
Un año poco claro en materia salarial
Una inflación que no para, mayores costos laborales, corridas cambiarias y otros problemas marcan la agenda laboral para este 2013 electoral
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La paritaria docente nacional, aún irresuelta en el principal distrito del país, es el síntoma de un problema mucho más profundo. El Gobierno, en el rol de empleador, envió una clara señal a los actores económicos: descongeladas algunas tarifas públicas y sin un control real sobre el tipo de cambio, dos anclas hasta 2011 frente a la creciente inflación, las miradas se posan ahora sobre el salario como posible variable de ajuste para frenar precios.
Pero la estrategia gubernamental de contención –estiman varios expertos consultados por LA NACION– tiene fronteras precisas: el freno del consumo privado en una economía ya estancada y que enfrentará un año electoral clave.
De esas limitaciones nacieron los acuerdos de precios con supermercados, la presión de Guillermo Moreno a los bancos por las comisiones de las tarjetas y los costosos –para la caja, pero insuficientes según todos los gremios– cambios en el mínimo no imponible y algunas deducciones del impuesto a las ganancias.
A pesar de la recuperación del salario real durante sus años de gestión, el ajuste salarial ya no es una novedad para el kirchnerismo. Aunque los diferentes sectores de la economía muestran diferencias entre sí, en 2012 los sueldos crecieron en promedio 24,5%, según datos oficiales, mientras que la inflación de las consultoras privadas difundida por el Congreso llegó al 25,6 por ciento.
En cambio, el suceso está en la sintonía fina que surge en la actualidad entre dos fenómenos que se expanden en direcciones contrarias: por un lado, el salto en las expectativas de subas de precios, que alcanza el 30% para este año según relevamientos de la Universidad Di Tella, y por el otro, el aumento de la presión del Ejecutivo por contener aumentos salariales en un 20 por ciento.
A pesar del techo propuesto con mayor énfasis por el Gobierno para las paritarias de este año, los expertos dudan de que el promedio anual baje del 24% o 25%, algo que también vaticinaron los empresarios la semana última en una encuesta organizada por la consultora especializada Mercer.
Pero, siguiendo las expectativas inflacionarias, algunos se animan a estimar que, con sumas fijas no remunerativas, los sindicatos buscarán alzas cercanas al 30 por ciento. Por ejemplo, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que dirige el oficialista Antonio Caló, reclamó esta semana una suba salarial de 32 por ciento.
En ese contexto, infieren los expertos, este año permite vislumbrar conflictos más intensos debido a esa puja distributiva, y con reclamos de incrementos fraccionados durante 2013. Es probable, creen los consultados, que esa tensión se atrase en los primeros meses del año, con la intención oficial de licuar parte de los aumentos, y sea insoportable cerca de octubre, con el designio sindical de incrementar al máximo la presión sobre el Gobierno.
"Las autoridades se muestran más enérgicas en acotar los reclamos salariales que en llevar a cabo una política antiinflacionaria consistente que incluya al resto de las políticas (monetaria, fiscal, cambiaria) y estadísticas confiables", señala un informe de la consultora Ecolatina, que además indica que es "poco probable" que el Gobierno consiga acotar la suba a un 20 por ciento.
"No sé si el salario será una variable de ajuste, pero sí van a intentar que funcione como ancla", explica Marina Dal Poggeto, economista de Bein& Asociados. Estima que el promedio de suba salarial para este año rondará en torno del 24%, lo que tendería a mantener el poder adquisitivo promedio de los asalariados.
Según la especialista, la posibilidad de seguir expandiendo el salario por encima de la productividad chocó con la restricción externa y sin apertura al crédito, no es posible financiar el aumento en las importaciones más allá de un salto coyuntural en la oferta de dólares que tendrá lugar en 2013.
Esa es historia conocida En el período denominado Stop & Go, entre 1945 y 1971, con tasas de inflación moderadas y persistentes en el tiempo, el atraso cambiario (en 2011 los salarios subieron en promedio un 29% –34% los formales–, mientras que el dólar se movió sólo 7,5%) derivó en el intento de moderar precios y salarios o en devaluaciones.
"El Gobierno está haciendo todos los esfuerzos posibles para poner la pauta salarial lo más cerca posible del 20%", coincide Gastón Rossi, economista de Labor, Capital & Growth (LCG). "Esto se debe más a que empieza a percibir un incipiente problema de competitividad y costos, que a la idea de que sea el primer mojón de una política antiinflacionaria integral", refuerza.
El hombre de la consultora creada por Martín Lousteau estima que si el Gobierno se mantiene firme, y presiona a empresarios y sindicatos, más allá de "la inevitable conflictividad gremial que irá en aumento", es factible que termine logrando una pauta salarial promedio de entre el 22 o 24 por ciento. La paritaria es una discusión excluyente para muchos argentinos. Sólo abarca a los trabajadores registrados o al 65% de la fuerza laboral. Cerca de un 35% de trabajadores son informales. Con escaso poder de presión, no tienen la posibilidad de negociar los aumentos de sueldo que recibirán.
Crece la brecha entre aumentos
- 20%
La expectativa del Gobierno para los aumentos salariales de este año. Algo que desde ya no se cumple y cuya consecuencia se puede ver, por ejemplo, en el paro de los maestros - 32%
El máximo, hasta ahora, pedido por el dirigente sindical oficialista Antonio Caló en franca rebelión con las metas propuestas desde el Ministerio de Trabajo





