Tras la crisis, se recupera el empleo en EE.UU. y Europa
Países como el Reino Unido y Alemania volvieron a tasas que tenían antes de 2009; en España hay más contratos a tiempo parcial
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MADRID.– La premisa es inequívoca. Para merecer su nombre, la recuperación debe serlo de los millones de empleos destruidos en la peor crisis económica en medio siglo. El último país avanzado en ganarse este reconocimiento fue Estados Unidos, origen del descalabro financiero, Y lo hizo a lo grande, con el mayor crecimiento de la ocupación en década y media, según se supo la semana última.
El impulso del mercado laboral estadounidense, que franquea una meta ya alcanzada antes por Alemania o Reino Unido, permite concluir también que 2014 fue el año en el que los países avanzados recobraron el nivel de empleo previo a la crisis. Y eso a pesar de que la zona euro aún está a medio camino. O a que países del sur de Europa, como Grecia, España o Italia, apenas empezaron a sumar ocupados el año último.
La disparidad reina a la salida de la crisis. "El punto de partida es importante. En países como España o Irlanda se juntó la crisis global con la explosión de una burbuja en esas economías", dice Raymond Torres, economista jefe de la OIT.
Sólo en EE.UU. se perdieron más puestos de trabajo (9,4 millones frente a 3,8 millones) que en España, pero la incidencia relativa en la primera economía mundial fue mucho menor: se destruyó un 7% del empleo, mientras en España la ocupación menguó más de 18%. Y la depresión griega se llevó por delante un 25% del trabajo en ese país.
Con datos comparables (hasta el tercer trimestre de 2014), América del Norte, la Unión Europea y Japón rondan otra vez los 500 millones de empleos, compensando así los 24,6 millones de puestos de trabajo perdidos en la crisis. Pero si Alemania tardó menos de un año en recuperarse del impacto laboral de la Gran Recesión de 2008, Italia tiene ahora el mayor nivel de desempleo en cuatro décadas. Y empezó a crear empleo en 2014, como España o Grecia, que apenas recorren un 10% del camino hacia la recuperación.
La economía española comenzó a destruir empleo en 2007. No volvió a generar puestos de trabajo (unos 500.000) hasta 2014. Le llevará –al menos– cinco años más superar los 20 millones de ocupados, como antes de la crisis. Y tardará más aún en recobrar el nivel de horas trabajadas: en el inicio de la recuperación se imponen los contratos a tiempo parcial.
En el régimen general de la seguridad social, 70% de los nuevos afiliados con contrato indefinido registrados hasta diciembre último trabajaba por horas. El 25% de los nuevos contratados temporales, también. Los cambios legales y la incertidumbre facilitan que, si antes de la crisis 14% de los ocupados trabajaba a tiempo parcial, ahora sean más de 22 por ciento.
"En la salida de una crisis, el mayor uso del tiempo parcial es un recurso lógico por parte de los empresarios. Es bueno que en momentos como éste se facilite la contratación a tiempo parcial", dice Sara de la Rica. Pero al recordar cómo salió la economía española de la crisis de 1993, la catedrática de la Universidad del País Vasco se pone en guardia: "Desde entonces no hubo forma de que la contratación temporal disminuya. Mucho me temo que a esta forma de precariedad se añada a partir de ahora la precariedad en horas contratadas por la flexibilidad que otorga al empresario", lo que además sería pernicioso para la productividad.
"Las respuestas a la crisis fueron distintas", prosigue el experto de la OIT. "En Estados Unidos se siguieron políticas que llevaron a la depreciación del dólar, el aumento de la inversión pública y a una expansión monetaria." Para Torres, los caminos se bifurcan en 2010, cuando "los países europeos con crisis internas operaron en un entorno restrictivo", marcado por la austeridad presupuestaria y la debilidad de la intervención monetaria. "Hasta que una nueva dirección se hizo cargo del Banco Central Europeo, la estrategia europea tuvo consecuencias negativas."
"Las políticas laborales son importantes –coincide De la Rica–. Generalizar es peligroso, pero sí creo que las diferencias institucionales hicieron que el resultado en los niveles de empleo sea distinto".
La catedrática opone la experiencia alemana a la española. "Alemania dispone de la posibilidad de recurrir a una reducción de jornada en momentos de baja actividad y compensar la pérdida de poder adquisitivo del trabajador con subsidios de desempleo. En 2009, en el momento más crítico de la crisis, más de un millón y medio de trabajadores se redujeron la jornada", recuerda De la Rica. "El PBI cayó 5%, pero la tasa de desempleo alemana no superó el 10%", concluye. El contraste es notable. "En España no se ajusta por la cantidad de horas trabajadas, sino por la cantidad de trabajadores temporales contratados. Y así, el desempleo aumenta muchísimo en situaciones recesivas", añade la catedrática. Con una caída de actividad inferior a la alemana se alcanzó el 20% de desempleo. "Con la reforma laboral de 2012 se han dado pasos adecuados para aumentar la flexibilidad interna, pero se dieron juntamente con medidas que han facilitado el despido", acota De la Rica. Eso y los ajustes presupuestarios llevaron a la tasa de desempleo a rebasar el 25 por ciento.
Miguel Jiménez, economista jefe para Europa del servicio de estudios de BBVA, destaca "aspectos positivos" del cóctel de "contracción salarial y reformas del mercado del trabajo" ingerido por varias economías europeas. "En España, Portugal o incluso Grecia se empezó a crear empleo con tasas de crecimiento bajas", subraya.
Como ya se dijo, la generalización ante realidades tan diversas es un ejercicio de riesgo. Pero Raymond Torres, de la OIT, sí aprecia una viga maestra en la nueva normalidad que se esboza: "Incluso en países con poco paro, como Alemania, los salarios crecen menos que la productividad. Es un fenómeno casi global que contribuye al aumento de la desigualdad". Un desafío que dirá mucho del futuro más próximo de las sociedades occidentales.
El País, SL
Alejandro Bolaños




