Acuerdo con Estados Unidos: un desafío para el desarrollo
Entendimientos comerciales como el suscripto con el país del Norte pueden sentar las bases para una integración inteligente de la Argentina al mundo
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Un acuerdo de comercio e inversión entre países es casi por definición positivo. Al menos ese ha sido el entendimiento desde el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando se crearon las instituciones que dieron lugar a la globalización moderna y a uno de los períodos de mayor prosperidad económica, como la Organización Mundial de Comercio y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT).
Pero todo ha cambiado estos últimos años. La geopolítica, un concepto acuñado por el sueco Rudolf Kjellén a principios del siglo XX, prima en el análisis en un nuevo mundo, dominado por la tensión entre dos potencias, una emergente y otra desafiada, y el gobierno de una que volvió a usar las tarifas como dispositivo de poder internacional.
El acuerdo de comercio e inversión firmado por el Poder Ejecutivo con Estados Unidos se inscribe en ese marco de análisis, y su tratamiento en el Congreso de la Nación seguramente reavive una vieja discusión política con fundamentos históricos, esa que al menos desde 1975 nos lleva de un modelo de apertura a otro de cierre de la economía, sin encontrar un modelo de desarrollo.
Su origen remite a un halo de duda que no puede dejar de mencionarse porque podría haber condicionado las obligaciones argentinas en el acuerdo: aquel préstamo que fue otorgado al país a fines del año pasado, que ayudó a estabilizar el mercado justo antes de las elecciones y en medio de serias tensiones económicas.
No debemos caer en la trampa de convertirnos en una simple zona de sustitución de importaciones, en lugar de asegurarnos el tránsito a una plataforma de valor exportable agregado
El acuerdo libera las barreras al comercio con Estados Unidos, particularmente las restricciones legales o técnicas para el ingreso de sus productos al mercado local. Jurídicamente implica que tanto licencias de importación como restricciones técnicas aplicables a un producto cualquiera deberán ser otorgadas de manera automática, o que deberán aceptarse las regulaciones técnicas estadounidenses. Es un concepto llamativo desde un doble punto de vista: deberán internalizarse normas extranjeras al derecho local; por otro lado, surge inevitable el principio de nación más favorecida, que justamente sirve de fundamento del orden internacional post Segunda Guerra Mundial y establece que una ventaja a un país se otorga automáticamente a otro miembro del GATT.
En otras palabras, podría ocurrir que este acuerdo sea la base para la derogación de las barreras técnicas del comercio argentino al mundo, con el dominio de normas estadounidenses como marco de referencia jurídico aplicable. Este es uno de los aspectos que mayor análisis merece, por aquello de las consecuencias mediatas que nunca se pueden perder de vista.
La atención del acuerdo está puesta principalmente en los sectores de agricultura, servicios y minerales críticos. Tiene todo el sentido estratégico, por cuanto los dos conceptos de mayor interés en el plano geopolítico son la seguridad alimentaria y la seguridad energética. Y justamente nuestros productos agrarios y mineros son centrales para el logro de esos objetivos. No está mal, siempre y cuando no caigamos en la trampa de convertirnos en una simple zona de sustitución de importaciones, en lugar de aseguramos el tránsito a una plataforma de valor exportable agregado. Sin eso, estamos condenados a repetir errores históricos tan inaceptables como indignos. Y algo más: que este acuerdo no limite nuestras opciones en el nuevo mapa geopolítico mundial, especialmente tomando en consideración dos alianzas centrales, el acuerdo con la Unión Europea y el Mercosur.
Con estos recaudos, este tipo de acuerdos puede sentar las bases para una integración inteligente de la Argentina al mundo. Justamente en tiempos de dislocaciones y reacomodamientos geopolíticos, en donde la política exterior inteligente puede sentar las bases para nuestro ansiado desarrollo.




