
Un remate de tesoros
Las casas de subastas esconden valiosas obras de arte y antigüedades; en 2011 vendieron por $ 10 millones
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Guardadas en vitrinas, colgadas en paredes o dispuestas en amplios salones, joyas del arte, alhajas y antigüedades se esconden en las casas de remate de Buenos Aires.
Son piezas cotizadas que se venden en remates al martillo, donde un selecto grupo de clientes puja por el precio. "Son objetos de calidad que se venden a precio fijo en tres de las sucursales del banco y en la tienda online [www.tienda.bancociudad.com.ar]", señala Carlos Eduardo Leiza, gerente de Crédito Pignoraticio y ventas del Banco Ciudad.
En la sala se exponen cuadros, esculturas, alhajas, platería y muebles tallados, de estilo europeo, que el público puede adquirir en subastas por rubro –todos los mediodías– y en extraordinarias (donde se incluye lo mejor de cada categoría), un jueves al mes. Cada remate congrega, en promedio, a unas 350 personas.
El público busca en especial obras de arte. El año pasado, unas de las ventas más significativas fue el cuadro Ombú y atardecer, de Nicolás García Uriburu, cuyo precio al martillo ascendió a $ 136.000. Durante 2011, las ventas en la casa de remate superaron los $ 10 millones.
En Roldán en las subastas de arte los cuadros también fueron los más cotizados. La cacería del guanaco, un óleo sobre tela del pintor Fernando Fader, alcanzó los US$ 180.000 en una puja. Lo siguió una obra de Nicolás García Uriburu, Los ombúes, que se vendió en US$ 90.000.
"Los valores de la obra están dados por la trayectoria del artista, el tipo de obra, tamaño, época, calidad pictórica", explica Catriel Ortiz Vidal, socio de la casa Roldán.
La procedencia del artículo es importante porque añade valor si perteneció a alguien reconocido, coincide Juan María Poirón, de la casa de remate Saráchaga.
Los clientes frecuentes son coleccionistas o personas mayores que quieren cambiar su juego de muebles o darse el gusto con una obra de arte. Las casas les envían invitaciones y, según la modalidad, tienen un día o diez para adquirirlos.
No todos los grandes clientes van a una subasta. Hay empresarios o personajes de la televisión (Marcelo Tinelli o Mirtha Legrand, por ejemplo) que compran a través de algún apoderado; otros lo hacen por encargo o en una tienda virtual.
Las antigüedades y alhajas también tienen sus adeptos. El año pasado un juego para té y café de plata inglesa de la casa Mappin & Webb (Londres, 1911), con aisladores de marfil de elefante, se vendió en $ 13.000 en Banco Ciudad; un juego de cubiertos Christofle franceses alcanzó $ 26.000, y un par de aros de oro y plata con brillantes, $ 20.000. También hubo una subasta especial de The Beatles, donde un celuloide original de la película Yellow Submarine llegó a $ 20.000.
Las subastas arrancan después del verano. El Ciudad alista una especial de alhajas por el día de los enamorados; Saráchaga, abrirá una que incluirá libros y otra de obras de arte. En Roldán no hay un cronograma aún, pero en cuanto arman una colección llaman a sus clientes.





