
Recelo en Argentina por tangueros extranjeros
Autoridades locales prohíben que aficionados de otros países participen en una competencia
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BUENOS AIRES.- En 2010, Rui Saito, bailarina japonesa de tango, y su pareja coreana participaban en la prestigiosa competencia porteña conocida con el nombre El Metropolitano cuando Saito dice que una argentina en la audiencia se acercó a ellos y les dijo que no aprobaba su presencia. "‘¿Qué hacen extranjeros bailando el tango?’", le dijo la mujer, según Saito. "‘Ustedes no conocen el tango’". Luego, Saito dice que la mujer los abucheó mientras bailaban.
Este año, las cosas se han vuelto más difíciles para los extranjeros en El Metropolitano. Los organizadores insertaron una nueva regla que estipula que la competencia de mayo estaría abierta solamente a "aficionados y/o profesionales de nacionalidad argentina". Los extranjeros aquí dicen que es una bofetada para personas de fuera que han logrado un dominio cada vez mayor del baile, y en el proceso alentaron una pujante industria turística del tango. "¿Es xenofobia, o simplemente temen perder?", pregunta Mong-Lan, una poetisa y artista vietnamita-estadounidense que llegó a las semifinales del Metropolitano en 2008 y 2009.
Resueltas a luchar por su lugar en la pista de baile, tres bailarinas de tango extranjeras, Mong-Lan, junto con otra estadounidense y una irlandesa, presentaron una demanda para que se anulen los resultados. En una decisión preliminar que sacudió los círculos de danza de Buenos Aires, la jueza municipal Elena Liberatori dictaminó que la regla de excluir extranjeros era inconstitucional y ordenó que la competencia se realizara nuevamente. "El arte tiene trascendencia universal", escribió la jueza. Dijo que los bailarines extranjeros no eran diferentes a artistas argentinos que trabajan en el exterior, como Paloma Herrera, bailarina principal del American Ballet Theatre, de Nueva York. La jueza preguntó retóricamente si la presencia de Herrera significa que el American Ballet Theatre se vuelve "menos estadounidense".
En una audiencia el mes pasado, los organizadores del Metropolitano argumentaron que tenían el derecho de imponer restricciones a la inscripción porque los ganadores representarán a Buenos Aires aquí en agosto en el "Mundial de tango", evento que el año pasado atrajo a 460 parejas de 21 países.
La portavoz de la competencia, Valeria Solarz, dice que, por supuesto, los bailarines extranjeros serán recibidos con los brazos abiertos en el Mundial. Pero agrega que es apropiado que los bailarines que representan las esperanzas de Buenos Aires en el Mundial tengan raíces aquí. En una concesión a los demandantes extranjeros, los organizadores del Metropolitano ofrecieron realizar competencias al margen especiales para no argentinos, y la jueza Liberatori ahora dice que ello puede ser el mejor resultado que los extranjeros pueden esperar de manera realista.
Pero apartar a los no argentinos en un "gueto del tango" simplemente no es aceptable, según Christian Rubilar, el abogado argentino de las bailarinas extranjeras. "Supuestamente la pista de baile es el espacio más democrático en Argentina", dice Rubilar, quien no sólo es experto en derecho constitucional sino también bailarín de tango. Dice que las barreras del Metropolitano derivan en parte de la ansiedad que produce que cada vez más extranjeros son mejores en el baile nacional que los argentinos nativos experimentados.
Rubilar dice que en 2010, Saito y su pareja podrían haber ganado la competencia pero no pudo participar
en las finales por el requisito
de que al menos uno de los integrantes
hubiera residido al menos tres años en Buenos Aires. Saito asegura que tenían las pruebas, pero los organizadores siguieron exigiendo más documentos. En expedientes judiciales, los abogados
de la ciudad argumentaron que muchos extranjeros no tenían sus documentos en regla y que la discriminación no fue en ningún caso un factor.
Mong-Lan se radicó en Buenos Aires hace unos años, y pinta cuadros en acrílico de bailarines de piernas largas, practica canto con canciones melancólicas y ha publicado un libro en versos sobre el tango.
Otra querellante, Rebecca O’Laoire, llegó a Buenos Aires de Irlanda para bailar tango, y consiguió empleo bailando en el célebre Gran Café Tortoni, de 150 años de antigüedad. Delia Hou, demandante taiwanesa-estadounidense, abandonó su carrera de abogada en Silicon Valley para mudarse a Buenos Aires, donde ofrece espectáculos de tango en una plaza pública.
En un concurrido salón de baile llamado El Niño Bien, el argentino Hernán Caballero dice que el Metropolitano hizo bien en limitar a los extranjeros. "Pueden pagar US$100 por lección y los argentinos no pueden", dice Caballero, comentarista radial.
En otra mesa, Osvaldo Cartery, de 73 años, quien ganó el campeonato mundial en 2004 y se apoda "Pies de miel", dice que la presencia de extranjeros es positiva y valida el poder de la cultura argentina. "Los españoles bailan el paso doble, los italianos la tarantela, pero todo el mundo baila tango", dice.






