Stefan Oelrich: “El país tendrá una gran oportunidad para atraer más inversiones”
Tras reunirse con Javier Milei, el director de la división Farmacéutica de Bayer y miembro de su Consejo de Administración, defendió los cambios en el régimen de propiedad intelectual, aseguró que el país ya es un hub de investigación clínica y afirmó que la estabilidad será clave para profundizar las inversiones
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Stefan Oelrich no necesitó un mapa para moverse en Buenos Aires. El ejecutivo alemán vivió en la Argentina durante cinco años, en los primeros tramos de su carrera dentro de Bayer, y aunque hoy integra el Consejo de Administración global de la compañía y dirige desde Berlín su división farmacéutica, todavía reconoce la ciudad. “Recoleta sigue siendo la Recoleta de siempre”, señaló.
Su visita, sin embargo, estuvo lejos de un plan turístico. Llegó en el marco de una gira por América Latina y mantuvo una reunión con el presidente Javier Milei para conversar sobre innovación, propiedad intelectual y competitividad.
Tras graduarse de la escuela secundaria en París, se unió a Bayer en 1989. Durante los siguientes 20 años, ocupó diversas posiciones de creciente responsabilidad en el negocio de la salud en Latinoamérica, Europa y Estados Unidos en diferentes compañías farmacéuticas. En 2018 se reincorporó a Bayer y desde 2025, ejerce como presidente de la Federación Europea de Industrias y Asociaciones Farmacéuticas.

En diálogo con LA NACION, Stefan Oelrich sostuvo que la Argentina se posiciona como uno de los mercados estratégicos de Bayer, a la vez que defendió los recientes cambios en el régimen de patentes. “Miro el futuro de la Argentina con optimismo. Pero ese optimismo debe sostenerse con hechos y con continuidad. Si eso ocurre, el país tendrá una gran oportunidad para atraer más inversiones”, enfatizó.
-¿Qué temas abordaron en la reunión con Milei? ¿Qué le transmitió desde Bayer?
-Fue una reunión muy productiva. Hablamos de innovación, de protección de la propiedad intelectual y de competitividad del país. Me interesaba conocer de primera mano la visión del Gobierno sobre esos temas.
-¿Hubo algún anuncio?
-No, no hubo ningún anuncio en particular. Bayer está presente en la Argentina desde hace más de 100 años. Tenemos inversiones en producción y comercialización en nuestras tres divisiones: Crop Science, Farmacéutica y Consumer Health. La Argentina es un país muy importante para Bayer y se encuentra entre nuestros 10 mercados más relevantes a nivel mundial.
-Desde su rol global, ¿cómo evalúa el clima de negocios en la Argentina?
-Está mejorando. Valoramos que haya un Gobierno que apuesta por una mayor competitividad y una mejor protección de la innovación. Esto genera expectativas de crecimiento. El resto habrá que verlo con el tiempo.
-Hablaba de las inversiones que Bayer realizó a lo largo de su historia. ¿Qué condiciones deben darse para que la compañía siga invirtiendo o potencie sus inversiones en el país?
-Necesitamos un entorno que nos permita planificar a largo plazo. Para eso hace falta estabilidad. Esperamos que la Argentina encuentre un camino sostenido en ese sentido.
-¿Tienen planes concretos de inversión en desarrollo, expansión de operaciones o investigación clínica? ¿En qué están trabajando?
-A diferencia de muchas otras compañías, Bayer nunca se fue de la Argentina. Siempre seguimos apostando al país. Tenemos cinco plantas industriales y varias instalaciones de investigación y desarrollo (I+D) para nuestras tres divisiones. En cuanto a los ensayos clínicos, un Gobierno que fortalece la protección de la propiedad intelectual representa un incentivo claro para invertir más en investigación clínica. En nuestra industria, una parte muy importante del presupuesto de I+D está destinado a esa etapa. Actualmente, casi dos tercios de las moléculas que Bayer desarrolla cuentan con estudios clínicos en la Argentina. Es decir, el país ya es un hub importante para nosotros, aunque podría serlo aún más.
-Frente a la modernización del régimen de propiedad intelectual, hay quienes sostienen que fortalecer las patentes puede encarecer el acceso a los medicamentos; pero también hay quienes sostienen que alienta la inversión. ¿Cuál es su diagnóstico?
-La respuesta es bastante simple: no existe innovación sin protección de la propiedad intelectual. Si todos esperan beneficiarse de la innovación sin contribuir a sostenerla, el sistema deja de funcionar. Y creo que eso ya quedó demostrado en el pasado. La Argentina tiene un enorme potencial académico, pero vale la pena preguntarse cuándo fue la última vez que surgió una empresa biotecnológica o una farmacéutica innovadora en el país. Probablemente haya muy pocos ejemplos. En cambio, en Estados Unidos y en Europa la protección de la propiedad intelectual fue un factor determinante para el desarrollo de la innovación. Este cambio era necesario para que la Argentina avance. El argumento de que proteger la innovación encarecerá los tratamientos tiene una mirada muy limitada. Mucho más costoso es no apostar por la innovación, porque eso impide que un país crezca, genere riqueza y cree valor para su sociedad.

-En ese contexto, ¿qué importancia tiene para la Argentina la incorporación al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT)?
-Es una señal de confianza para el resto del mundo. Demuestra que la Argentina quiere integrarse al grupo de países que promueven la innovación. Eso mejora la competitividad del país y nos permite pensar en inversiones con una visión de largo plazo, en un entorno que apuesta por la estabilidad y la innovación.
-¿Cuáles son hoy las principales apuestas de Bayer en materia de innovación y nuevos tratamientos?
–Tenemos probablemente uno de los mejores pipelines de la historia de Bayer. Actualmente tenemos cinco productos en nuestro late-stage pipeline, es decir, que están próximos al lanzamiento. Están enfocados en el tratamiento del cáncer de próstata, la menopausia, y la enfermedad renal crónica asociada a diabetes. Además, contamos con otro producto aprobado en Europa para insuficiencia cardíaca y un quinto tratamiento que esperamos lanzar hacia fines de este año en Estados Unidos y Europa, y ojalá el próximo año en la Argentina, destinado a pacientes que sufrieron un accidente cerebrovascular (ACV). Se trata de un medicamento que reduce un 27% el riesgo de sufrir un segundo ACV sin incrementar los efectos adversos. Consideramos que puede transformar el tratamiento de estos pacientes, porque durante los primeros cinco años posteriores a un ACV más del 20% vuelve a sufrir otro evento, que suele ser mucho más debilitante que el primero.
-¿En qué otras áreas terapéuticas concentran sus esfuerzos?
-También tenemos desarrollos muy prometedores en terapias génicas y celulares. Trabajamos, por ejemplo, en programas para Parkinson, un área donde prácticamente no hubo innovación disruptiva en los últimos 50 años. Los tratamientos actuales, como la levodopa, ayudan a aprovechar mejor la dopamina que todavía producen algunas neuronas, pero con el tiempo generan efectos secundarios importantes. Muchos pacientes alternan períodos en los que prácticamente no pueden moverse (off time) con otros en los que presentan movimientos involuntarios, conocidos como disquinesias. A medida que la enfermedad progresa, se incrementan las dosis y también los efectos adversos, sin resolver completamente el problema. Nosotros estamos desarrollando dos enfoques innovadores: una terapia celular, que consiste en implantar nuevas neuronas en el cerebro del paciente, y una terapia génica que introduce un vector capaz de producir de manera constante un factor de crecimiento para reconectar distintas áreas cerebrales. Son tratamientos extremadamente complejos y todavía debemos esperar los resultados de los estudios que se desarrollan en diferentes partes del mundo -no en la Argentina-. También trabajamos en terapias génicas para insuficiencia cardíaca, cuyos primeros resultados esperamos conocer a comienzos del próximo año; y en el desarrollo de terapias avanzadas para cáncer de próstata: se trata de un anticuerpo unido a una molécula radioactiva que identifica específicamente las células tumorales y libera radiación directamente sobre ellas, destruyéndolas con gran precisión. Nuestro objetivo es desarrollar tratamientos verdaderamente disruptivos, capaces de cambiar el curso de enfermedades para las que hoy existen pocas alternativas.

-¿La Argentina participa de esos estudios?
-Bayer realiza investigación clínica en la Argentina desde hace más de 30 años. Los primeros estudios se iniciaron entre 1993 y 1994, antes de la consolidación del marco regulatorio específico para los ensayos clínicos en el país. En ese momento, se desarrollaban siguiendo los estándares europeos de Buenas Prácticas Clínicas. Todavía no participa en ensayos de terapias génicas y celulares, aunque tenemos previsto incorporarlos en el futuro.
-¿Cuánto invierte Bayer en I+D?
–Actualmente destinamos alrededor del 18% de nuestras ventas a I+D. Eso representa unos 3500 millones de euros anuales únicamente en la división farmacéutica. Si se consideran las tres divisiones del grupo Bayer, la inversión supera los 6000 millones de euros al año. Por eso insisto en la importancia de la protección de la propiedad intelectual. Sería imposible sostener este nivel de inversión sin ese marco.
-¿Hacia dónde se dirige hoy la industria farmacéutica? Durante años se habló de moléculas sintéticas, luego de biológicos. ¿Cuál es la próxima etapa?
-Creo que convivirán distintas modalidades terapéuticas. Las pequeñas moléculas, que muchas personas llaman sintéticas, siguen teniendo muchísimo potencial. Gracias a la inteligencia artificial estamos descubriendo nuevas formas de diseñarlas y nuevos usos terapéuticos. Típicamente una enfermedad está causada por una proteína que funciona de manera incorrecta. El desafío consiste en encontrar cómo activarla o inhibirla. Durante mucho tiempo creíamos que algunas de esas proteínas eran imposibles de abordar mediante química tradicional. Hoy, gracias a la inteligencia artificial, estamos encontrando nuevas posibilidades. Los medicamentos biológicos seguirán siendo fundamentales, al igual que las terapias génicas y celulares, que permiten actuar directamente sobre los genes o sobre el sistema inmunológico. Aún hay mucho por descubrir.
–Bayer es una de las pocas compañías que aún sostiene un modelo multinegocio, con tres grandes divisiones -agro, farma y consumo-. ¿Esa diversificación representa una ventaja competitiva? ¿Analizan una eventual escisión de alguna de ellas?
–No se trata de tres negocios que compramos, sino de tres actividades que nacieron de un mismo origen: la química, que es la base histórica de Bayer. Me gusta compararlo con un árbol: a lo largo de nuestra historia fuimos cortando distintas ramas y hoy quedaron tres, porque creemos que son fuertes y aspiramos a ser líderes en cada una de ellas. Mientras estemos convencidos de que Bayer es el mejor propietario para estos tres negocios, seguiremos operándolos. El día que dejemos de pensar eso, tomaremos otra decisión. Hoy creemos firmemente en estas tres divisiones.
–¿Esas divisiones generan sinergias entre sí?
–No necesariamente. No permanecen unidas por las sinergias, sino porque creemos que podemos ser líderes e innovadores en cada uno de esos sectores.
–¿Cuáles fueron los negocios más relevantes de los que Bayer se desprendió a lo largo de la historia?
–En primer lugar, nos desprendimos del negocio químico. Bayer fue una de las compañías más grandes del mundo en química, polímeros y química básica. También salimos del negocio de salud animal. Incluso, cuando ingresé a la compañía, existía una división llamada Agfa, dedicada a películas fotográficas. A lo largo de los años fuimos simplificando el portafolio para concentrarnos en los negocios donde realmente podemos liderar.
–Cuando regrese a Europa, ¿qué mensaje les transmitirá a sus colegas del Directorio sobre la Argentina?
-Les transmitiré que veo un país que quiere progresar. Habrá que comprobar que ese camino hacia una mayor estabilidad y crecimiento se consolide con el tiempo. Yo miro el futuro de la Argentina con optimismo. Pero ese optimismo debe sostenerse con hechos y con continuidad. Si eso ocurre, el país tendrá una gran oportunidad para atraer más inversiones.



