Ucrania y la crisis del derecho internacional

Jeffrey Sachs
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30 de marzo de 2014  

Las acciones de Rusia en Ucrania son una grave y peligrosa violación del derecho internacional. En 1994, Ucrania accedió a entregar el arsenal atómico que había heredado de la Unión Soviética, a cambio de un compromiso solemne por parte de los Estados Unidos, el Reino Unido y Rusia de proteger la integridad territorial y la soberanía de Ucrania. Ahora, Rusia incumplió, con lo que no sólo perjudica a Ucrania, sino que también debilita el marco jurídico internacional para la prevención de la proliferación nuclear.

A menos que Rusia modifique su rumbo, las consecuencias globales pueden ser graves. Estados Unidos y la Unión Europea (UE) impondrán sanciones que debilitarán la economía de Rusia y la del mundo, estimulando aún más las tensiones y el nacionalismo. Cualquier error, de un lado o del otro, podría llevar a una catástrofe violenta.

Pero más allá de esos temores, no hay que olvidar el desprecio generalizado del derecho internacional que se ha visto en años recientes. Sin pretender restar gravedad a las últimas acciones de Rusia, hay que señalar que se producen en un contexto de violaciones reiteradas del derecho internacional por parte de Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN. Cada una de esas violaciones socava el frágil edificio del derecho internacional y expone al mundo al riesgo de caer en una guerra de todos contra todos sin ninguna sujeción legal.

Estos últimos años, también Estados Unidos y sus aliados lanzaron una serie de intervenciones militares en contravención de la Carta de las Naciones Unidas y sin apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU. Cuando en 1999 la OTAN bombardeó Serbia, bajo la dirección de Estados Unidos, lo hizo fuera del marco jurídico internacional y a pesar de las enérgicas protestas de Rusia, país aliado de Serbia. La posterior independencia de Kosovo respecto de Serbia, reconocida por Estados Unidos y la mayoría de los miembros de la UE, creó un precedente al que Rusia acude para justificar sus acciones en Crimea.

A la guerra de Kosovo le siguieron las dos que lideró Estados Unidos en Afganistán e Irak, que se produjeron sin apoyo del Consejo de Seguridad. Las acciones llevadas a cabo en 2011 por la OTAN en Libia para derrocar a Muammar Khadafy constituyeron otra violación. Como Rusia señaló en más de una ocasión, las acciones de Estados Unidos en Siria también fueron contrarias a derecho.

A esto se le podrían añadir muchas otras acciones de Estados Unidos: ataques con aviones no tripulados en territorio de Estados soberanos sin autorización de sus gobiernos; operaciones militares encubiertas; entrega de sospechosos de terrorismo a países donde fueron torturados, y el masivo programa de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos. Cuando otros países y organismos de la ONU pidieron cuenta de estas acciones, Washington los desoyó.

El derecho internacional se encuentra él mismo en una encrucijada. Estados Unidos, Rusia, la UE y la OTAN lo citan cuando les conviene y lo ignoran cuando lo estiman un estorbo. Es posible que estos mismos problemas pronto se extiendan a Asia. Hasta hace poco, China, Japón y otros países asiáticos fueron firmes defensores del principio según el cual cualquier intervención militar en el territorio de un Estado soberano debe contar con la aprobación del Consejo de Seguridad. Pero últimamente, varios países de Extremo Oriente se trenzaron en una espiral de reclamos y contrarreclamos por asuntos de fronteras, corredores marítimos y derechos territoriales; y aunque las disputas han sido en principio pacíficas, las tensiones crecen.

El derecho internacional siempre ha tenido sus escépticos: quienes creen que nunca podrá prevalecer sobre los intereses nacionales de las grandes potencias y que el único modo realmente posible de conservar la paz es mantener un equilibrio de poderes entre los diversos competidores. Pero un mundo como éste sería muy peligroso. Una y otra vez, la historia nos enseña que un auténtico "equilibrio de poderes" es imposible. Esto es aplicable a la situación actual, en la que los países compiten por el petróleo y otros recursos vitales.

Una mirada al pasado nos enseña, una y otra vez, que no hay más modo de obtener seguridad que a través del derecho internacional, con el sostén de las Naciones Unidas y el respeto de todas las partes. Puede parecer ingenuo, pero no hace falta mirar al pasado para ver la ingenuidad que supone creer que la política de las grandes potencias mantendrá la paz y la supervivencia de la humanidad.

El Consejo de Seguridad debe ayudar a encontrar una solución negociada que preserve la soberanía y la integridad territorial de Ucrania. Esto no se logrará en un día, pero la ONU debe perseverar, con la esperanza de que en algún momento se obtendrán avances.

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