Implacable represión en Irán
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Irán atraviesa una de las crisis políticas y sociales más graves de las últimas décadas. Desde finales del pasado diciembre, el país vive protestas masivas y generalizadas que han sido reprimidas con una violencia extrema por parte del gobierno de Ali Khamenei, en un contexto de colapso económico, apagón informativo y creciente presión internacional. Las manifestaciones han sido las más intensas desde 2022, cuando la muerte de la joven Mahsa Amini, bajo custodia policial, provocó un levantamiento popular brutalmente reprimido.
El bloqueo del acceso a internet y comunicaciones impuesto por las autoridades el 8 del corriente mes ya había sido utilizado como estrategia en protestas anteriores con el objetivo de aislar a la población, rompiendo vínculos familiares dentro y fuera del país, dificultando la coordinación de las revueltas e impidiendo que trascendiera la magnitud real de lo que ocurría y sigue ocurriendo.
En los próximos días, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU celebrará una sesión de emergencia sobre Irán, para debatir sobre la “alarmante violencia” empleada contra los manifestantes. Un representante iraní dijo que las autoridades han verificado al menos 5000 muertes en las protestas.
El levantamiento popular se origina en circunstancias determinantes: el colapso económico de la nación islámica, acosada por una galopante pobreza, la devaluación de la moneda, la inflación crónica, el alto desempleo, la falta de oportunidades de progreso para los jóvenes y el desprecio absoluto por los derechos humanos, retratado en el intolerable hostigamiento que padecen las mujeres, rehenes de un anquilosado sistema de control religioso que las persigue y ataca, cuando no las mata.
Las primeras movilizaciones estallaron en el gran bazar de Teherán, cuando comerciantes denunciaron que ya no podían operar con una moneda que perdía valor hora tras hora. Rápidamente, el malestar se extendió a la población urbana y rural y, en pocos días, los reclamos se extendieron a todo el país. Las demandas de medidas económicas dieron paso a llamamientos abiertos contra el régimen, con lemas que cuestionaban directamente la República Islámica instaurada en 1979.
La descarnada respuesta del régimen teocrático queda registrada en las tan numerosas como dolorosas imágenes que circulan de víctimas inocentes, reflejo indubitable de un poder que asuela mediante el terror.


