Una dorada tradición
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La antigua tradición de ahorrar en monedas o lingotes de oro fue reflotada en los últimos meses por muchos ahorristas que buscan riesgo moderado y quieren aprovechar la escalada que el precio de este metal muestra en los mercados internacionales.
En la Argentina se puede comprar oro de dos maneras: en monedas como el mexicano (37,5 gramos), el chileno (20,33 gramos), la libra Elizabeth (7,33 gramos) que puede ser fraccionada para su venta o la moneda sudafricana, el kruger rand, de una onza.
La otra opción es comprar lingotes de oro que pesan desde un gramo hasta un kilo. Existen dos tipos de lingotes: los de denominación nacional fabricados exclusivamente por el Banco Ciudad o los importados y autorizados por el Banco Central que en general son acuñados por bancos suizos.
Las piezas no pueden ser fraccionadas una vez adquiridas. El Ciudad fabrica y además compra y vende sus propios lingotes. Su precio varía desde los 47,50 pesos el gramo hasta los 37.900 pesos el kilo, tomando la cotización de 412 dólares la onza.
Para poder ser comercializados todos los lingotes deben tener grabado el nombre y el sello del banco y del fabricante, el título de pureza y su peso en gramos. Una vez adquiridos, algunas entidades ofrecen el servicio de guarda que va de 3 a 12 meses y en el caso del Banco Ciudad se ofrece sólo en el momento de la compra y para piezas compradas en el banco. El costo del servicio varía, a partir de 6,50 pesos más el 0,1% del precio del lingote, ambas cifras más IVA.
Otra opción para invertir en oro es comprar acciones de empresas mineras productoras del metal en el mercado americano o en Canadá para lo cual es necesario tener una cuenta en el exterior, lo que implica una inversión mínima de 150.000 dólares. Las más grandes son Seabridge Gold, Barrick Gold y Newmont Mining Corporate.
Estas dos últimas cotizan aquí como Cedears (ver "Glosario..."), aunque no registraron operaciones en los últimos dos años y por lo tanto no tienen precio indicativo. Esto no representa inconvenientes a la hora de comprar ya que cualquier banco o agente puede hacer un arbitraje con las acciones en el extranjero y vendérselas al inversor local. El problema aparecerá cuando las quiera vender, ya que en el mercado local será difícil encontrar interesados.




