“¿Puedo ser madre y buena profesional?”

Es la duda que tienen las mujeres, sobre todo las que tienen bebes y chicos en edad escolar
Milagros Fossati
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28 de febrero de 2016  

Las mujeres ocupan un lugar clave en la vida de las empresas. No todas consiguen llegar a cargos directivos ni tampoco todas los desean, pero sí es claro que contribuyen a formar equipos de trabajo más heterogéneos y diversos.

Aquellas que son madres se replantean su lugar en el mundo del trabajo. Sienten que no van a poder desempeñar bien ambos roles. Muchas, en la primera etapa de vida de sus hijos, eligen una mayor dedicación a ellos. Una vez que crecen deciden invertir nuevamente al desarrollo profesional.

Cuando cuentan con el apoyo de sus parejas, muchas mujeres buscan trabajar fuera del mundo corporativo para ganar mayor flexibilidad horaria. Otras, por necesidad, vocación o motivación personal toman el reto de equilibrar su carrera profesional con su rol de madres.

Como decía Sigmund Freud, el amor y el trabajo son dos pilares fundamentales para la salud mental del ser humano. El padre del psicoanálsis observó la importante función del amor en la evolución de la humanidad, pero también del trabajo en el hecho de vincular al individuo con la realidad. Las mujeres están en busca de un equilibrio entre ambos pilares. Poder apoyarse en la pareja, en la empresa, en la familia y, en definitiva, en la ayuda extra es fundamental para que las madres encuentren bienestar y satisfacción. No pretender ser las mejores mamás, organizadoras de la casa, profesionales o esposas es una buena fórmula para equilibrar todas las variables.

No hay una respuesta exacta. Todas son distintas, ni mejores ni peores, sólo distintas. La clave está en el autoconocimiento y la capacidad de poder conectarse con el propio deseo. Por supuesto, toda decisión conlleva una renuncia. Muchas no podrán buscar a sus hijos todos los días en el colegio, y tal vez ni lo deseen, pero sí sentirán que están presentes al 100% al volver a casa. Otras no podrán ser directoras ni llevar una gran retribución a la casa, pero sí podrán tener un trabajo que les permita pasar más tiempo con los chicos.

Muchas empresas están colaborando para hacer la vida más fácil a las mamás que apuestan al mundo corporativo. Incorporan buenas prácticas para alcanzar una mejor conciliación entre la vida laboral y familiar de sus empleados. Las guarderías, las políticas de home office, las licencias extendidas, hacen que muchas de ellas transiten los primeros años de vida de los hijos con más tranquilidad. Las organizaciones que adoptaron estas políticas confirman que el resultado se traduce en empleados más motivados, comprometidos y con un alto rendimiento. Es un camino que empieza a vislumbrarse como posible para las empresas y que siembra el valor del cuidado de las personas como el principal capital de las mismas.

La autora es directora de Exécutive search de Biset / Fenández Lobbe

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