Boliches y violencia: atinada pena
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El 23 de enero pasado, a la salida del boliche Waterloo, en Chacras de Coria, Mendoza, dos jóvenes de 20 años golpearon a un conocido de ambos, quien cayó sobre el asfalto y quedó inconsciente.
La víctima fue internada en terapia intensiva en el Hospital Central y operada de urgencia de traumatismo de cráneo. Se le colocó un drenaje para desinflamar la zona afectada y comenzó su lenta evolución.
La causa fue investigada por la fiscal Andrea Lazo, quien imputó a los agresores por tentativa de homicidio simple. La prueba no fue dificultosa, pues un video había registrado totalmente la escena.
Las querellas, la defensa y el juzgado llegaron a un acuerdo en un juicio abreviado por el que el juez impuso una condena de tres años en suspenso a los agresores, quienes no tenían antecedentes penales. Dispuso, además, una prohibición de acercamiento a la víctima durante ese lapso, además de la obligación de someterse a tratamientos psiquiátricos y psicológicos relativos a violencia y adicciones.
Lo novedoso de la resolución es que el juez prohibió a los agresores ir a boliches o fiestas bailables durante los tres años de la condena.
Dado que es harto conocida la violencia que se ejerce en las puertas de muchos de estos lugares, que involucra a los asistentes, a los llamados patovicas y a aquellos a quienes se les impide el ingreso a los locales, la pena accesoria impuesta por el juez mendocino luce sumamente atinada.
Es posible y deseable que, si este tipo de sanción adicional se difunde, aún en casos de violencia que no alcancen la gravedad del que nos ocupa, tenga algún efecto disuasorio.
No será fácil ejercer el control, pero se deberá ser imaginativo y recurrir a modernos métodos de identificación que aseguren el cumplimiento de la sabia disposición.








