Tortas "instagrameables": los pasteleros artistas copan las redes sociales

El universo digital amplió el rango de celebraciones y los encargos de mesas dulces abarcan desde casamientos a cumpleaños de mascotas; todos quieren un pastel que "los represente" y están dispuestos a pagar el precio
Delfina Torres Cabreros
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7 de septiembre de 2019  

Fuente: LA NACION - Crédito: Ariel Escalante

La comida más buscada en Google durante 2018 fue una torta: la "torta unicornio". Las hemos visto hasta el hartazgo en las redes sociales: un pastel blanco con el dibujo de dos pestañas, un cuerno dorado y una melena colorida. También inundaron las pantallas las tortas "rainbow", con una capa de cada color del arcoiris; las "candy", decoradas con una profusión de golosinas y las "naked", con flores naturales y macarons. En la pastelería, como en todo, hay modas y de la mano de la mayor exposición de las celebraciones íntimas en el universo digital parece haber llegado también la hora de las tortas "chetas".

"Pagar una torta $5000 hace diez años no existía", dice María Paz Tailhade, creadora de la pastelería Kekukis y una de las pioneras en encontrar la fórmula para hacer tortas perfectamente instagrameables. "Antes las tortas de cumpleaños eran un bizcochuelo 'de paquete' partido a la mitad, relleno con dulce de leche y decorado con la grana que se compra en el supermercado", dice Tailhade, que en 2014, inspirada en las publicaciones que hacían en internet pasteleros extranjeros, conoció las "tortas altas" recubiertas con buttercream -una pasta a base de manteca y azúcar- y dijo: "Yo quiero hacer eso".

"Al principio la gente estaba medio reacia, acostumbrada a las cosas más típicas como la torta rogel con dulce de leche, el lemon pie, la chocotorta. Pero con el boom de las redes sociales se empezó a priorizar la estética, armar una mesa dulce vistosa, y directamente dejó de importar lo que tenían adentro", cuenta. Sin embargo, dice, el desafío es hacer tortas que además de vistosas sean ricas. Más ahora que hay "mucha competencia".

Tailhade entendió la importancia de las redes y en 2015 comenzó a dedicarle más tiempo a la forma en la que mostraba su trabajo en Instagram, con producciones de fotos cuidadas y una paleta de colores suaves, románticos. También apeló a la herramienta del "canje" con famosos. "Eso fue clave en su momento y me dio mucho alcance", dice la pastelera de 33 años, que empezó trabajando en su departamento y ahora tiene un local en Las Cañitas y 67.000 seguidores en Instagram.

Una de las claves de la reinvención de la pastelería es la expansión del abanico de potenciales clientes: las tortas decoradas ya no son solo para los chicos. Hombres y mujeres de todas las edades las encargan con diseños personalizados y también empresas, que quieren para sus eventos una torta que no solo tenga su logo, sino una decoración representativa de lo que hacen. Tampoco son exclusivas de los eventos más tradicionales como cumpleaños, casamientos y comuniones. "Hay gente que gasta $5000 en la torta de cumpleaños del perro o del gato", dice Tailhade.

Las tortas de Kekukis tienen un precio que va de los $2500 a los $10.000, pero este año creó también formatos más pequeños como porciones de tortas o cajas con macarons surtidos para tener una opción más barata, adaptada a una temporada de bolsillos flacos.

Si bien sí reconfiguró la demanda de estos productos premium, la crisis no erosionó el fenómeno repostero. "La cantidad de pedidos no disminuyó tanto, pero si la variedad que se consume dentro de cada pedido. Antes el cliente pedía toda una mesa dulce acompañando la torta y ahora solo se da el gusto de comprar una torta que sea el centro de atención", apuntó Victoria Petrozzino, creadora de Vicky Pe Bakery.

Petrozzino -que es licenciada en Administración de Empresas y trabajó durante diez años en fianzas- entrega un promedio de entre 15 y 20 pedidos por semana, que incluyen tortas que van desde $2000 a $7000. "Los clientes están mucho más informados que antes. Están aquellos que saben lo que quieren, lo que cuesta, y están dispuestos a pagar lo que sea y están aquellos que no investigaron mucho y lo que buscan es precio. Creo igualmente que no todos están dispuestos a pagar un precio más caro para obtener lo que quieren; para muchos esto no deja de ser un bien de lujo del que pueden prescindir o reemplazar", agrega.

"Por las redes sociales la gente ve cosas de todo el mundo y te las pide", confirma Catalina Morini, de 28 años, que empezó a hacer tortas tradicionales pero, guiada por los encargos cada vez más exóticos de los clientes, hoy entrega entre 10 y 15 pedidos por mes de tortas que pueden tener la forma de una milanesa con papas fritas, el estadio de River, una botella de perfume, un bolso con raquetas de tenis, la cara de una mascota o lo que sea que le pidan.

Moroni empezó hace seis años a cocinar en la casa de sus padres mientras estudiaba Administración de Empresas. "Pensé en hacer un curso sobre estas tortas más elaboradas pero no había nada, así que aprendí mirando tutoriales en YouTube. Hoy ya está lleno de cursos y workshops, lo que te da la pauta de cómo cambió", dice Moroni, para quien lo mismo pasó con los insumos. "Antes si querías granas de colores mas copados tenías que encargárselas a alguien que viajara afuera. Ahora hay de todo", señala.

En la medida que fue creciendo el negocio Moroni abrió un taller de trabajo y sumó al emprendimiento a su mamá, a la mujer que la cuidó desde que tenía cuatro años y a una amiga que la ayuda con las decoraciones.

Morini vende tortas que arrancan en los $2000 y pueden extenderse hasta los $7500 y, como Petrozzino, dice que si bien hay gente que huye luego de pedir presupuesto, otros llegan "con la idea" fija y avanzan cueste lo que cueste.

Y si parece que no hay más margen para sofisticar el segmento, Marina Magrini demuestra que sí. Magrini es argentina, vive actualmente en México y se define como "cake designer". Hace poco hizo "una torta catrina" de 1,70 metros para el Día de los Muertos y un cactus con un sombrero de mariachi para 150 personas que le demandó 12 horas solo para el montarla. "Hubo una época donde pasaba desapercibida la torta, pero hoy la expectativa es mucho mayor. Pasó a cobrar mucho protagonismo y el momento de cortarla es un evento en sí mismo dentro de la fiesta", asegura Magrini, que es diseñadora gráfica y estudió pastelería clásica en la universidad en San Pablo.

"Fui desarrollando mi propio método para hacer estos pasteles, porque nadie te enseña cómo llevar una foto a una elemento 3D, que además tiene que ser rico", dice la artista, que utiliza estructuras de hierro para montar creaciones comestibles que pueden llegar a pesar 50 kilos.

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