
Todo un arte para vender calendarios y algo más
Oliver Kolker sedujo al mercado local con merchandising artístico
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El hermano de Oliver recibió un regalo. Era 1993 y hasta entonces jamás había visto un calendario con el envase de un compact disc. Estaba ilustrado con obras de artistas. Era importado, pero, "¿por qué no hacerlo acá?" En el dorso de la última lámina figuraban el nombre y teléfono del fabricante. Nada menos que con Alemania se tenían que comunicar. Pero convencieron al padre, que hablaba el idioma, y pidieron la primera muestra por US$ 1000.
Hoy, Oliver Kolker es representante exclusivo de la editora alemana teNeues y sus compras anuales superan los 150.000 dólares.
Pero, además, ya no sólo se dedica a comprar y vender calendarios y demás merchandising artístico. Se ha convertido en un editor de arte y fotografía abocado a la tarea de rastrear viejos y nuevos talentos para reproducir sus obras en calendarios de alta calidad.
"Apenas me metí en este negocio vi con claridad hacia dónde tenía que apuntar. Mi misión es vender arte y ése es el objetivo que hoy guía a mi empresa -dice Oliver-. Si hubiese pensado que mi negocio era vender calendarios, seguramente no hubiese crecido. Tener una empresa requiere definir el negocio desde una perspectiva amplia, que supere al mero producto."
A los 27 años, el discurso de Oliver conserva el tono típico de un estudiante de administración de empresas -carrera en la que se licenció-, aunque denota también ese aire de convicción que da la experiencia.
Oli Publishing, tal como bautizó a su pequeña empresa, importa de Alemania calendarios, agendas, cuadernos, índices telefónicos y varios otros productos que se destacan por la calidad del material y la impresión de sus ilustraciones con obras de Monet, Van Gogh, Picasso, Keith Haring y Andy Warhol, entre muchos más. También los hay con reproducciones de importantes fotógrafos.
"Empecé distribuyendo aquella primera muestra en librerías. Funcionó rápido. El segundo pedido lo hice por US$ 25.000. Cuando llegó la mercadería era tal la cantidad que decidí dedicarme sólo a esto", cuenta Oliver de sus inicios.
Dejó su puesto en una compañía de telefonía celular. "La realidad me enfrentó con obstáculos tan obvios como inadvertidos en la facultad. Mucho stock para vender rápido, ya que los calendarios son de venta estacional, o qué precio poner a un producto nuevo".
Sin embargo, fue la dificultad para encontrar un lugar donde depositar tanta mercadería la que lo empujó a un nuevo desafío. Instaló en Buenos Aires Design una góndola con los productos, a la que denominó Pop Art Place. "La gente se enloqueció con nuestra mercadería y a mí me sirvió para captar personalmente los gustos del mercado", comenta.
Nuevas metas
Apenas iniciada su carrera de Administración, Oliver quiso probar cómo era manejar su propia empresa. Por eso se vinculó con Junior Achievement, una fundación que fomenta la formación de jóvenes empresarios. No desaprovechó ninguno de los contactos que allí supo cosechar. Con la agenda en mano, decidió apuntar hacia una nueva meta: las empresas. "Pensé que así como los museos tienen su merchandising de altísima calidad, para las empresas también sería bueno tenerlo." "La primera gran venta la hice para Bayer, que me compró calendarios por US$ 120.000", recuerda. Y así fue sumando nombres, como Siemens, Image Bank, Hard Rock Café o IBM a su lista de clientes.
Pero quería mejorar su negocio y pensó que nada mejor que viajar a Alemania para aprender los secretos de teNeues. Se instaló en la fábrica durante dos meses.
"Ahí aprendí el publishing business, los criterios, reglas y valores para ser editor", dice. Más tarde se trasladó a teNeues, en Nueva York, donde trabajó durante ocho meses y editó por primera vez un calendario de arte latinoamericano.
Cuando volvió a la Argentina editó dos títulos locales. Al año siguiente agregó ocho nuevos, entre los que figuraron obras de García Uriburu, Soldi y Molina Campos. Consiguió un socio en Brasil y un distribuidor en Uruguay.
"Ya estoy preparando todo para el 2000. Va a ser una gran oportunidad para vender calendarios y para reforzar el concepto estético que tiene este producto, porque el calendario habla de uno", afirma Oliver, instalando cierto aire de misterio en su proyecto. El afán por un futuro que ofrece todo por revelar tal vez sea su máximo secreto.






