Seguro contra default: el costo para cubrirse de un incumplimiento de la Argentina alcanzó su nivel más alto en un año
Los CDS a dos años —tras la finalización de este mandato de Javier Milei— llegaron a 972 puntos básicos, su mayor nivel desde las elecciones legislativas del año pasado; qué mide este indicador y cuánto pesa la desconfianza argentina
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En la Argentina, la confianza cuesta caro. Luego de haber acumulado nueve incumplimientos de pago a lo largo de la historia, el país todavía tiene que pagar un precio elevado para convencer a los inversores de que esta vez será diferente y que podrá cumplir con sus compromisos de deuda. En los mercados financieros, esa desconfianza tiene su propio termómetro: los Credit Default Swaps (CDS), más conocidos como seguros contra default.
Estos contratos se negocian entre privados y funcionan como un seguro contra el riesgo de que un emisor —en este caso, el Estado— no cumpla con sus obligaciones de deuda. Esta última semana, los CDS a dos años alcanzaron los 972 puntos básicos y tocaron el nivel más alto desde las elecciones legislativas de octubre del año pasado. Aunque todavía por debajo de aquellos picos, la probabilidad de impago de estos bonos está puesta en 24%. Si bien el indicador no anticipa un default, sí es una señal de cuánto están dispuestos a pagar los inversores para protegerse ante ese escenario.
“El precio del CDS es una señal muy importante del mercado sobre la percepción del riesgo crediticio, y un inversor puede cubrirse tanto de los riesgos de bonos soberanos como corporativos. Su valor se cotiza en puntos básicos, como el riesgo país (100 bps equivalen a un 1% anual de prima), pero hay una diferencia fundamental: el riesgo país EMBI surge de comparar rendimientos de bonos soberanos, mientras que el CDS surge del precio de un contrato de protección contra el riesgo del crédito”, explicó Gustavo Neffa, director de Research for Traders.
Así, un CDS de 972 puntos implica que cubrir US$100 de deuda cuesta aproximadamente US$9,72 al año. Es decir, cuanto mayor es la percepción de riesgo sobre un país o una empresa, más caro resulta asegurarse contra un posible incumplimiento. Aunque con el riesgo país suelen moverse en la misma dirección, no miden exactamente lo mismo. Mientras que los CDS dependen de las cotizaciones de los contratos derivados del crédito, el riesgo país depende del precio de los bonos, los cuales pueden verse afectados por recompras, canjes u otros factores.

“Para analizar el riesgo de invertir en bonos argentinos, se sigue un conjunto de variables. Además del análisis macroeconómico básico que hay que hacer, con foco en las reservas internacionales, la salud del sistema financiero, el tipo de cambio, el crecimiento y la inflación esperados, entre muchas otras variables, el mejor predictor del riesgo es el CDS soberano a cinco años. Por ejemplo, las reservas en Brasil son de US$362.000 millones y, por ende, el riesgo país es bajo. Pero el CDS capta de mejor manera el fuerte déficit fiscal, la elevada deuda en relación al PBI y el déficit de cuenta corriente constante en su economía. Quizás, en ese caso, el riesgo país está subvaluando los riesgos de la economía como un todo”, explicó Neffa.
Así como el riesgo país se consolidó por encima de los 800 puntos básicos, los CDS argentinos también acompañaron el movimiento alcista y tocaron valores que no se veían desde octubre de 2025, en plena incertidumbre electoral. De acuerdo con una hipótesis de la sociedad de bolsa Grit Capital, los fondos de cobertura globales utilizaron los bonos del país como cobertura, ya sea a través de contratos CDS o de ventas en corto directas.
“Aunque no podemos demostrar nuestra tesis, es probable que la tensión en los mercados de deuda con calificación CCC y de alto rendimiento —caracterizados por una liquidez subyacente escasa y volátil— sea el factor que explique el pésimo desempeño de los activos argentinos”, señalaron. Así, el mercado de crédito en general sufrió una “tensión severa en octubre”, durante la cual las primas de riesgo de la deuda estadounidense de alto rendimiento alcanzaron máximos de 17 meses y los rendimientos de los “bonos basura” con calificación CCC se dispararon hasta niveles “propios de una crisis”.
Para Neffa, la suba de los bonos CDS también se explica por el efecto contagio de la reelección de Lula Da Silva y un “traslado directo” de las expectativas en torno a las elecciones presidenciales del año que viene. Aunque aclaró que el riesgo país ya venía aumentando, por el delicado contexto internacional de tasas de interés en Estados Unidos y la debilidad de la actividad económica, el riesgo político también le metió presión.
Esto último se puede ver en la comparación de los bonos que vencen durante el actual gobierno y de aquellos que vencerán en la próxima gestión. El Bono AO27 rinde actualmente un 2,3% de tasa interna de retorno (TIR), mientras que el AO28 rinde 13,4%. “Diría que el riesgo argentino y sobre todo político pesa más que lo global, en un entorno en donde todos los bonos a nivel mundial cayeron”, afirmó. Las elecciones pesan en las decisiones de inversión, ya que para el analista, en ellas se define el modelo económico de los próximos cuatro años, con el riesgo de un regreso a las viejas prácticas de intervencionismo, regulación, cierre de la economía, control de precios, subsidios, déficit fiscal e incremento del gasto.
“Cuando existen estos temores, el CDS suele operarse a la suba. Sobre todo en un proceso previo a las elecciones, cuando para algunos existen dudas de si va a seguir gobernando el oficialismo o la oposición. En el contexto local, está más que claro que ambos partidos mayoritarios piensan muy diferente en cuanto a la deuda y, por eso, se disparan los riesgos en torno a la deuda y su futuro. En un país normal, estas cosas no deberían pasar, pero la Argentina es un caso especial y la historia nos condena”, dijo Leonardo Svirsky, sales & trading de Becerra Bursátil.
A esto se le suma que la historia del país juega en contra, y le da a los activos locales una dosis de nerviosismo extra que no tienen otros países de la región (y del mundo). Para Nery Persichini, analista de GMA Capital, hoy el riesgo país muestra una “prima por incertidumbre”, pero que podría llegar a comprimirse con las señales correctas. De hecho, en octubre del año pasado el spread soberano llegó a los 1400 puntos básicos, pero tras conocerse el resultado de las urnas bajó rápidamente.
“Lo que sí pesa es la historia: tras una decena de defaults, el inversor le exige a la Argentina ‘sobrecumplir’ en cada métrica, en particular en su posición de reservas para pagar ‘cash’ (en efectivo, en español) los vencimientos de deuda”, explicó. De acuerdo con sus estimaciones, de los 852 puntos de riesgo país que hay actualmente, 646 puntos son por el factor idiosincrático y solo 207 puntos corresponden al componente global. Desde julio, cuando se llegaron a mínimos de la gestión de Javier Milei, el riesgo país subió cerca de 450 puntos mientras que el componente global se mantuvo prácticamente igual (en torno a 220 puntos).

Para Persichini, a pesar de los valores actuales, los fundamentos son sólidos. La Argentina tiene superávit fiscal por tercer año consecutivo y el superávit comercial ronda los US$3000 millones mensuales, una combinación que reduce la vulnerabilidad externa del país. Además, el Banco Central (BCRA) se fijó este año una meta de compra de reservas y, hasta el momento, ya logró acumular unos US$16.000 millones.
“Aun así, el mercado mira otras variables. Las reservas son bajas, los vencimientos de deuda promedian los US$28.000 millones anuales en el próximo lustro y la actividad está al borde de una recesión técnica, con diez de los quince sectores en baja y un ‘derrame’ ausente en los sectores urbanos intensivos en mano de obra, lo que condiciona el respaldo político al programa. A nuestro juicio, el factor electoral es el que más incide. No tanto por la sustentabilidad de la deuda hoy, sino por el derrotero futuro, que depende de que se mantenga el orden fiscal y de la señal de compromiso de pago que den los distintos escenarios de política económica”, cerró.
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