
Un castillo holandés en el Valle de Uco
Salentein: Bodega
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Salentein, la bodega esparcida sobre 2000 hectáreas del Valle de Uco, en Mendoza, debe su nombre a la tierra de origen de sus dueños. En aquella porción de territorio holandés, propiedad de la familia Pon, hay un castillo, cuyo escudo se convirtió en el distintivo de la marca de vinos argentinos.
Las tres fincas irrigadas con agua pura de deshielo de la cordillera de los Andes, al fondo de la postal de los viñedos, son la reminiscencia de una lejana tierra europea. Pero las particularidades locales son las que hacen del lugar un ambiente único para el desarrollo de la vitivinicultura. En los 22 kilómetros que abarca Salentein de Este a Oeste, los viñedos se ubican a una altitud que oscila entre los 1050 y los 1700 metros sobre el nivel del mar. La extensión da lugar a cinco microclimas con distintas temperaturas, elevaciones y suelos diversos, que favorece la maduración de distintas variedades de uvas, que ocupan actualmente una superficie de 800 hectáreas. El suelo se reparte entre una decena de varietales: Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc, PetitVerdot, PinotNoir, Pinot Meunier, Chardonnay, SauvignonBlanc y Gewürztraminer.
Parte del territorio donde se erigió el emprendimiento de capitales holandeses fue explotado por los jesuitas, a principios del siglo XVII. La finca San Pablo era parte de la estancia De Arriba, que pertenecía a la Compañía de Jesús. Todavía están allí las ruinas de la "Casa grande", rodeadas por una añosa arboleda. Salentein continuó el legado de la orden religiosa.
En Mendoza, la bodega fue ampliando su terreno a lo largo de los años. En 1995 adquirió la primera finca, con 80 hectáreas de viñedos plantados entre 1977 y 1979. Al año siguiente, Salentein compró la segunda finca y la cubrió de nuevas plantaciones. En 1997, completó el total de su superficie, donde construyó la bodega en forma de cruz, en homenaje a las raíces religiosas del valle.
Allí se elaboran diferentes líneas de vinos tintos y blancos con las marcas Salentein, Killka y Portillo, y espumantes.
En ese rincón de Mendoza, Salentein también construyó un espacio de arte y una posada para refugiarse y disfrutar de la paz de las montañas.





