Qué hacen los emprendedores exitosos para anticiparse al cambio: se “mudan al futuro”
Las grandes ideas no surgen de analizar el presente y ver qué falta, o de preguntarle a los clientes qué quieren, sino de mudarse física y mentalmente a los próximos años, sostiene un libro que desafía los mandatos del mundo emprendedor
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Si alguna vez sentiste que el mundo avanza un poco lento para tu gusto, o tu entorno te dice que vivís unos cuantos años adelantado en el futuro, quizá puedas entender lo incómoda de esta situación. Sobre todo, porque a menudo viene acompañada de ideas que no siempre son recibidas de la mejor manera, y porque se suele recompensar de manera desagradecida a quienes lo intentan primero.
Sin embargo, un libro relativamente reciente -junio de 2024- propone replantear la manera en la que nos enfrentamos al porvenir y el vínculo de los movimientos en el presente para advertir el potencial de aquellos que “ven” con algo de anticipación los cambios que se avecinan.
Mike Maples Jr. es un reconocido inversor estadounidense, egresado de Harvard y habitual miembro de la lista Forbes Midas que reconoce a los principales líderes del segmento en tecnología. Con participaciones tempranas en Twitter, Weebly, Twich, entre otras, fundó en 2006 el fondo Floodgate y a partir de él ha sido un observador privilegiado de las tendencias, éxitos y fracasos no sólo de Silicon Valley, sino del ambiente emprendedor de los Estados Unidos y a nivel global.
En la búsqueda de algunas ideas nuevas, este trabajo realmente llama la atención por su enfoque disruptivo: cuando parecía que nada nuevo se podía decir, quizá no sobre las tendencias actuales sino sobre los éxitos pasados también, Pattern Breakers se atreve a desafiar las “buenas prácticas” del mundo emprendedor, la vara con la que medimos a los innovadores y también a admitir fracasos u oportunidades claramente perdidas, como haber rechazado a esos muchachos locos que vendían cajas de cereal para fundar Airbnb.
Vivir en el Futuro
El núcleo del libro (y quizá la parte más esperanzadora para muchos) es, precisamente, la idea de “vivir en el futuro”: las grandes ideas no surgen de analizar el presente y ver qué falta, o de preguntarle a los clientes qué quieren, porque la gente “normal” vive en el presente y solo quiere mejoras de lo que ya tiene, sino de mudarse física y mentalmente al futuro.
Toma como ejemplo a los creadores del navegador web moderno, que iniciaron su desarrollo sin esperar que las empresas de telecomunicaciones construyeran “superautopistas de información” sino que jugaban en laboratorios con tecnologías que el resto de los mortales no sabían que existían, o los fundadores de la plataforma Twich (antes conocida como Justin.tv) que no hicieron un estudio de mercado sobre el streaming de videojuegos, sino que simplemente eran gamers que vivían en un mundo donde el ancho de banda ya permitía transmitir en vivo, y construyeron lo que ellos mismos querían usar.
Saliendo un minuto de los ejemplos que provee el libro podríamos ir al mismísimo caso Netflix. Referencia gastada por exceso de uso en toda presentación sobre innovación, resulta llamativo entender que ya en 1997, al momento de fundar la compañía, su creador Reed Hastings visualizaba un futuro de transmisión online de contenidos, inviable por aquel entonces, y le da ese nombre a una compañía que durante 10 años basó su modelo de negocios en distribuir DVD’s… por correo.
El libro cita a William Gibson (el famoso autor referente del cyberpunk) en eso de que “El futuro ya está aquí, sólo que no está distribuido equitativamente”, y tranquiliza a quienes viven navegando foros de la plataforma Reddit, mirando videos sobre las últimas herramientas de IA o hackeando soluciones para problemas que nadie parece tener. Al parecer, esa obsesión no es una pérdida de tiempo sino la famosa “ventaja injusta” (unfair advantage) tan común en la literatura emprendedora: estás viendo lo que falta en el futuro antes de que los demás lleguen a él.
Sin embargo, todo este elogio es insuficiente para llegar a concretar, quizá, el desafío más complicado de todo esto, la ejecución de verdaderas soluciones que permitan capitalizar esta ventaja y dar lugar a la creación de nuevos negocios e ingresos a quienes los llevan adelante. Allí el libro sí entra en el tono de un manual, como suele suceder en este tipo de publicaciones, aunque de manera sencilla y bastante desacartonada.
Manual para extemporáneos
Para ello, propone tres conceptos clave que permiten entender el potencial de esa visión que tenemos entre manos, convertida en ideas de negocio:
- En primer lugar define las inflexiones: eventos externos del tipo tecnológico, regulatorio o incluso social que pueden cambiar las reglas de juego de golpe. El libro cita como ejemplo la inclusión de GPS en el iPhone 4S, si bien ya existían modelos con esa capacidad, la masividad del producto de Apple dio sustento tecnológico al desarrollo de aplicaciones geolocalizadas como Uber o Lyft (de la cual Maples es inversor), masificando una tecnología existente y dándole la escala necesaria.
Acá debemos hacer un llamado de atención: la explosión de una tecnología exponencial al llegar al tramo vertical de su avance (lo que sucede hoy con los modelos IA) no es necesariamente una inflexión, sino una masificación que impulsa negocios pero no quiebra tendencias. El autor propone sensibilizarnos a fenómenos “menos obvios” que ocurren al mismo tiempo y sí tienen ese potencial de negocio.
- En segundo lugar, los insights o verdades no obvias: aquí la cosa se pone más picante, acercando verdades sobre el futuro que la mayor parte de la gente ignora o con las que directamente no está de acuerdo. Entiende que es una condición de éxito masivo estar en lo cierto, pero además que esa certidumbre no sea consensuada. Cuando el fundador de Airbnb y su equipo sugirieron que la gente alquile un colchón inflable en su casa la propuesta parecía delirante; sin embargo, a través de una estructura de perfiles y reviews, adoptada de sitios de compraventa como Ebay, el producto demostró ser un éxito.
- Finalmente destaca la importancia de crear movimientos: las startups disruptivas no son empresas normales, sino que adoptan el formato de conspiraciones para cambiar al mundo. El libro hace una analogía con la famosa película La Gran Estafa, donde el personaje de George Clooney recluta 11 inadaptados para llevar adelante una tarea casi imposible. No estamos buscando bandas militares perfectamente sincronizadas, sino músicos de Jazz improvisando sobre la marcha.
También propone un concepto disruptivo como es ser desagradable, y no en el sentido del trato interpersonal sino en prescindir de la aprobación social constante. Muchas organizaciones han triunfado bajo la premisa de que es preferible pedir perdón, antes que pedir permiso: el opuesto al coraje no es la cobardía, sino la conformidad.
Otro tema central es evitar la trampa de la comparación: en vez de buscar la mejora incremental (en términos de Christensen) debemos posicionar lo nuestro como algo completamente nuevo, haciendo sentir a la gente que, si no es parte, sencillamente se queda en el pasado. También resulta muy útil la idea de realizar “tests de desesperación”, buscar clientes desesperados, más que satisfechos o no con lo actual, los que no tienen solución alguna a su problema.
De lectura ágil, casi como una charla de café, Pattern Breakers se da el lujo de citar a Juan Salvador Gaviota, libro favorito de la infancia del autor que relata la bella historia de esa ave que quería volar más rápido, alto y lejos que lo que su bandada consideraba posible. Quizá si tus ideas son catalogadas de “ridículas”, tu entorno te considera un habitante del futuro, o simplemente te resulta aburrido hacer las cosas “como se debe”, pueda ser útil seguir algunas de estas recetas y coincidir en que el futuro no es algo que nos pasa, sino que sucede gracias a nosotros.
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