
Un vasco que no duerme hasta que no termina su tarea
Elogiado por su dedicación, sus enemigos critican su autoritarismo
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Pedro Pou nació en Mendoza en 1943, pero podría haber comenzado su vida en el País Vasco.
Capaz de quedarse en su despacho más de 12 horas por día, el presidente del Banco Central de la República Argentina combina como nadie la pasión por el conocimiento teórico con el placer por los negocios.
Sus colaboradores lo elogian por su "dedicación" y sus enemigos lo critican por su "autoritarismo individualista". Pero tal vez nadie lo conozca mejor que el ex viceministro de Economía Carlos Rodríguez, uno de sus amigos desde hace 30 años que lo definió como "un vasco que no duerme hasta que no cumple con la misión que se propone".
Tres "masters" en Chicago, Pou, Rodríguez y Roque Fernández, fundaron en 1978 el Centro de Estudios Macroeconómicos (CEMA) y el actual titular del Banco Central fue el primer director de la entidad académica. Al poco tiempo, Pedro, tal como lo llaman sus amigos, desembarcó en un cargo público, primero como asesor del Ministerio de Agricultura de la Nación y luego como ministro de Economía bonaerense en la gobernación de Jorge Aguado.
Ya en ese entonces "era un hombre muy cuidadoso de sus negocios", según comentó un economista que lo conoce de su tierra natal. Las inversiones en viñedos y negocios inmobiliarios se cuentan entre sus opciones preferidas, pero su gran placer de los últimos años son los campos que compró en el sur entrerriano. De todos modos, el trabajo nunca le impidió dedicarse al vicio de la lectura, que aún hoy ocupa gran parte de sus horas fuera del Central. "Salvo una o dos veces, nunca aceptó una invitación a comer a casa", recordó Rodríguez. Su carácter retraído se acentuó cuando se separó de la hija del dueño de la bodega Navarro Correas y desde entonces este ingeniero agrónomo, recibido en la Universidad Nacional de Cuyo, permanece separado.
Su confirmación al frente del Central hasta el 2004 dejó definitivamente atrás su tarea docente en el CEMA y las universidades de la Plata, UCA y El Salvador.
Cuando fue ratificado en su cargo en 1998 sintió cierto alivio, por haber pasado la barrera del Senado a pesar de las fuertes críticas los economistas del justicialismo y de la oposición.
"Uno puede sospechar que es un hombre más inclinado a defender a los grandes círculos financieros que a tener una actitud contemplativa con las entidades chicas", opinó Eduardo Curia, del PJ.
Desde la Alianza las críticas fueron más fuertes: sus principales referentes económicos ya le anticiparon al FMI que si ganan las elecciones presidenciales y no pueden incluir a uno o dos directores en el BCRA, podrían pedir su remoción.
Por ahora, el mendocino de cuerpo grande y cabeza pequeña no tiene por qué temer. El presidente Carlos Menem lo eligió para ser su vocero en el polémico proyecto de dolarización lanzado la semana última, tal vez ante el escaso entusiasmo exhibido por Roque.
Anuncio anticipado
Pou pensaba difundirlo más adelante, pero el informe de Morgan Stanley, que mencionó la palabra "devaluación", destrozó la tranquilidad del Gobierno y el Presidente, rápido de reflejos, le pidió al titular del Central que convocara a una conferencia de prensa en la que se habló de reemplazar en los billetes a los próceres argentinos por George Washington y Benjamín Franklin.
"Es una idea terrible y sin fundamento técnico", opinó Arnaldo Bocco. "Se trata de una propuesta aberrante", agregó Curia. "Me parece un proyecto brillante, que representa una vieja aspiración de todos los que entendemos de política monetaria", discrepó Rodríguez.
Más allá de todas las opiniones, Pou estuvo una vez más en el lugar clave para descomprimir una coyuntura complicada -en este caso por la crisis brasileña- casi con el mismo timing de 1996 cuando su primo Eduardo Bauzá le pidió, a instancias del Presidente, una lista de reemplazantes de Domingo Cavallo.
Pou dijo "Roberto Alemann, MiguelAngel Broda y Roque Fernández", en ese orden. Se automarginó para quedarse con el BCRA y logró un puesto para el también retraído economista cordobés, socio en sus campos mesopotámicos.
Desde entonces se dedicó a consolidar el sistema financiero local, con más exigencias y menos entidades. El resultado fue una clara sensación de tranquilidad de los inversores externos y los ahorristas locales, frente a las quejas de los pequeños bancos y de unos cuantos desempleados más.
Pou asegura que en todos los casos la culpa de los cierres fue de los banqueros liquidados, en especial cuando se refiere a Alberto Spolsky, del Patricios, y a Rubén Beraja, del Mayo, a quienes "quiere ver presos", según confesó hace unos meses.
Tal vez por ese odio sus enemigos se preocuparon en recordar una supuesta deuda de Pou con el Central de 370 mil dólares, heredada de créditos que le otorgó el Banco Los Andes. Cerca de su despacho explicaron que la deuda está saldada y que la versión fue reflotada por un "lobby de abogados" enfrentados al número uno del BCRA.
Tras el rumor llegó la calma, al menos hasta que caiga una nueva entidad y Pou tenga que abandonar una vez más su obsesivo perfil bajo.






