
Se incrementa la oferta de burbujas
El champagne es la bebida alcohólica que registró el mayor crecimiento durante la década del 90
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El champagne es la bebida alcohólica que más creció en la Argentina durante la última década.
Desde 1990 hasta hoy, el mercado se incrementó en un 500 por ciento. Pero con la llegada del 2000 las burbujas han comenzado a perder fuerza en las copas argentinas. Cuando el telón de diciembre haya caído se estima en la industria que la demanda habrá retrocedido un 20 por ciento en relación con las cifras de 1999.
La baja se asocia con la recesión que se derrama sobre todas las categorías del consumo y a un sustantivo crecimiento de los vinos tintos finos, cada vez más de moda en todos sus segmentos de precios.
Esta realidad, no obstante, no ha representado un freno para la incursión de nuevos champagnes. Las bodegas están impulsando estrategias para consolidar la presencia de los productos que ya están en la calle, y para lanzar otros nuevos.
El principal motivo hay que buscarlo en el factor estacional. Durante este mes y diciembre se vende tanto o más que durante el resto del año. Además, en el negocio de los vinos, el champagne es el producto que ofrece el mayor margen de rentabilidad.
Básicamente, el mercado de los espumantes se divide en tres categorías. La franja de precios medios, que es la que ofrece productos de entre 7 y 15 pesos. La categoría más baja, se mueve entre los 4 y 7 pesos;y la más alta arranca en 20 y puede sobrepasar los 150, en etiquetas francesas como Don Perignon, Cristal o Krug.
La categoría que determina el pulso del negocio, dicen los especialistas, es la del medio, donde Chandon tiene una participación del 65%, aunque con tendencia a la baja por la proliferación de competidores. Cristian Yáñez, brand manager de la marca, reconoce este fenómeno, pero prefiere atribuir el retroceso en las ventas de champagne al gravamen que se aplicó en enero último a las cervezas y espumantes, con una carga del 13,5 por ciento, que fue trasladado a los consumidores.
En este nicho han tomado impulso nuevas etiquetas como Terra, Villeneuve (que se relanzó) y Soigne. Otros de los que aspiran a convertirse en jugadores de peso son los españoles de Frexenet y Codorniú, con sus variedades Anna y Raventós.
Muchas expectativas abrigan también desde Trapiche. La firma acaba de introducirse en el mundo del champagne con el lanzamiento de 1883, un espumante de $ 10 la botella de 750 centímetros cúbicos, con opciones de litro y medio a $22 y tres litros a $ 45. Trapiche quiere captar el mercado de los jóvenes de entre 25 y 35 años, con alto poder adquisitivo, y concentrará sus acciones de marketing en discotecas y pubs.
Los jóvenes también representan un objetivo para Chandon que este mes presentó Valmont O2, un tinto con burbujas, que técnicamente no puede ser considerado champagne, aunque guarda cierto parentesco:se encuentra en botella normal y en enero saldrá con versiones de 250 centímetros cúbicos para vender en el circuito nocturno. En la categoría más refinada, en tanto, no se ha producido un retroceso, pero tampoco hay crecimiento. "El mercado está estable, con 180.000 botellas por año, pero sin crecer desde los últimos tres o cuatro años", explicó Fernando Freixas, dueño de Maxxium Argentina, una de las principales exportadoras de marca de lujo del país.
En el segmento top, dominado por las etiquetas francesas, no abundan los players nacionales.
Rutini salió este año con un champagne de $ 38, Lagarde colocó el suyo a $ 35 y desde el mes próximo terciará Luigi Bosca, la exclusiva bodega de la familia Arizu, que lanzará un espumante de entre 35 y 40 pesos, con botella importada de Francia y partida limitada de apenas 3000 unidades. "Será algo muy sofisticado para un grupo reducido de clientes", anticipó el director comercial de la firma, Alberto Arizu.
Los importados con mayor demanda en la banda de precios superior a 50 pesos son Veuve Cliquot, Pommery, Moet Chandon, Charles Heidsieck y Barón B, según manifestó Daniel Dayan, de la firma Ligier, a la que se considera como una de las enotecas más calificadas de Buenos Aires.
En medio de la tendencia que prima en el mercado de los champagnes, algo curioso está ocurriendo en la categoría inferior.
Aquí dominan con amplitud Federico de Alvear y Toso, las dos marcas de la bodega J. Llorente, pero están irrumpiendo con fuerza inusitada los productos chilenos.
Por un lado, está Concha y Toro, que ya vende 300.000 botellas por año. Pero la gran estrella es Fresita, un champagne mezclado con frutilla que despacha más de dos millones de botellas por año.
Este espumante -para nada apreciado por el público gourmet- ha comenzado a rivalizar con los aperitivos y afirman en el mercado que provocó un descenso de ventas a Gancia, el líder en ese campo.



