Golpismo en Alemania
MADRID.– La proliferación de grupos radicalizados y antidemocráticos en los entornos democráticos ha encontrado un justificado motivo de alarma en la reciente cadena de detenciones policiales en Alemania. Pese al aire de conspiradores de opereta, con títulos rimbombantes y documentos de identidad y pasaportes de un imperio imaginario, la policía y los servicios secretos alemanes han tratado a Reichsbürger (o Ciudadanos del Reich) como un grupo altamente peligroso. No tan solo por sus ideas antisemitas y sus abiertas simpatías por el nazismo, sino por sus planes golpistas, en los que se incluía el asesinato de políticos, el asalto a las instituciones democráticas y la abolición de la república para restaurar el imperio alemán abolido en 1918 y solo breve pero trágicamente restaurado por Adolf Hitler desde 1933 hasta 1945.
Entre los 25 dirigentes detenidos se encuentran el aristócrata que pretendía erigirse en el nuevo jefe del Estado, una jueza en ejercicio y exparlamentaria, exmilitares y distintos personajes de presunta respetabilidad burguesa. En el caso de Reichsbürger se trata de una organización que rechaza la legitimidad de la República Federal de Alemania, reivindica la vigencia de la Constitución de 1871 y pretende restaurar mediante un golpe de Estado violento las instituciones y la legalidad abolida.
No se trata de un pequeño grupo de inofensivos conspiradores, sino de una amplia red que puede abarcar a millares de personas y que ya ha protagonizado algunos incidentes, como un intento de asalto al Parlamento en agosto de 2020, al estilo de la embestida trumpista al Congreso, o un tiroteo en el que uno de sus miembros disparó contra cuatro policías y mató a uno de ellos. Sus simpatías por el régimen de Vladimir Putin se insertan en la larga tradición de afinidades entre el autoritarismo de la derecha alemana y el zarismo, y alertan una vez más a Alemania y al resto de Occidente sobre la fragilidad de la democracia, incluso en los países donde está más asentada.



