Una industria en manos extranjeras
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La industria cervecera argentina, que en los años 90 fue una de las últimas con predominancia de capitales nacionales, está dominada por actores extranjeros con tres grandes grupos, cuyas principales marcas de referencia son Quilmes, Heineken e Isenbeck.
Heineken es producida, vendida y distribuida en la Argentina desde mediados de 2003 por Cicsa, que pertenece mayoritariamente al grupo chileno Compañía Cervecerías Unidas (CCU).
Heineken y CCU firmaron un acuerdo de licencia y asistencia técnica. CCU es el mayor grupo cervecero chileno y el segundo en la Argentina. Entre sus marcas, también figuran Imperial, Palermo y Bieckert.
El cambio más drástico en la industria cervecera se dio a partir de la fusión entre Quilmes y Brahma. La integración se había iniciado en 2002 y fue aprobada por Defensa a la Competencia en 2003, con una cláusula que obligó a la nueva compañía a desprenderse de las marcas Bieckert y Palermo, y de la planta de Luján, que recientemente adquirió CCU, pero que antes pasó por otras manos.
En 2006, Quilmes fue completamente adquirida por el grupo InBev, surgido de la unión de la brasileña Ambev (productora de Brahma) y la compañía belga Interbrew. Fue recién entonces cuando el grupo en el que estaba la familia fundadora, los Bemberg, vendió las acciones que aún conservaban por US$ 1200 millones y, de esta forma, Ambev pasó a controlar el 91% del paquete accionario.
En 2003, luego de que el Gobierno autorizó la fusión entre Quilmes y Brahma, la holandesa Heineken vendió la participación del 15% en Quilmes por aproximadamente US$ 90 millones y adquirió el 50% la firma chilena Inversiones y Rentas Sociedad Anónima, que a su vez es controlante del 50% de CCU.
En octubre de 2006, después de cuatro años de idas y venidas, las marcas Palermo, Bieckert e Imperial y la planta de Luján fueron adquiridas por Inversora Cervecera, contralada por un grupo encabezado por Ernesto Gutiérrez, presidente de Aeropuertos Argentina 2000.
Un año después, las tres marcas -que controlan el 6% del mercado- y la planta en la que próximamente se empezará a producir Heineken quedaron en manos de Cicsa, de CCU.
El segmento premium captó la atención de todos los actores de la industria. Quilmes volvió a tener presencia en 2004, luego de dos años con la marca belga Stella Artois que se produce en la planta de Zárate.
La alemana Isenbeck, que empezó a operar en el país en 1994, se había adentrado con anterioridad a pelear por este mercado en crecimiento. En 2003, realizó una inversión de 20 millones de pesos para relanzar su marca premium Warsteiner.
En esta pelea, también se lanzaron en el último año las marcas artesanales que hoy abundan en góndolas y en bares.








