
Starlink se lanza a competir con las telefónicas
Elon Musk cree que la próxima explosión de la demanda vendrá de los robots y la IA, aunque el plan implica riesgos y una enorme necesidad de inversión
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Desde que comenzó a operar en 2021, Starlink ha crecido de manera explosiva. El servicio de internet satelital de SpaceX, la empresa de Elon Musk, ya suma más de 12 millones de suscriptores individuales, además de una cartera de aerolíneas y compañías navieras. También desempeña un papel crucial, y cambiante, en la guerra de Ucrania. Más recientemente, firmó acuerdos con grandes operadores de telecomunicaciones, como T-Mobile en Estados Unidos, para permitir que los satélites de Starlink se conecten directamente a los teléfonos móviles de sus clientes y brinden servicio en lugares donde no llegan las antenas terrestres.
Pero Musk tiene ambiciones aún mayores para el servicio. El 8 de octubre, SpaceX confirmó lo que muchos observadores sospechaban desde hacía tiempo: construirá una red de telefonía móvil completamente propia que competirá directamente con las de los grandes operadores establecidos. Los mercados parecieron tomar la idea en serio. Tras el anuncio, las acciones de las tres mayores compañías móviles de Estados Unidos, T-Mobile, AT&T y Verizon, cayeron con fuerza.
Por ahora, la amenaza para esos negocios es limitada. Sin embargo, Musk apuesta a que, en el futuro robotizado que imagina, Starlink desempeñará un papel fundamental.
Aunque los detalles son escasos, el plan de SpaceX parece tener tres componentes. El primero es lanzar todavía más satélites. En su anuncio, la compañía señaló que recibió la aprobación de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos para desplegar hasta 15.000 satélites diseñados específicamente para transmitir llamadas de voz y datos a teléfonos inteligentes en la superficie terrestre.
Sin embargo, aunque los satélites son eficaces para ofrecer cobertura amplia, son menos eficientes cuando se trata de atender ciudades, pueblos y otras zonas con gran concentración de personas. Cada satélite de Starlink tiene una capacidad fija y, al estar en órbita, pasa apenas una mínima parte de su tiempo sobre un mismo lugar.
Por eso, SpaceX también planea construir infraestructura terrestre, el segundo componente de su estrategia. La empresa pretende incorporar “femtoceldas” -pequeñas antenas de telefonía móvil- a las antenas receptoras que vende a sus clientes de banda ancha residencial. De ese modo, cada antena de Starlink podría transformarse en una pequeña estación base de corto alcance. Además, la compañía tiene previsto desplegar infraestructura convencional utilizando antenas móviles de mayor tamaño.
Para que el servicio funcione, SpaceX también invirtió en derechos de uso del espectro radioeléctrico, el tercer elemento de su plan. En 2025, la empresa desembolsó US$19.600 millones para adquirir ancho de banda de EchoStar, un operador satelital en dificultades, destinado a sus satélites de telefonía móvil.
En un comunicado separado, difundido el 8 de octubre, Grain Management, una firma de inversión especializada en telecomunicaciones, informó que vendería a SpaceX una porción de espectro de baja frecuencia. Según rumores del mercado, la operación tendría un valor cercano a US$8000 millones. Las frecuencias bajas penetran mejor en edificios, una característica esencial para cualquier proveedor de telefonía móvil.
No está claro qué ventaja tendrá SpaceX frente a las redes tradicionales. Sobre el papel, resulta atractivo contar con un abono telefónico que funcione incluso en zonas remotas de Alaska. Además, SpaceX podría preferir vender ese servicio directamente a los consumidores en lugar de actuar como proveedor de infraestructura para los operadores ya establecidos.
Pero la evidencia derivada de su acuerdo con T-Mobile sugiere que los usuarios todavía no están dispuestos a pagar demasiado por esa capacidad, señala Tim Farrar, analista de la industria satelital. Srinivasan Gopalan, director ejecutivo de T-Mobile, indicó en mayo que pocos clientes habían adquirido el servicio satelital y que representaba apenas el 0,0002% del uso total de la red.
Los operadores tradicionales tampoco permanecen inmóviles. Una semana antes del anuncio de SpaceX, AT&T, T-Mobile y Verizon lanzaron una empresa conjunta destinada a compartir espectro y contratar capacidad satelital de distintos proveedores. La iniciativa fue interpretada como una respuesta preventiva frente a Starlink.
Sin embargo, la incursión de SpaceX en telecomunicaciones debe entenderse menos como una búsqueda de participación en el mercado actual y más como una apuesta al futuro. Durante una presentación de resultados en agosto, Gwynne Shotwell, directora de operaciones de SpaceX, pronosticó que los vehículos autónomos y los robots humanoides, incluidos los desarrollados por Tesla, otra empresa controlada por Musk, “aumentarán drásticamente la demanda de conectividad” en los próximos años.
Operar las máquinas de Tesla sobre una red móvil de SpaceX podría otorgar a ambas compañías una ventaja competitiva.
Ambición cósmica
Mientras tanto, la expansión de Starlink suma nuevas responsabilidades a una agenda ya cargada para SpaceX. La compañía desarrolla Grok, un modelo de inteligencia artificial; prueba Starship, el mayor cohete jamás construido; construye un gigantesco complejo de lanzamiento en Luisiana; estudia la posibilidad de instalar centros de datos en el espacio; y trabaja en un contrato políticamente sensible con la NASA para proporcionar un módulo de alunizaje destinado al programa estadounidense de exploración lunar.
Este conglomerado cada vez más diverso consume enormes cantidades de efectivo. En junio recaudó US$86.000 millones mediante una salida al mercado y pocas semanas después emitió deuda por otros US$25.000 millones. Además, planea seguir endeudándose.
Actualmente, Starlink, el motor de ganancias de SpaceX, ayuda a compensar las pérdidas de otras divisiones de la empresa. Eso hace que la última apuesta de Musk sea aún más audaz… y también más riesgosa.




