
Netflix después del boom: cuál es el mayor desafío que la plataforma enfrenta
La empresa que revolucionó el streaming ve caer su valor de mercado, acumula dudas sobre su estrategia de contenidos y siente la presión de YouTube
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Hace unos días, Netflix desató una purga en Hollywood digna de una película de Quentin Tarantino. El gigante del streaming despidió a cerca del 6% de su personal, la mayor ronda de recortes desde 2022, y desplazó a algunos de sus ejecutivos creativos de mayor jerarquía. Sin duda, el objetivo era calmar la preocupación de los inversores por el impacto que la falta de series exitosas podría tener sobre los ingresos. Pero, por desgracia, al estilo de Tarantino, la trama se complica.
Los resultados trimestrales presentados el 20 de octubre mostraron el mal momento que atraviesa Netflix. La compañía informó un crecimiento interanual de los ingresos del 11,8% en el trimestre finalizado en septiembre y pronosticó que, en los últimos tres meses del año, la cifra caerá al 11,5%, frente al 17,6% registrado en el mismo período de 2025. La noticia hizo caer las acciones de Netflix. Su valor de mercado se redujo casi a la mitad en el último año.
Una empresa que alguna vez parecía tan imparable, que era valuada como una tecnológica, ahora decepciona a sus accionistas con la regularidad de una compañía de medios tradicional y poco dinámica. Algunos se preguntan si lo próximo será incumplir su promesa de mantener un crecimiento de los ingresos de dos dígitos hasta 2027. La pregunta más importante es si sus codirectores ejecutivos, Ted Sarandos y Greg Peters, son capaces de cambiar el guion.

Su respuesta a un año de audiencia anémica, escasez de series que marquen tendencia y un desempeño flojo en los premios Emmy de la televisión estadounidense consiste en responsabilizar a sus subordinados. Bela Bajaria, directora de Contenidos de Netflix, fue despedida junto con otros dos altos ejecutivos. Bajaria, que llevaba casi 10 años en la compañía, fue reemplazada por Peter Rice, un recién llegado procedente de Fox y Disney.
Netflix espera que Rice consiga elevar la proporción de producciones exitosas entre el público estadounidense. El problema, sin embargo, es que Sarandos sigue siendo el máximo responsable de la estrategia de contenidos de la empresa. “¿Por qué despedir a Bela y no a Ted?“, se preguntó LightShed Partners, una firma de análisis.
Los contenidos poco atractivos no son la única razón del descontento de los inversores. Durante el último año, Netflix intentó -sin éxito- adquirir los estudios cinematográficos y televisivos de Warner Bros. Discovery, un coloso de Hollywood, pero perdió la disputa frente a Paramount Skydance, un competidor más pequeño de la industria del entretenimiento.
Algunos consideran que la operación fue una distracción equivocada, que transmitió una falta de confianza en las perspectivas de Netflix. “Nunca dieron realmente una buena razón para hacerlo”, afirma Tom Harrington, de Enders Analysis, una firma de investigación de medios. “Si querés más películas, simplemente hacé más películas. No necesitás comprar un gigante”.
Durante la conferencia telefónica sobre los resultados, Sarandos hizo todo lo posible para convencer a los inversores de que, pese al debilitamiento del crecimiento y al intento de concretar una adquisición colosal, “no hay necesidad de un cambio fundamental de estrategia”.
Sin embargo, el negocio del entretenimiento atraviesa una transformación profunda. Como pionera del streaming, Netflix solía marcar el ritmo que los demás seguían. Ahora ese papel lo ocupa YouTube.

Según Nielsen, una firma de investigación de mercado, durante los últimos cuatro años más personas vieron YouTube en sus televisores que Netflix. A medida que los creadores más exitosos de la plataforma de videos amplían sus ambiciones y apuntan a producciones más sofisticadas, avanzan cada vez más sobre el territorio de Netflix. En los teléfonos móviles, además, YouTube, TikTok e Instagram captan mucha más atención que Netflix.
Al igual que otros servicios de streaming, como Disney+, Netflix está reaccionando. Introdujo videos cortos adaptados al formato vertical de los teléfonos inteligentes, cortejó a algunos creadores de YouTube y amplía sus iniciativas de entretenimiento en vivo, incluidos los deportes.
Pero cada vez le resulta más difícil diferenciarse, y su respuesta a la nueva competencia parece cada vez más improvisada. “Es pánico ante YouTube”, afirma Harrington, de Enders Analysis.
A pesar de todo, la gran fortaleza de Netflix es su capacidad para ganar dinero con el streaming. Como señala Maria Rua Agouti, de Omdia, otra firma de investigación: “La gente mira YouTube, pero paga por Netflix”. Por ahora, el negocio de suscripciones de YouTube sigue siendo relativamente pequeño.
Netflix también mantiene grandes expectativas en su negocio publicitario, que puso en marcha durante su anterior crisis, en 2022. Sin embargo, esa actividad —de la que es responsable Peters— viene decepcionando últimamente.
Durante la conferencia telefónica sobre los resultados, Peters afirmó que espera ingresos publicitarios por US$2700 millones este año, por debajo de los US$3000 millones previstos anteriormente, debido a demoras en la adopción de nuevos productos publicitarios.
Si YouTube y otros competidores siguen captando la atención de los espectadores, alcanzar esos objetivos será cada vez más difícil. Peters, al igual que su codirector ejecutivo, no dio señales de que vaya a cambiar el enfoque. Con el tiempo, los inversores podrían exigir una purga de otro tipo.
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