Los modelos del Presidente

Alberto Fernández dijo que sueña con que nos parezcamos a Finlandia o Noruega, pero su alineamiento con el cristinismo lo acerca a Cuba o Venezuela
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24 de mayo de 2020  

Durante la campaña electoral, Alberto Fernández se declaró "liberal de izquierda" y fundador del "liberalismo progresista peronista". Afirmó que no quería parecerse a Cuba, sino a Finlandia y a Noruega, donde se educa a los chicos, se dan certezas a los adultos y seguridad a los más viejos. "Esto no lo hacen en Cuba; lo hacen en Noruega, lo hacen en Finlandia". Esos países son el sueño de todo progresista: una tercera posición que concilie valores igualitarios con prosperidad capitalista.

Desarrollo inclusivo, paridad de género, excelencia educativa, cobertura de salud, cuidado de la maternidad, defensa del ambiente, pobreza ínfima, poca criminalidad y ninguna corrupción. En las tablas de desarrollo humano, Noruega es primera. Y en el ranking de felicidad, el podio lo ocupa Finlandia.

Suecia y Dinamarca, con la pequeña Islandia, también integran el grupo de "países escandinavos", modelos clásicos de socialismo exitoso hasta los años 80 y que luego introdujeron profundas reformas "promercado" para aumentar la competitividad y sostener los aparatos distributivos que son su orgullo.

Noruega, Finlandia y Dinamarca son poco mayores que Uruguay, con algo más de 5 millones de habitantes cada uno, en tanto que Suecia tiene el doble. El PBI per cápita anual de los tres oscila entre 50.000 y 60.000 dólares. El de Noruega es superior, a pesar de haber sido el más pobre de todos. Asciende a 80.000 dólares por el descubrimiento de petróleo en los años 70 y cuenta con un fondo soberano que duplica el PBI de la Argentina. Es el único que no integra la Unión Europea y sus mayores empresas son estatales, pero cotizan en bolsa y operan en marcos competitivos.

Como comparación, el PBI per cápita de Uruguay es de 21.000 dólares y el de la Argentina, de 17.000. Todo ello antes de la crisis del año en curso y con un dólar de valor incierto, que podría reducir aún más esos números.

Lo esencial de los países escandinavos no es su modelo productivo, sino la argamasa de esas sociedades, bien distinta a las reglas de convivencia nuestras, que, con el tiempo, han configurado un país decadente. A pesar de que mantenemos virtudes personales y familiares que hacen de la Argentina un país tan creativo, amistoso y atractivo.

Y aquí es donde el antiguo sueño de Fernández se convertiría en pesadilla. ¿Cómo adaptar ese modelo a nuestro país? Al pensar en Noruega y Finlandia debería imaginar al líder camionero Hugo Moyano, al educador Roberto Baradel, al exvicepresidente Amado Boudou o al empresario Cristóbal López como pivotes de la transformación "a la escandinava".

Estos ejemplos, en todo caso, parecen acercarnos más al modelo venezolano, vástago continental del castrismo insular.

Las sociedades "vikingas" logran los más altos niveles de equidad e inclusión a partir de un sólido capital social, responsabilidad ciudadana, ética del trabajo y confianza recíproca. Las casas no se cierran con llave, la palabra tiene valor, la docencia es la profesión más respetada, hay comercios sin controles físicos y los contribuyentes pagan sus impuestos sin quejarse, porque el Estado devuelve lo que cobra.

No existen sindicalistas ricos, ni políticos corruptos, ni empresarios prebendarios, ni policías mafiosos, ni jueces "de la servilleta". No existen las barras bravas ni los punteros; no hay acampes ni redoblantes ni piqueteros. El Estado no está cooptado por militantes ni sus empresas son usadas para negocios con amigos. No se distorsiona la seguridad social para hacer proselitismo ni se otorgan pensiones o jubilaciones sin aportes, para ganar votos.

Los docentes no interrumpen la educación para reclamar aumentos ni abusan de licencias por causales falsas o banales. Los sindicatos no tienen "cajas" ni sus jerarcas reciben retornos de obras sociales ni contratan con empresas de familiares o testaferros. Tampoco hay monopolio de personería gremial ni industria del juicio "para transar", y el ausentismo patológico es desconocido. Los camioneros no paralizan el país, ni los portuarios, los puertos. Los taxistas, los motoqueros o los activistas sociales tampoco bloquean calles o avenidas para "peticionar" a las autoridades.

En materia de trabajo, han adoptado políticas de "flexiseguridad" como forma de alentar el empleo, combinando flexibilidad laboral con seguridad social. En ese sentido, dedican ingentes recursos para cubrir el desempleo y la reinserción laboral con programas serios de capacitación y ayuda en la búsqueda de oportunidades.

En los países nórdicos no hay barreras proteccionistas ni privilegios sectoriales. Son competitivos sobre la base de invertir en función de sus ventajas comparativas, tanto en recursos naturales como en industrias del conocimiento, resultado de una educación de excelencia. No existen rentas regulatorias y nadie se hace rico logrando un régimen especial ni disfrutando de un mercado cautivo. Tampoco con nichos exclusivos en suministros al Estado o con créditos blandos de la banca oficial. Las profesiones no tienen aranceles de orden público; no hay abogados millonarios por litigar contra ferrocarriles, ni contadores adinerados por regulaciones concursales, ni peritos "con la vaca atada" en connivencia con magistrados.

La carga impositiva sobre las empresas es muy baja: los municipios no crean tasas arbitrarias ni exigen habilitaciones innecesarias para extorsionar a comerciantes. Los empresarios no pagan retornos a los funcionarios ni estos tienen socios para cobrar por ellos. Los exportadores no subfacturan ni los importadores sobrefacturan para dejar fondos en el exterior. No existen las "licencias no automáticas" para hacer política con las importaciones. Las aduanas no tienen mafias internas para contrabandear contenedores. Tampoco hay armadurías de electrónicos en Hammerfest (Noruega) a pesar de ser la ciudad más ártica del mundo.

Por ser países pequeños, tienen pocas pymes, solo empresas de gran tamaño, capaces de competir en el mundo. No hay mayores controles por abuso de posiciones dominantes, ya que están expuestas al mercado internacional. Los nórdicos se destacan en el índice de libertad económica de la Heritage Foundation.

Al contrario de lo que suele imaginarse, los principales impuestos son "regresivos": IVA, impuestos al consumo y contribuciones sociales. El impuesto a las ganancias de las empresas (tasa de entre el 20-22%) solo aporta el 5% de los ingresos fiscales, mientras que las personas físicas aportan el 30%, pero reciben del Estado educación, salud, seguridad e infraestructura de calidad. El empleo es "en blanco y regular", sin miles de monotributistas o informales que evadan o no aporten.

Los países escandinavos tienen sistemas parlamentarios unicamerales. El más austero es Suecia, donde los 349 miembros del Riksdag no tienen inmunidad, carecen de asesores y en lugar de autos oficiales reciben una "tarjeta SUBE" para trasladarse. Cobran un salario neto que no llega al doble que el de un profesor de primaria. Tampoco tienen pasajes, ni desarraigo, ni extras, ni partidas para pensiones graciables. Mucho menos, "canjes" de ninguna especie. No integran "listas sábana" y desconocen la expresión "mandato cumplido": ningún exlegislador nórdico alardea de un cargo pretérito con la aclaración "M.C.".

En Noruega, el Parlamento (Storting) tiene solo 169 miembros y la austeridad es similar. Allí no hay jubilaciones de privilegio: los diputados que terminan sus funciones deben buscar trabajo. Si no lo encuentran, reciben la misma dieta durante un año y, si tampoco lo logran, se les paga durante otro año una suerte de "despido" equivalente al 66% del monto que cobraban. En Dinamarca, el Folketing unicameral tiene 179 miembros y la sobriedad es similar. Como ingreso adicional cobran un 50% más de gastos de representación. No tienen pasajes y se les provee alojamiento en Copenhague, si es necesario. Al terminar sus mandatos reciben una remuneración hasta por un año, como en Noruega, y se pueden jubilar a los 60 como exlegisladores. En Finlandia las características también son la frugalidad y la transparencia. El Edusgunta unicameral tiene 200 miembros. También perciben una dieta y gastos de representación. Los presidentes de comisiones tienen un ingreso suplementario.

En materia educativa, los países escandinavos son un modelo, con escuelas públicas y gratuitas, maestros y profesores de primer nivel, formados y bien pagados: los cinco tienen altos resultados en las evaluaciones de calidad educativa o PISA de la OCDE, sin brecha educativa por niveles de ingresos. En Suecia y Dinamarca existen escuelas privadas y quienes optan por ellas reciben del Estado un cheque escolar para abonar su costo. En Finlandia, las escuelas públicas son autónomas y se esmeran por ser exitosas, ya que los fondos estatales se canalizan a aquellas que logran atraer más cantidad de alumnos.

En materia de salud, todos los países nórdicos tienen cobertura gratuita y universal con servicios médicos de primera calidad, sostenidos con una elevada inversión pública. Pero todos tienen el sistema de copagos, para que la demanda se regule con algún esfuerzo propio. Y los medicamentos no son gratuitos: algunos tienen subsidio y los demás deben pagarse.

Luego de seis meses de gestión, no parece que Alberto Fernández continúe soñando con Finlandia y Noruega, pues su alineamiento con el cristinismo revela mayor simpatía por Cuba o Venezuela que por aquellos. En su campaña, el Presidente no equivocaba el rumbo: el camino a la Argentina de pie requiere un arduo esfuerzo de reconstrucción ética y afirmación de valores, y no relatos épicos para cooptar el Estado en provecho de pocos, aunque en nombre de todos y de todas.

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