Warren Buffett apuesta por la energía eólica

Anupreeta Das
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27 de octubre de 2014  

Para vislumbrar el futuro del imperio de Warren Buffett, basta con ver los miles de millones de dólares que ha volcado a proyectos de granjas eólicas. La inversión forma parte de una gran apuesta por la energía renovable de una empresa que Berkshire Hathaway Inc. compró en 2000 y a la cual ha convertido en uno de los mayores proveedores de electricidad de Es-tados Unidos.

A través de Berkshire Hathaway Energy, una subsidiaria en la que posee una participación mayoritaria, Buffett planea duplicar los US$15.000 millones que ya destinó a proyectos de energía renovable hasta principios de este año y está a la caza de más adquisiciones en el sector de servicios públicos.

Charles T. Munger, socio de larga data de Buffett y vicepresidente de la junta de Berkshire, auguró el mes pasado que el holding será "la mayor empresa de servicios públicos de EE.UU. en unos años".

La división energética es clave para el futuro de Berkshire —genera más de 7% de las ganancias del conglomerado, un porcentaje que probablemente aumentará—, mientras que también le ofrece a Buffett una forma de invertir las crecientes reservas de efectivo del conglomerado.

"Charlie (Munger) y yo desde hace décadas hemos dicho que los mejores negocios no necesitan capital y sigue siendo así", dijo Buffett en una entrevista. "Pero hemos alcanzado un punto en la vida de Berkshire en el que también estamos bastante satisfechos con negocios que requieren capital siempre y cuando provean una adecuada tasa de retorno".

Berkshire Hathaway tenía US$55.500 millones en efectivo al 30 de junio.

Otra razón por la que muchos observadores están prestando atención es que Berkshire Hathaway Energy es dirigida por Greg Abel, un canadiense de 52 años que está entre los ejecutivos considerados por los analistas como posible sucesor de Buffett, de 84 años, como presidente ejecutivo del holding.

Para Buffett, quien incursionó en la industria energética en 2000 con la compra por US$2.000 millones de lo que era en ese entonces MidAmerican Energy Holdings Co., la apuesta es sencilla: la gente siempre necesitará electricidad, ya sea en épocas de vacas gordas o flacas. Como suele decir, poseer una empresa de servicios públicos no es una forma de volverse rico, sino de mantenerse rico.

Berkshire Hathaway Energy —como se rebautizó a MidAmerican Energy Holdings en abril— suministra electricidad a más de 8 millones de clientes. La cifra podría aumentar a 11 millones si Berkshire cierra la adquisición de AltaLink, compañía canadiense de transmisión de electricidad, por US$3.000 millones este año.

Además de los proyectos de energía renovable, Berkshire ha gastado cerca de US$15.000 millones en compras que han diver-sificado las fuentes de ingresos de la empresa energética. El año pasado, compró el mayor proveedor eléctrico del estado de Nevada, NV Energy, por US$5.600 millones. Buffett señaló en su más reciente carta a los accionistas que "no será la última adquisición importante en energía". Poco después, Berkshire anunció planes de comprar AltaLink.

Buffett elogió a Abel por dirigir la empresa a través de múltiples adquisiciones y su gran compromiso con la energía renovable. "Es una historia notable", dijo el inversionista.

Si bien muchos analistas consideran las empresas de servicios públicos inversiones deslucidas a medida que las fuentes tradicionales de energía pierden atractivo entre los consumidores y los modelos de distribución cambian, sostienen que el enfoque anticipado de Berkshire en la energía renovable le ayudará a manejar mejor la transición.

"La electricidad es bastante fundamental, pero los medios para producirla cambiarán gradualmente con el tiempo", afirmó Buffett.

Buffett y Abel no ocultan el hecho de que las inversiones en energía renovable han sido impulsadas en gran parte por incentivos tributarios, que el gobierno estadounidense ha ofrecido desde hace años para contrarrestar los costos de construir granjas eólicas y solares.

Las empresas eléctricas requieren de enormes inversiones para mantener y mejorar sus redes. Los servicios regulados, como los que posee Berkshire, pueden operar monopolios a cambio de mantener los precios bajos, con tasas de retorno fijadas por los reguladores. Muchos de los clientes de Berkshire pagan tasas más bajas que el promedio de EE.UU.

Eso no permite mucho margen de maniobra. No obstante, Berkshire se las ha arreglado para obtener retornos de al menos 12% sobre su capital invertido, según analistas. Eso se debe en parte a que Berkshire Hathaway Energy no paga dividendos a sus accionistas, incluida su casa matriz, que posee una participación de 89,8% (Walter Scott, miembro de la junta de Berkshire, y su familia, y Abel son dueños del resto). En cambio, reinvierte sus ganancias en el negocio.

En un informe el año pasado, Andrew Bischof, analista de renta variable de Morningstar Inc., calificó a Berkshire Hathaway Energy como "una de las empresas de servicios públicos más grandes y de mejor desempeño de los últimos cinco años" por retornos sobre el capital, una tendencia que indicó que ha continuado en 2014. Bischof valora la compañía en unos US$31.000 millones.

Abel ha dirigido el negocio energético de Berkshire desde 2008, cuando David Sokol, presidente ejecutivo de MidAmerican Energy, asumió un papel más importante en el conglomerado. Sokol se fue de Berkshire en 2011.

Abel se ha forjado una reputación como un astuto negociador, con un estilo relajado similar al de otros ejecutivos de Berkshire.

Desde 2004, el holding ha invertido US$5.800 millones en proyectos eólicos en Iowa, dijo Abel. La empresa eléctrica de Iowa, que aún se llama MidAmerican bajo la bandera de Berkshire Hathaway Energy, ha construido proyectos que generan más de 3.300 megavatios, o 64% de la capacidad eólica de este estado, comparado con los cerca de 100 megavatios que tenía hasta el año 2000.

Las licencias de conducir de Iowa ahora tienen turbinas eólicas de fondo, señaló Abel. "Eso demuestra lo orgullosos que estamos", afirmó.

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