
Pelea entre la Argentina y Austria por las bebidas energizantes
Red Bull resiste una resolución que obliga a esos productos a reducir la cafeína
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SALZBURGO, Austria (De un enviado especial).- En la Edad Media, esta ciudad vivió su esplendor gracias a sus minas de sal, sustancia tan importante para conservar y trasladar los alimentos por toda Europa que se la conoció como el "oro blanco". Mil años después, la economía del lugar gira en torno de un producto muy distinto: la bebida energética Red Bull.
Aquí está el cuartel central de la marca, que inauguró una nueva categoría de producto en 1987. Desde aquí se produce (en forma tercerizada) y exporta a todo el planeta una pequeña lata de 250 mililitros que en 18 años no ha sufrido cambios. Inspirada en una bebida asiática similar, adaptada al gusto occidental, su creador, el austríaco Dietrich Mateschitz (ver aparte), concibió Red Bull como un producto "energético" para combatir el cansacio producido por la actividad física o por las exigencias de la vida cotidiana.
Dulce y gasificado como una gaseosa, contiene cafeína, hidratos de carbono, taurina, vitaminas del grupo B, glucosa y sacarosa, cuyos efectos apuntan a mejorar el rendimiento físico, aumentar la concentración y la velocidad de reacción. Red Bull se vende en 120 países -entre ellos la Argentina-; factura en todo el mundo 2600 millones de euros por año; produce en ese lapso casi la misma cantidad de latas de bebida y espera crecer a 3000 millones de unidades en 2006; domina el 70% del mercado global de bebidas energizantes y emplea a 3000 personas.
El avance de la bebida en todo el mundo, sin embargo, no estuvo ni está exento de polémicas: la cantidad de cafeína que contiene (82 miligramos por lata) y la moda de mezclarla con alcohol para preparar tragos han hecho dudar a políticos y médicos de todo el mundo sobre los eventuales riesgos para la salud que podría generar el consumo abusivo del producto. Hace 15 años, se obligó a Red Bull en Austria a poner una leyenda en la latita desaconsejando la mezcla con alcohol; poco después el gobierno se dio cuenta de que lo único que lograba era acrecentar la curiosidad de los jóvenes por experimentar esa mixtura y se dejó sin efecto.
Francia, Suecia y Dinamarca, por ejemplo, no lo han dejado entrar en sus respectivos mercados porque pretenden que se introduzcan cambios en la fórmula de la bebida, en particular en el tipo de vitaminas que contiene. La compañía afirma que se trata de barreras paraarancelarias y que está batallando dentro de la Unión Europea para que se eliminen.
Este año fue la Argentina la que se sumó a los cuestionamientos, a pesar de haber aprobado el ingreso de Red Bull en 2000 y de que el producto se vende en el mercado desde 2002. En junio pasado, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) dispuso que las bebidas energizantes debían venderse con una leyenda que diga "el consumo con alcohol es nocivo para la salud", al tiempo que ordenó reducir de 35 mg a 20 mg cada 100 mililitros el contenido máximo de cafeína.
Las otras bebidas energizantes del mercado, de fabricación nacional, acataron la resolución de la Anmat y así lo hicieron saber mediante una solicitada. Red Bull, en cambio, se presentó ante la Justicia y la magistrada María José Sarmiento dictó en octubre una medida cautelar que le permite a la empresa austríaca seguir vendiendo el producto sin cambios de fórmula. Una medida de este tipo tendría un fuerte impacto económico para Red Bull, ya que debería bajar el nivel de cafeína para un solo país en el mundo si es que decidiera seguir en el mercado argentino.
Sin evidencias
Red Bull dice que la Anmat se excedió en sus atribuciones y que no presentó evidencias científicas o técnicas para demostrar que el contenido de cafeína o la mezcla del producto con el alcohol dañan la salud. Lo explicó el propio Mateschitz en diálogo con un grupo de periodistas argentinos invitados a Salzburgo por la compañía. "Si hoy quitamos ingredientes originales le quitaríamos la funcionalidad al producto, sería otra cosa. Las razones de la resolución [de la Anmat] no están comprobadas científicamente. Red Bull no hace nada para que la gente tome más alcohol", afirmó.
"Haremos una evaluación del tema y si al final vemos que es sólo un intento sin fundamento por echarnos de un mercado, no les será tan fácil; no lo es en ninguna parte del mundo", agregó el creador de la bebida. En la Argentina, Red Bull factura más de $ 10 millones por año y es la número dos en bebidas energizantes detrás de Speed. Entre ambas controlan un 80% de un mercado chico. Mientras que en Austria se consumen 15 latas de bebida energizante per cápita por año, en la Argentina el promedio anual es de sólo 0,2 latas por habitante.
Médicos argentinos han advertido sobre el consumo excesivo de estas bebidas y de la mezcla con alcohol, como el vodka, muy popular entre los jóvenes. Acusan a las energizantes de eliminar la sensación de fatiga y de retrasar los síntomas de la borrachera, lo cual puede llevar al consumidor desprevenido a una crisis cardíaca o al coma alcohólico. Red Bull retruca: "Una lata tiene 82 mg de cafeína, lo mismo que una taza de té o medio litro de gaseosa cola y una taza de café contiene entre 90 y 120 mg. El mate tiene un altísimo nivel de cafeína", enumeró Nicolás Posse, gerente general de Red Bull Argentina.
La empresa no está sola en su defensa. La embajada austríaca ha transmitido su preocupación al Gobierno; el primer ministro Heinz Fischer intentó -hasta ahora sin éxito- entrevistarse con el presidente Kirchner y el ministro de Economía de ese país envió una carta de protesta a su par argentino Roberto Lavagna. Austria también logró que la Unión Europea presentara una queja ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), que abrió un sumario para tratar el caso por supuesta violación de tratados internacionales.
La controversia tendrá otro capítulo la semana próxima cuando se reúna la Comisión Nacional de Alimentos, que integran funcionarios de los ministerios de Economía y de Salud, además de representantes de consumidores. Se analizará la incorporación de las bebidas energizantes al código alimentario nacional, lo que permitiría darles un status jurídico más claro que el actual.



