “Optimal Performance”. Y la distinción no es menor: la industria del desarrollo personal tomó el concepto y silenciosamente eliminó la palabra que más importaba. Maslow ya había mapeado el mismo territorio bajo otro nombre: las experiencias cumbre, “esos momentos breves y transformadores como instancias de fusión entre la persona y el mundo”. Csikszentmihalyi luego los operacionalizó científicamente cuando definió el flow como el estado donde “la acción y la conciencia se fusionan”. Neurológicamente, durante el flow ocurre algo llamado hipofrontalidad transitoria: la corteza prefrontal, la región responsable del automonitoreo y la crítica interna, se aquieta. Eso explica por qué el flow se siente tan bien como experiencia. Y también, por separado, por qué resulta útil como estado de rendimiento. El mundo del desarrollo personal compró el segundo beneficio sin reconocer que también estaba comprando el primero. Y la ironía es que el flow es la experiencia de no intentar optimizarse. Las condiciones que lo producen, absorción, olvido del yo, disfrute intrínseco, son el opuesto estructural de las condiciones que producen la búsqueda frenética de él. No se llega al flow apretando, sino interesándose genuinamente. Kaufman lo dice así: “cuando toco música con amigos, cuando escribo algo que me importa, cuando me pierde en una conversación con alguien cuya mente me resulta fascinante, el flow no está haciendo ninguna de las cosas que la literatura de performance describe. No soy más productivo, pero me siento más feliz y saludable”. Eso es lo que Maslow señalaba cuando escribió sobre las experiencias cumbre: los momentos en que una persona está en su punto más alto. Csikszentmihalyi pudo haber titulado su libro “Optimal Performance". Eligió “Optimal Experience”. Y envejeció mejor que casi todo lo que vino después.
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