Sudor para financiar el séptimo arte argentino
Con el aporte estatal solo no alcanza y los directores deben recurrir a otras alternativas, como la inversión privada, la coproducción o el cooperativismo
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Un novel director de cine vendió su casa y su auto para financiar una película que sólo recogió indiferencia y lo dejó sin techo y de a pie. Aunque el tiempo le dio revancha, no llegó a tener el éxito de Juan José Campanella, que también comenzó desde abajo y luego logró juntar una suma considerable para rodar la recientemente ganadora del Oscar El secreto de sus ojos . Entre uno y otro casos, hay miles de cineastas en la Argentina que tratan de "sacarles jugo a las piedras" para plasmar en 35 milímetros su proyecto.
Pero ¿cómo se financia un film aquí? Existen varias opciones, que no difieren mucho de las disponibles en el resto de los países donde los ingresos por venta de entradas no alcanzan a cubrir lo invertido en la realización. La excepción son los Estados Unidos, China, Japón y la India, donde el volumen de concurrentes a las salas hace viable la ecuación.
El menú de alternativas, que suelen sumarse para lograr el dinero necesario, incluye subsidios y créditos que entrega el Instituto Nacional de Cine y Artes Audivisuales (Incaa), la coproducción, premios obtenidos con películas anteriores, préstamos de empresas privadas o inversores particulares, cooperación entre los involucrados en el proyecto, mecenazgo y venta de bienes personales.
"La mayoría de los cineastas locales apeló a alguna de estas variables", dice Pablo Rovito, productor cinematográfico con más de dos décadas en el negocio. "Lo primero para ver es qué tipo de película quiero hacer; después, qué presupuesto necesito para eso y, por último, cómo me voy a financiar", explica quien participó en la realización de El custodio y Matar al abuelito , entre otras.
Para solventar la película que logró la estatuilla dorada, Campanella recurrió al Incaa, se ofreció a coproducirla con España y convenció a inversores privados. Antes de saber que sería un éxito, había cierto temor porque se estimaba que para recuperar la inversión se necesitarían 600.000 espectadores. De no haber sido una coproducción, esa cifra hubiera ascendido a 1.200.000, un número que en 2008 sólo superaron cuatro films.
El Incaa recaudó en 2009 $ 214,6 millones, provenientes del 10% de las entradas vendidas en el país, y gastó 204 millones, la mitad de los cuales se destinaron a créditos y subsidios a la industria (US$ 1 millón recibió la historia de Darín y compañía). "Donde la venta de entradas no alcanza, es lógico que exista un fomento del Estado", señala Rovito.
Pero hay directores que prefieren no recurrir a esa caja, porque no quieren adecuarse a las exigencias del organismo; no creen que sea la mejor opción para su película la exposición en las salas que elige el instituto, o ven muy costosa la exigencia de rodar en 35 mm (ya que desde los 90 se puede hacer en digital). Uno de estos casos es el de Mariano Llinás, quien dirigió y escribió el guión de Historias extraordinarias , una película que sólo se expuso en el Malba y el Teatro 25 de Mayo, y que costó US$ 30.000, que fueron aportados por Isat, a cambio de los derechos internacionales del film y de la posibilidad de pasarla por su canal de televisión.
Laura Citarella, quien junto a Llinás, Alejo Moguillansky y Agustín Mendilaharzu integra Pampero, la firma que produjo Historias... , cuenta que prefieren no atarse al Incaa. "No estamos enemistados, pero recibir su ayuda significa someterse a cierta burocracia que traba la filmación y a una exhibición que, en cuanto a salas, competencia y tiempo en cartel, no siempre se adecua a las necesidades de nuestras películas", explica.
Los premios de concursos, que van desde US$ 5000 hasta 150.000, son otra fuente de recursos. Citarella refiere que en Pampero los cuatro socios sólo se reparten las ganancias por entradas vendidas (en el caso de Historias... , $ 30.000), ya que lo recibido por galardones o inversiones privadas se vuelca a la producción de nuevas películas. Así fue como ganar el Bafici 2008 les permitió hacer Castro , con la que triunfaron en la edición 2009 y por la que recibieron un dinero que volverá a ser reinvertido.
Otra ayuda es la ley de mecenazgo, que permite a las empresas dirigir lo que deberían pagar por ingresos brutos a ciertos proyectos seleccionados previamente, según ciertos estándares. "Eso es bueno, pero falta un registro de las firmas disponibles", opina Citarella.
Raúl Perrone, otro exponente de cine independiente, se vale del cooperativismo para filmar. "Sale con su camarita, pone lo mínimo para casetes y el resto de la gente se asocia y lo acompaña", cuenta Rovito. Y agrega que los aportes pueden ser de capital, de trabajo o de servicios. Así, Perrone hizo más de diez films, como Labios de churrasco y Graciadió .
Como en todo negocio, el riesgo es un protagonista infaltable. Si no, habría que preguntarle a la gigantesca Sony, que hundió US$ 180 millones en el fiasco de Waterword , mientras que una ignota firma inglesa puso 3 millones para rodar The Full Monty y embolsó cien veces esa cifra.
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